Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Adorar a Cristo y caminar con los hermanos en la fe: las dos grandes enseñanzas de la Fiesta de Santo Tomás, apóstol.

Homilía stom013a, predicada en 20150703, con 16 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, nos apoyamos en unas palabras de San Agustín para destacar en esta fiesta del apóstol Tomás la providencia de Dios. Evidentemente, un acto de incredulidad es algo triste, pero la providencia de Dios se vale también de esas circunstancias decepcionantes, frustrantes o tristes para sacar grandes bienes.

Es importante que reconozcamos en estos acontecimientos cómo Dios va obrando de una manera muchas veces misteriosa. Dice también este gran Padre de la Iglesia, San Agustín: "Que para nosotros resulta de mayor provecho el momento de incredulidad de Tomás que la fe de todos los otros". ¿En qué sentido? En el sentido de que esa incredulidad del apóstol sirvió de ocasión para que él verificara con sus propias manos, la realidad del Resucitado. Y esa verificación, podríamos decir en primera persona, esa verificación prácticamente sensible, es testimonio irrefutable que sirve de cimiento muy sólido para nuestra fe.

Dicho de otra manera, la incredulidad, o mejor, la dificultad de creer en el caso de Tomás, es una gran demostración de que nuestra fe no se apoya simplemente en fábulas, sino se apoya en testigos que han tenido que vencerse a sí mismos para convencerse de algo que estaba más allá de sus fuerzas. Es decir, que el mismo que ha sido crucificado, ha resucitado. Así que la primera idea que quisiera que nos quedara en esta hermosa fiesta del apóstol Tomás es esa idea de la Providencia.

No nos desanimemos cuando encontremos que el mundo tiene dificultad para creer. No nos desanimemos. Si un pariente o amigo nuestro tiene dificultad para creer. No nos desanimemos si nosotros mismos nos sentimos tentados en la fe. Muchas veces en la providencia de Dios, a través de esas dificultades se abre camino la verdadera solidez, la que va a hacer de nosotros, como hizo de Tomás un verdadero testigo.

Primera idea para el día de hoy; la providencia de Dios preside nuestras vidas más allá incluso de lo que nosotros alcanzamos a ver, sobre todo cuando llegan tiempos de negación, tiempos de contradicción, tiempos de oscuridad. Tomemos un segundo pensamiento en esta fiesta de hoy.

Nos damos cuenta que en la primera ocasión están los apóstoles, es decir, lo que quedaba de los apóstoles. Judas se había suicidado. Tomás no estaba presente. Según eso debía ser diez el número de los apóstoles. Jesús se aparece y cuando estos le cuentan a Tomás que Cristo el Resucitado, se les ha aparecido. Tomás no cree. Vemos que Jesús, luego se le aparece a este apóstol junto con los demás. Pero lo que llama la atención es que para convencer a Tomás no era necesario que Cristo se apareciera estando todos reunidos, eso no era indispensable.

Vamos a poner esto con días de la semana, como la aparición sucede el día de la resurrección, es decir, el domingo. Eso significa que Cristo hubiera podido aparecerse solamente a Tomás el día lunes o el día martes; si se trataba de convencer a este apóstol, hubiera podido convencerlo apareciéndose cualquier día. Pero se vuelve a aparecer estando todos reunidos otra vez. Debemos entender que aquí hay una enseñanza de Cristo, y la manera más sencilla de describir esa enseñanza es: "El que se aparta de la comunidad, se aparta de la fe".

Cristo quiso manifestarse a Tomás cuando la comunidad estaba reunida. Cristo quiso manifestarse a Tomás en medio de la comunidad. ¡Es una gran enseñanza para nosotros! A veces creemos, sobre todo, si hemos tenido una cierta formación cristiana. Creemos que con un catecismo bien aprendido y con unas directrices morales más o menos claras en la mente, ya uno puede navegar solo por la vida. Lamentablemente, no es pequeño el número de los católicos que toman esta clase de decisión, es decir, se apartan de sus grupos, dejan sus comunidades a duras penas vuelven a aparecer por la misa y consideran: "yo tengo mis ideas claras". "A mí nadie me va a convencer de nada". "Yo sé como gobierno mi vida". "Yo no necesito de la comunidad". ¡Es un gran error!

Una de las enseñanzas que parece que podemos tomar de esta fiesta de Tomás es que Cristo quiere hacerse manifiesto. Cristo se muestra con todo su esplendor y también con toda su ternura y verdad en la comunidad. Es una gran lección, porque se paga muy caro apartarse de la comunidad. Al principio a uno le puede suceder lo mismo que le sucede a la rama recién separada del tronco. Cuando cortamos una rama no se marchita inmediatamente, sigue estando verde todavía. Las hojas se ven vitales. Si tenía flores, estas duran abiertas y hermosas por un tiempo generalmente breve, cuando ya empieza a decretarse la muerte de esa rama que se separó del tronco, ya es demasiado tarde, ya no hay nada que se pueda hacer. Así nos pasa a nosotros.

Cuando nos separamos de la comunidad, perdemos la savia vital, perdemos el alimento y aunque al principio parezca que todavía tenemos vida, es solamente lo que nos quedó de vida. En la historia de la Iglesia esto se puede ver con gran claridad. Yo creo que un caso notable en donde se nota muy bien, se observa muy bien el marchitarse de hojas y ramas. Es el caso del protestantismo. Los protestantes con Lutero a la cabeza pensaron: Si yo me llevo la Biblia y ahí está la predicación básica, si yo agarro mi Biblia y me voy, como decía Lutero: "mi Biblia y mi conciencia, con eso tengo". A mí no me van a convencer de otra manera. "Mi conciencia y mi Biblia. Con eso tengo".

Pero pasa el tiempo, nos vamos dando cuenta cuáles son los frutos que se producen una vez que se han separado de ese tronco principal y las consecuencias, evidentemente son desastrosas. Lo primero que sucede dentro del mismo protestantismo es que en vez de tener un papa, ahora tienen muchísimos papas, porque en realidad cada protestante es un papa, cada uno interpreta la Biblia y cada uno es autoridad máxima en lo que cree. Se ha introducido entonces un principio salvaje de división que genera la atomización de la fe y la dispersión de los creyentes.

Actualmente, en un país como Estados Unidos se cuentan por miles los grupos de denominaciones cristianas. Y dentro de todas esas denominaciones están también los que no pertenecen a ninguna denominación, y esa unidad ya no se puede recuperar. Los intentos de unificación entre los protestantes chocan con el principio que dio origen al protestantismo, porque resulta que ellos dicen que la Biblia se interpreta sola, que la Biblia es clara, que la Biblia es evidente.

Pero qué va a suceder cuando tú eres calvinista y consideras que la Biblia dice de manera evidente "una vez salvo, para siempre salvo", mientras que otro, por ejemplo, un luterano dice: "No es cierto, la salvación también puede perderse por infidelidad o ingratitud". Y el luterano se apoya en la Biblia y el calvinista se apoya en la Biblia. Y ambos dicen que la Biblia es la última autoridad. No hay nada que se pueda hacer ahí. Todo está perdido; la división es para siempre. Claro, eso al principio no se nota mucho. Al principio parece que igual que los católicos, los protestantes pueden hacer sus propias iglesias. Parece.

Pero pasa el tiempo y esa dispersión y ese debilitamiento termina llevando al grupo protestante a aferrarse a otro tipo de certezas. Algunos, por ejemplo, se han aferrado a la certeza de la prosperidad. "Sé que Dios está conmigo". Sé que Dios me ha bendecido porque tengo una casa muy grande, porque tengo una esposa muy bella, porque tengo un automóvil último modelo, porque el régimen de diezmos está dando su fruto. Pero ese régimen de la prosperidad lleva también a muchas traiciones, hacia la Palabra de Dios, incluyendo aquellos versículos que dicen: "El que no toma su cruz cada día y me sigue, no puede ser discípulo mío".

O los que hablan de la persecución que van a tener, que vamos a tener los creyentes. Otros, en cambio, como los anglicanos, se aferraron al Estado, pero el Estado empieza a cobrarles una factura muy costosa, una factura muy larga, y muy pesada. De modo que el anglicanismo ya se trate de los episcopalianos en Estados Unidos, o se trate de los anglicanos en Gran Bretaña o en otros sitios. Una vez que se aferran al Estado, tienen que seguir las costumbres y las leyes del Estado. De manera que es cosa de tiempo para que las costumbres de la sociedad se conviertan en leyes que aceptan los anglicanos. Valiente chiste separarse de Roma porque Roma es infiel a la Biblia para adherirse a un gobierno y empezar a cumplir lo que diga ese gobierno, incluyendo las enseñanzas heréticas y notablemente contrarias al Evangelio, como las que están sucediendo en nuestro tiempo.

Así encontramos en países como Dinamarca o como Estados Unidos que ya las iglesias episcopalianas han dicho: "No tenemos ningún problema en celebrar matrimonios del mismo sexo?. Ya, ahora sí que hemos entendido bien la Biblia. Y aquí bienvenidos todos los que quieran casarse de lo que sea, no importa cómo se quieran casar. Hermanos, es solamente un ejemplo, pero un ejemplo notable.

Cuando uno se separa de la comunidad, el que pierde es uno. Uno cree que puede tener un conjunto coherente de ideas en la cabeza y un conjunto de principios firmes en el corazón y que con eso puede navegar por la vida. Es un engaño. Necesitamos el contacto con la comunidad, necesitamos el contacto con el hermano, el roce que a veces nos talla. Como decíamos esta mañana, el roce con el hermano me recuerda la verdad del Evangelio, porque es que es muy fácil, hermanos, creerse uno virtuoso cuando no tiene contra qué o con quién encontrarse. Entiendo yo, que se atribuye al santo aquí recordado San Francisco de Asís, una frase que me ha servido mucho: "La paciencia que tienes en la adversidad, esa es la que tienes y nada más". Porque es muy fácil tener paciencia cuando nadie se mete con uno.

Yo por lo menos no sé si se los había dicho: "Yo soy la persona más paciente del mundo. Aquí como me ven, yo soy el más paciente del mundo. Mientras nadie se meta conmigo". Pero apenas la gente se mete conmigo. Entonces, tal vez se me acaba la paciencia. No solo soy la persona más paciente del mundo. Yo soy la persona más humilde del mundo. Ustedes lo habrán notado. Soy la persona más humilde. Mientras nadie me compare con otro, ahí, yo soy el más humilde.

Entonces, ¿qué es lo que me da la comunidad? ¿Qué es lo que me da el contacto con el hermano? ¿Qué es lo que me da? Me da el test definitivo para saber si soy o no soy cristiano. Lo sé en mi manera de amar al que Cristo tanto amó. Qué hermoso lo que nos dice la primera carta de San Juan. "El que ama, al que da el ser; ama al que ha nacido del que da el ser". Yo no puedo amar a mi amigo y odiar a los hijos de mi amigo. Yo no puedo hacer eso. El que ama al que da el ser, es decir Dios. Porque dice el Evangelio de Juan: "que nosotros los creyentes no hemos nacido de deseo de varón, ni del amor de la carne, ni de la sangre, sino que hemos nacido de Dios". Nosotros, que hemos nacido de Dios, pues tenemos nuestro origen en Él. Si yo amo al que da el ser, amo también al ser que ha nacido de Él, y eso significa amar al hermano. Por eso es indispensable la comunidad.

El hecho de que tú tengas un carisma, por ejemplo, el hecho de que tú tengas un servicio en la iglesia o cualquier otro caso, no te exime de eso. Tú puedes ser todo lo sacerdote que quieras. Si no eres capaz de tratar como hermanos a tus hermanos. Se te olvidó lo que era ser cristiano. Y este es un principio sumamente bello que el Papa Francisco sabe aplicar y por eso el Papa Francisco tiene un radar preciso para todo lo que sean esos privilegios y caprichos en los que a veces entramos los clérigos. "Si se te olvidó lo que es ser hermano, se te olvidó lo que es ser cristiano y no tienes ni idea de lo que es ser sacerdote". Si se te olvidó lo que es ser hermano, se te olvidó lo que es ser cristiano y entonces no eres teólogo. Se te llenó la cabeza de humo, hermano. Tienes una cantidad de ideas en la cabeza. Pero es que el Evangelio no es una cantidad de ideas, es una cantidad. Es un torrente de gracia que santificará tu inteligencia, ciertamente, pero que tiene que santificar todo tu ser, todo tu comportamiento.

El hecho de que tú tengas un precioso carisma, el hecho de que tú tengas dones maravillosos de predicación o de música, o de atraer multitudes, no cambia nada, si no eres capaz de ser hermano, se te perdió la comunidad. Y si se te perdió la comunidad, nos enseña la fiesta de Santo Tomás. Si se te perdió la comunidad, se te perdió Jesucristo. Así de sencillo.

Vamos a pedir al Señor entonces, al cierre de esta reflexión, que nosotros aprendamos, por supuesto, a amar a Cristo, a postrarnos ante Cristo como Tomás, para decirle: "¡Señor mío y Dios mío!". Eso hay que aprenderlo la adoración. Pero la adoración no me separa del amor al hermano concreto y real que tengo a mi lado, en ese amor al hermano real y concreto. Ahí está la verdad del Evangelio.

Que tengamos ese amor apasionado a Cristo y ese amor concreto y real a nuestros hermanos y sea ese el legado de la fiesta del Apóstol Santo Tomás. Amén.

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