Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El que se aparta de la comunidad creyente con facilidad pierde la posibilidad de experimentar al Señor vivo y resucitado.

Homilía stom008a, predicada en 20120703, con 4 min. y 54 seg.

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Transcripción:

El tres de julio celebramos la fiesta del apóstol Tomás. Siempre conviene recordar que este Tomás es distinto del otro santo Tomás, el de Aquino. El de hoy, tres de julio es Tomás, el apóstol, que por supuesto vivió en el siglo I. Santo Tomás de Aquino, en cambio, vivió en el siglo XIII. Tomás de Aquino fue fraile dominico de la comunidad de este servidor. Quien les habla. Pues, mis amigos, hay tanto que aprender en esta fiesta de Tomás.

El pasaje más conocido de la vida de él, es el que hemos escuchado en el Evangelio: Cristo resucita y el día mismo de su Pascua se aparece a los discípulos. No estaba Judas; Judas Iscariote no estaba. Había tomado ese camino oscuro de la desesperación y solo Dios sabe qué haya pasado con él. Entonces quedaban once. Pero tampoco estaba completo el número de los once. Había uno, precisamente el hombre que recordamos hoy. Tomás, que no se encontraba con los demás. Y Cristo se aparece en medio de esos diez discípulos. Cristo se aparece estando las puertas cerradas. Una demostración clara de su majestad, de su poder. Una muestra clara también de cómo el hecho de la resurrección es absolutamente incontenible, porque ya no hay barreras, ya no hay imperios, ya no hay amenazas, ya no hay poderes de esta tierra que puedan frenar la Buena Noticia del Resucitado, que puedan detener la maravillosa noticia de la Resurrección.

Pero Tomás no está ahí. Y de esto tenemos también que aprender algo. Tomás no está con los demás y por eso, precisamente por eso, se pierde esta experiencia, esta primerísima experiencia de amor, de gracia y de alegría en el encuentro con el Señor Resucitado. Yo creo que ahí tenemos algo importante que aprender: si vemos que Jesús se hace presente en medio de la comunidad, ahí hay una lección: lejos de la comunidad, separados, dispersos, nos perdemos de la experiencia; nos perdemos del encuentro con el Señor resucitado. Él habita en medio de su pueblo y su pueblo. Ese pueblo santificado por su sangre es la Iglesia ante todo. Es decir, yo no puedo separarme de la Iglesia sin perderme de la experiencia y de la fuerza de vida que me trae el Resucitado.

Pero ocho días después. Al domingo siguiente está Tomás junto con los discípulos. Y sabemos que Tomás tenía dificultades para creer. Yo creo que esta parte es demasiado significativa, porque nos está mostrando que Dios sabe tener paciencia, compasión, incluso ternura, con aquellos que tienen dificultades en la fe. Tener alguna duda, tener una dificultad, tener un obstáculo, no significa que todo esté perdido. Nuestro Dios es abundante en su compasión. Nuestro Dios es grande y compasivo. Él sabe entender eso.

Lo importante, como lo recordaba no hace mucho el Papa Benedicto, lo importante es que aquel que tenga dudas no se quede en sus dudas; aquel que tenga dudas no se declare simplemente en negación de todo lo demás que le cuentan los que sí han podido ver. Tomás, entonces, resulta alcanzado por el amor de Dios. Resulta sostenido. Resulta levantado por la misericordia, por la compasión de Cristo. Y esa experiencia de fe de él, nos lo cuenta San Agustín: no solamente le hizo bien a él, sino que al salvar a Tomás de su incredulidad, Jesús también dejó en el Evangelio y dejó para nosotros un testimonio precioso de lo que significa llegar a la fe.

Pidamos, por intercesión de Santo Tomás, que crezca en nosotros esta virtud teologal: La fe. La virtud de la fe, ya no está muy lejano el comienzo del año de la fe que propone el Papa Benedicto. El once de octubre empieza este año de la Fe. Vamos a pedir que crezca en nosotros esa respuesta de obediencia y de escucha a la Palabra de Dios, que es tan propia del creyente. Amén.

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