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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Actitudes correctas frente al maligno: reconocer que existe sin escandalizarse, no tomar parte en las obras de las tinieblas y sobre todo reconocer que solo hay Uno que es en verdad Bueno.
Homilía ssyj022a, predicada en 20251028, con 8 min. y 27 seg. 
Transcripción:
El 28 de octubre, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a 2 de los 12 apóstoles de Cristo, se trata de Simón y de Judas, por supuesto, aquel Judas al que llamamos Judas Tadeo. En cuanto a Judas Iscariote, lo dejamos simplemente en las manos de Dios y lo que Dios haya dispuesto de él. Pero aquí se trata de Judas Tadeo. Y hay una devoción, una devoción bastante bella y bastante extendida, sobre todo con Judas Tadeo. Yo quiero referirme a la carta de Judas, a la carta de San Judas Tadeo, que es un documento muy breve y que pertenece a nuestra Biblia.
Muy bien, concretamente hay una frase que siempre me impactó de la carta de Judas, es una frase que nos presenta a ese ángel tan amado, San Miguel, en el momento en el que reprende, o mejor, es que no sé qué palabra utilizar, en el momento en el que entrega a la justicia divina al espíritu del mal, es decir, a Satanás. Fíjate que la frase concreta es esta: «El demonio estaba disputando sobre el cuerpo de Moisés». De alguna manera, ya Moisés muerto, el demonio sabía que, a través de Moisés, y, concretamente, a través de ese cuerpo desgastado por el esfuerzo y por los años, Dios había hecho una obra preciosa, porque la ley de Moisés llena el Antiguo Testamento, es la gran luz para la conciencia de la humanidad. Y hay tantos elogios sobre la ley de Moisés, el que más me gusta es el que dice: «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma. El precepto del Señor es justo e instruye al ignorante».
Entonces, el demonio de alguna manera quiere tomar venganza sobre Moisés, que es una manera de descargar su odio contra aquel instrumento divino por el que recibimos la ley. Esa ley, repito que es la gran luz de la conciencia, no es toda nuestra salvación, porque bien dice San Agustín que la ley se nos dio para que suplicáramos la gracia. Y el Evangelio de Juan en el capítulo primero dice: «La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Cristo». O sea, la ley no es todo, pero la ley es un faro precioso que continuamente está despertando y aclarando nuestra conciencia.
Bueno, en esa escena que es tan supremamente extraña, casi podríamos decir exótica, en esa escena, pues el diablo está queriendo vengarse sobre el cuerpo de Moisés. Y entonces San Miguel, él le dice a ese, a ese ser perverso, le dice a Satanás: Que el Señor te reprenda, que el Señor te reprenda. Es decir, lo que hace es entregar al enemigo malo, entregarlo en el poder de la justicia de Dios. ¿Por qué estoy destacando esta frase? Porque esa es la manera correcta, la manera correcta de enfrentar la maldad. Y no es poco que la carta de Judas nos enseñe esto, la manera correcta de enfrentar la maldad. Es que frente a la maldad uno puede tener tres actitudes incorrectas y hay una que es correcta. Entonces, hay que saber cuáles son las incorrectas, obviamente para no caer en ellas y hay que saber cuál es la manera correcta.
Las actitudes incorrectas son estas, podemos llenarnos de pánico: Hay tanta maldad en el mundo, hay tantas cosas terribles. Detrás de ese pánico, hermanos queridos, estamos al borde de caer en la admiración frente al mal. Casi podríamos decir que nuestras actitudes de pánico son como alabanzas al poder del mal, no hay que caer en eso. Otra actitud incorrecta frente al mal es cuando nosotros simplemente nos dejamos llevar, lo que decía Santa Catalina de Siena, del río del mundo, nos dejamos llevar. Bueno, ahora todos los noviazgos son con fornicación, pues vamos a fornicar. Ahora el aborto está legalizado, pues vamos a abortar. Ahora la eutanasia quiere salir de mucho viejito inútil, pues vamos con la eutanasia. Dejarse llevar, eso tampoco es útil.
La tercera actitud perversa con respecto al mal es cuando empezamos a creernos nosotros los buenos. Acuérdate lo que hacía aquel fariseo frente al publicano, aquel fariseo que dice: Bueno, por lo menos yo soy bueno, por lo menos mi país es el bueno, por lo menos mi familia es la buena y la maldad está allá. Nosotros los buenos, todo lo malo allá. Eso es desconocer la obra del pecado original y eso es pecar gravemente contra la verdad y contra la caridad. Entonces, hay tres actitudes que son incorrectas con respecto al mal. Caer en pánico y en escándalo no sirve de nada, de nada. Dejarse llevar por el mal, por supuesto que no. Y creerse uno el bueno de una manera farisea, tampoco.
¿Cuál es la actitud correcta? La actitud correcta es la que nos muestra la carta de Judas. La actitud correcta es: Hay mal, hay maldad, lo reconozco, no me escandaliza, sé que eso es así. Hay mal, hay maldad, no seguiré ese camino, no voy a ser discípulo de las tinieblas, no sigo ese camino. Hay mal, hay maldad, hay uno que es bueno, el único realmente bueno, el que es bueno y fuente de toda bondad, que es Dios nuestro Señor. Entregar ese poder del mal a la fuerza de Dios. ¿Quiere decir esto que nosotros hemos de permanecer inactivos frente al mal? Claro que no, quiere decir que nuestra manera de obrar frente al mal no debe partir ni de resentimiento, ni de miedo, ni de arrogancia, sino solamente de buscar qué es lo que le da la mayor gloria a Dios.
Por eso el cristiano no está buscando de quién vengarse para tratar de parecer bueno, el cristiano tampoco está disimulando el mal y tampoco está diciendo, como lamentablemente dicen algunos sacerdotes: No, mira, eso no es pecado. No te preocupes, Dios te hizo así, sigue por ese camino, a Dios no le importan esas cosas. Eso es ser cómplice del mal. Nos está mostrando la carta de Judas qué es lo correcto. Lo correcto es reconocer que el mal existe sin escandalizarse. No tomar parte en las obras de las tinieblas, por supuesto que no, y sobre todo, reconocer que solo hay uno que es verdad bueno, en verdad bueno, y fuente de toda bondad, y obrar en Él y con Él y desde Él, como solo Él puede hacerlo. Es una enseñanza muy profunda y está como escondida ahí, en la carta de Judas, hoy quería compartírtela. Que Dios te guarde y te bendiga.

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