Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aprendamos de Judas la sabiduría y el discernimiento para no exponernos a riesgos que acaban mal y aprendamos de Simón la audacia para que nos importe la gloria de Dios.

Homilía ssyj020a, predicada en 20231028, con 8 min. y 14 seg.

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Transcripción:

El 28 de octubre nuestra Iglesia Católica recuerda a los santos Simón y Judas Tadeo, son dos apóstoles de los que sabemos comparativamente poco, aunque en la Biblia, que esto no se nos olvide, hay un pequeño libro, uno de los más pequeños que se llama la Carta de Judas, y esa carta es de este apóstol, Carta de Judas Tadeo. Recordemos que entre los apóstoles había dos Judas, Judas Iscariote que tristemente traicionó, y Judas Tadeo, que es el que recordamos hoy junto con el apóstol Simón. Este Simón es caracterizado en el grupo de los apóstoles como Simón el Zelota o Simón el celoso. ¿Celoso en qué sentido? Celoso en el sentido de aquella persona que tiene celo por la casa de Dios.

¿Qué podemos aprender de estos dos apóstoles? Vamos a tratar con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a tratar de sacar una enseñanza de cada uno. Vamos a tratar de aprender del celo, es decir, del amor a la gloria de Dios en el apóstol Simón. Y vamos a tratar de sacar una enseñanza de lo que nos muestra Judas, Judas Tadeo en su carta.

Sobre el celo de la gloria de Dios, solo creo que debo decir una cosa, y es que ese amor es capaz de hacer santos, es un amor que santifica. El celo por la gloria de Dios lo puedes encontrar fácil y perfectamente en un hombre como San Ignacio de Loyola: «Ad maiorem Dei gloriam». Este es el lema de la Compañía de Jesús. Y buscar la mayor gloria de Dios ¿que quiere decir? Quiere decir que quiero que Dios sea más conocido, que Dios sea más amado, que Dios sea más obedecido, este es el celo por la gloria de Dios.

La palabra celoso es una palabra que tiene una connotación negativa en el español actual, porque decir que una persona es celosa, pues eso casi siempre se refiere a lo que llamamos celos enfermizos. Y los celos enfermizos que, por ejemplo, puede tener un hombre con respecto a su esposa, pues son esas actitudes absolutamente patológicas de la persona que, por ejemplo, si ve a la esposa hablando con alguien: Ah, ya tienes algo con ese. Y si la esposa, por ejemplo, va a una reunión social: Entonces ¿por qué te estaba mirando tal persona?

En el fondo, los celos enfermizos son una expresión de inseguridad. Y esto no lo digo yo, esto lo dicen muchos psicólogos. Los celos enfermizos suelen estar vinculados con una baja, con una pésima autoestima que produce una gran inseguridad y que hace que la persona sienta que ese amor, por ejemplo, el amor de esa mujer, ese amor no está firme: En cualquier momento me va a traicionar, en cualquier momento me va a dar la espalda, en cualquier momento me va a dejar, porque yo en el fondo presiento que yo no valgo casi nada, esos son los celos enfermizos.

Pero Simón, el apóstol Simón, nos muestra cuáles son los celos según Dios, y los celos según Dios son el fruto de un amor que hace que lo de Dios me importa, me importa lo que pase con Dios, me importa lo que sé, la manera como se ofende el nombre de Dios, me importa, me duele cuando el amor no es amado. Cuando, por ejemplo, San Francisco de Asís sufre, llora, se tortura su corazón pensando: El amor no es amado. Esos son celos de los buenos, ese celo significa un amor elevado al que le importa el amado, al que le importa la manera como se trata al amado, en este caso, a Cristo Jesús, en este caso la gloria misma de Dios. Ese es el celo, ese es el celo bueno. Y tenemos, hay que pedirle al apóstol Simón que nos transmita de ese celo bueno, que nos importe lo de Dios, que no seamos indiferentes.

Hay muchas ofensas públicas en contra de la Eucaristía, en contra de la Cruz, en contra de la Virgen, en contra del Papa. Tiene que dolernos, por ejemplo, cuando una persona insulta al Papa, que el Papa tendrá defectos, que tiene pecados, pues yo tengo defectos, tengo pecados y tú también, pero esa no es razón para que ofendamos al sucesor de Pedro. Y yo personalmente tengo una política de cero tolerancia, cuando las personas empiezan con que Bergoglio, porque no dicen ni siquiera Papa Francisco. Pues a mí me duele, a mí me duele y a mí me importa y me duele y me importa lo que le suceda a la Eucaristía, lo que le suceda a los sacramentos, lo que le suceda al Papa, lo que le suceda a la Iglesia. Ese es el celo que tiene que traer a nuestras vidas Simón.

De Judas, de la carta de Judas, quiero destacar la manera como nos advierte que sepamos cuidar el tesoro que tenemos, que no expongamos ese tesoro a cualquier peligro, pensando que vamos a salir airosos de cualquier desafío, por favor, mide tus fuerzas. Hace poco me decía un sacerdote formador en un seminario, me decía un sacerdote que uno de los problemas que están sucediendo con los seminaristas y con los sacerdotes, dice él, es que no miden los riesgos. Son como ingenuos frente a las tentaciones de la fama o del dinero, o de los afectos humanos. Y, precisamente, la carta de Judas, entre los varios mensajes que tiene, con ser como es, un documento tan breve, la carta de Judas nos enseña, eso nos enseña: Mira, tú no puedes exponerte a cualquier riesgo. Tienes que tener cuidado, tienes que ser respetuoso y cuidadoso de qué es lo que tú asumes. Cuida el tesoro, tú no puedes exponerte a cualquier peligro.

Claro, es un balance difícil, porque si pretendemos protegernos de todo, nos metemos en una burbuja absoluta. Pero si nos exponemos a todo, perdemos el tesoro que Dios nos ha dado, o sea que se impone una gran humildad y un gran discernimiento y un educar muy claramente la conciencia y, sobre todo, un conocernos muy bien ante Dios. En esta línea nos pone el Apóstol San Judas, San Judas Tadeo. Algunas personas solo saben de Judas Tadeo que hay que pedirle cosas imposibles. No está mal que pidamos la intercesión de este apóstol, pero pido que aprendamos de Judas Tadeo, la sabiduría y el discernimiento para no exponernos a riesgos que acaban mal y aprendamos de Simón la audacia para que nos importe la gloria de Dios.

Fíjate, así como se complementan estos dos. Simón, el apóstol, nos invita a la audacia. Judas, el apóstol nos invita a la prudencia y el discernimiento. Al celebrar juntos a Simón y a Judas estamos buscando audacia y a la vez discernimiento, audacia y a la vez prudencia. Eso es vida cristiana y ese es mi deseo para ti en este hermoso día.

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