Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Simón, el Celoso por la gloria de Dios, recibió del Señor la gracia de quedar casi completamente oculto a los ojos del mundo.

Homilía ssyj017a, predicada en 20201028, con 15 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Hermanos, tenemos hoy la fiesta de dos apóstoles. De uno de ellos sabemos un poquito más que del otro, porque uno, como ya comenté al principio de la Eucaristía, es Judas Tadeo. Y sabemos por tradición, que la carta de San Judas, la que está en la Biblia, es de este apóstol. En cambio, el otro apóstol llamado Simón, es uno del que prácticamente no sabemos nada. Hay alguna frase de él en los Evangelios y además se menciona siempre en la lista de los apóstoles. De modo que no tenemos duda de que se trata de un hombre escogido por Dios, ya esto significa mucho.

Pero permítanme que utilice esta expresión hoy estamos recordando al apóstol del que menos se sabe, Simón, llamado el Zelote y este apodo el Zelote, otra traducción dice Zelota escrito con Z, otra traducción dice celoso, siempre alude a la misma idea. Efectivamente, en el tiempo de Cristo había una especie de guerrilla contra los romanos, y los de esa guerrilla se llamaban los celosos. ¿Celoso en qué sentido? Celosos de la gloria de Dios, o así lo interpretaban ellos. Estos zelotas tenían estrategias de ataque repentino, sorpresivo contra las legiones romanas.

Para que te hagas una idea, si iba un grupo, un pequeño pelotón de soldados romanos por algún camino de Galilea, estos zelotas organizaban emboscadas, se ponían en un lugar estratégico donde obviamente no fueran vistos y cuando venían los soldados romanos caían dura y certeramente contra ellos, usualmente utilizaban unas especies de dagas para degollar al mayor número de estos soldados y antes de que los soldados pudieran reaccionar, estos guerrilleros se dispersaban nuevamente por las montañas, por ejemplo, repito, de Galilea, de manera que desmoralizaban al ejército romano y le causaban algún número de bajas.

No siempre esta estrategia funcionaba, en ocasiones, algunos de ellos eran, es decir de los zelotas, algunos de ellos eran atrapados y por supuesto, los romanos se encargaban de dar la peor de las muertes a los que pudieran atrapar, por ejemplo, crucificándolos. Recordemos que la cruz era el peor de los escarnios y la forma más cruel de pena de muerte que practicaban los judíos, que practicaban los romanos. Entonces, estos zelotas eran personas que estaban arriesgando su vida porque sabían que, si salía bien, si les funcionaba uno de estos ataques, entonces estaban debilitando al ejército invasor, estaban debilitando al imperio pagano, estaban debilitando a aquellos que portaban el águila imperial.

Usted recuerda que las legiones romanas siempre llevaban delante un estandarte que mostraba un águila, señal de la capacidad de impacto y de imperio que tenían los romanos. Se sabe que el águila es como una especie de reina entre las aves y que tiene una capacidad y una fuerza increíble para atacar a todo tipo de animales. Si quiere más información al respecto, mire por ejemplo en YouTube donde se muestran ataques de águilas. Es una cosa impresionante, un águila de estas es capaz, por ejemplo, de agarrar a un pequeño cervatillo y lo levanta por el aire y se lo lleva, es una cosa impresionante, eso es lo que hacen las águilas. Entonces, los romanos utilizaban el águila imperial como señal de su propio poderío y como señal de que no se iban a rendir frente a nadie.

Esa águila imperial era especialmente detestable para los judíos. En primer lugar, porque es una muestra de opresión y, en segundo lugar, porque es un signo pagano. Los judíos que detestaban las imágenes tenían que ver esa imagen pasearse por sus caminos, como una doble humillación. Humillación política de los romanos que decían: Aquí estamos y aquí nos quedamos. Y humillación, sobre todo religiosa, que estaba diciendo: Nuestros dioses son más poderosos que cualquier cosa en la que ustedes crean. Bueno, esos eran los zelotas.

Pero hay que decir otra cosa sobre los zelotas, que es muy importante, porque por lo menos para mí, es lo que me lleva a tener como una relación particular, una relación particular con este apóstol Simón, del que, repito, casi no se sabe nada. ¿De dónde vino su inspiración a los zelotas? Si usted mira la historia del pueblo judío, devolviéndose un poquito en el tiempo, a partir de la época de Cristo, usted se encuentra que hacia el siglo II antes de Cristo, hubo una revuelta contra un imperio distinto en la época de Cristo, el imperio que tenía invadidos a los judíos era el Imperio romano. Pero unos dos siglos, tres siglos antes, el imperio que tenía invadidos a los judíos era otro imperio llamado el imperio Helenístico. Esa palabra, helenístico, viene de Hélade, escrito con H, que es el nombre que los griegos se daban a sí mismos. La Hélade, repito, escrita con H, quiere decir el conjunto de ciudades-estados, podríamos decir la liga griega. Y el imperio helenístico había puesto firmemente su presencia y su humillación sobre la tierra de los judíos.

¿Qué pasó? Pues que en aquella época, repito siglo II antes de Cristo, surgió una especie de guerrilla que luego sirvió de inspiración a los zelotes. De esa guerrilla nos habla la Biblia, esa es la famosa guerrilla de los Macabeos. Entonces ahí aparece Matatías, ahí aparece Judas y ahí aparece sobre todo un Simón, Simón Macabeo. Es muy importante este Simón Macabeo. ¿Por qué? Porque al contrario de lo que sucedió con los zelotas del tiempo de Cristo, los Macabeos sí lograron su propósito, lograron desmoralizar y lograron debilitar y lograron expulsar al Imperio helenístico. De manera que Simón Macabeo, según se cuenta especialmente en el segundo libro de los Macabeos, lo tienes en la Biblia. Simón Macabeo, ojo con el nombre Simón, Simón Macabeo fue un jefe que logró bastante, pero bastante estabilidad, casi, casi logró recuperar la independencia de los judíos.

Debo poner la palabra casi, porque aquí viene una de las grandes ironías de la historia. Resulta que, en la expulsión del Imperio helenístico, los judíos del tiempo de los Macabeos, incluyendo Simón Macabeo, hicieron alianza con poderes extranjeros. Y usted me puede adivinar con qué poder extranjero hicieron alianza los Macabeos, con los romanos. Resulta que, en la época de Simón Macabeo, estos guerrilleros que habían logrado una cierta independencia, tenían conciencia de que no poseían la suficiente fuerza militar como para conservar esa independencia frente a nuevos ataques de los griegos. Pero como en aquella época fue, precisamente, cuando los romanos atacaron a los griegos, lo que quedaba, pues, del gran imperio griego, el gran Imperio helenístico, como los romanos vencieron a los griegos.

Pues entonces, Simón Macabeo mandó cartas al Senado romano diciéndoles: Mire, aquí estamos, queremos tener la mejor relación con ustedes, recuerden que nosotros hemos sido aliados y según cuenta el segundo libro de los Macabeos, pues fueron capaces de hacer alianza con los romanos, hicieron alianza con los romanos. Pero ya ves la ironía de la vida, luego los romanos, pues, se impusieron de la misma manera que se había impuesto el imperio helenístico.

Bueno, ¿estos datos históricos a dónde van? Estos datos históricos van a que Simón Macabeo fue el líder que logró perfeccionar, que logró llevar como a su cumbre, la revolución guerrillera del siglo segundo antes de Cristo. Inspirado por Simón Macabeo, Simón el Zelote, es decir, el santo que estamos recordando hoy, tuvo durante su vida ese deseo de darle también una patada brutal a los romanos, sacarlos del territorio y lograr la independencia, que era, por supuesto, el gran anhelo de ellos. Ese personaje quería indudablemente arrojar al Imperio romano y quería ser un nuevo Simón. Así como Simón Macabeo había logrado, después de muchísima sangre y muchísimo dolor, había logrado expulsar al imperio Helenístico, este otro, Simón Zelota, el apóstol de Cristo, quiso en su juventud arrojar al Imperio romano y cubrirse de gloria.

Y lo que me parece tan bello, entre tantas ironías que tiene esta historia, es que este Simón que seguramente buscaba ser como un segundo Simón, como lo había sido Simón Macabeo, fue llamado por Cristo al ocultamiento y a la humildad más grande, esa fue la vida de Simón el apóstol. Él, en su juventud, según podemos suponer, con toda probabilidad, él en su juventud quiso ser un segundo Simón, ser como Simón Macabeo. Pero Cristo lo llamó a ser apóstol, que no es poca cosa, es grandioso, pero lo llamó a ser el apóstol más oculto, el apóstol más humilde.

¿Qué lecciones nos quedan a nosotros? Primera, que las grandes victorias, las grandes y verdaderas victorias no se logran con las armas, no se logran principalmente con las armas. Alguna vez será necesario luchar, por eso la Iglesia Católica tiene toda una teología de lo que es la guerra justa, que básicamente consiste en ejercer el derecho de defensa propia. Alguna vez será necesario utilizar las armas, pero lo que logró Simón Macabeo no fue verdadera independencia, lo que logró fue abrir la puerta a los romanos que después, en tiempo de Cristo, hicieron lo que sabemos que hicieron. Entonces, lo primero es que entendamos que cambiar las cosas por la pura imposición de la fuerza, o peor, por la pura imposición de la violencia, no es cambiar nada. El que cree tener poder porque tiene fuerza de armas, porque tiene fuerza de dinero, porque tiene fuerza de los poderes de este mundo, se está engañando, esa es la primera lección. Lo cual significa que el verdadero poder es otro.

Y eso es lo que nos va a recordar la fiesta de Cristo Rey, a la cual nos vamos acercando cada vez más, la fiesta de Cristo Rey nos va a enseñar cuál es el verdadero poder de Cristo. No es finalmente poder de imperios, no es finalmente poder de armas, no es finalmente poderes de este mundo. «Mi Reino no es de este mundo», dice Cristo. El verdadero poder, el de Cristo, es la capacidad de conquistar corazones, es la capacidad de dar libertad interior a las personas, es la capacidad de colmarlos de gracia y de amor, para que nosotros, de un modo libre, adhiramos a Cristo, nos apeguemos a Él. Ese es el verdadero poder, esa es la verdadera evangelización, eso es lo que sí cambia el mundo, que nosotros tengamos esa capacidad de conquistar corazones. Lo que se logra a base de gritos, a base de violencia, a base de fuerza, es puro espejismo, como le pasó a Simón Macabeo. Y amo su memoria, pero las cosas son como son, es puro espejismo lo que se logra a base de esa pura fuerza y pura violencia, es la primera lección.

Y la segunda, un apóstol absolutamente humilde. No hay ninguna carta que sea la carta del apóstol San Simón, no tenemos recuerdo de su final ni de su martirio en la Sagrada Escritura. A duras penas se le menciona otra vez. El único, el único tema que nos propone Simón el Zelota, es el de un corazón que anhelaba la gloria de Dios, pero también su propia gloria, y que, al ser llamado por Cristo, renunció por completo a su gloria, llevó una vida de ocultamiento y todo lo que hizo quedó como secreto de amor entre él y el Padre Celestial. Qué tal que Dios nos llame a nosotros también a eso, a una vida de sencillez, a una vida que es gloriosa porque le da la gloria a Dios, pero es una vida de ocultamiento, es una vida de discreción, es una vida modesta.

Ahora que el mundo tantas veces se exalta a los que son visibles, influyentes, los influencers, los youtubers, qué hermoso encontrarnos con un apóstol que después de haber anhelado, según parece, tanto de la gloria de este mundo, a todo renunció y su vida quedó en el secreto de Dios, como decía Jesús: «Y el que tenga oídos para oír, que oiga». Y que este mensaje se haga realidad en cada uno de nosotros. Amén.

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