Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El demonio quiere que el futuro sea solamente una repetición o prolongación del pasado; el cristiano descubre que existe el HOY en que pueda abrir la puerta de la fe para que Dios escriba palabras nuevas en nuestras vidas. El demonio luego quiere que todo lo que nos rodea se vuelva norma que gobierna nuestro mundo interior, de modo que seamos simplemente el resultado de las circunstancias; el cristiano descubre que es necesario un "filtro," que Catalina de Siena llama "discreción" y Santo Tomás llama "sindéresis," con el que es posible apreciar el tesoro que uno lleva dentro y tener genuino dominio de sí mismo. El demonio quiere, por último, que todos nuestros deseos se conviertan en necesidades, de modo que pasemos del impulso a la realización y seamos al final esclavos de nuestras pasiones; el cristiano sabe no todo lo que desea es en verdad necesario, y sobre todo sabe que los mejores deseos no son siempre los que broten en mí porque hay Alguien, Dios, que me conoce mejor y me ama mejor de lo que yo mismo pueda llegar a amarme. Victorioso así sobre el demonio, el cristiano experimenta la fuerza de la libertad que sólo Jesucristo puede dar.

Homilía ssyj012a, predicada en 20161028, con 46 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Con frecuencia, mis hermanos, cuando la liturgia nos presenta un texto de la Carta a los Efesios, viene a mi memoria el recuerdo de las circunstancias en las que San Pablo escribió. Esta carta, la carta llamada a los Efesios, la escribió Pablo en condiciones muy duras, él se encontraba preso. Junto con la carta a los Colosenses, la carta a Filemón y tal vez algún otro documento, que se me escapa ahora, estas cartas, Filipenses, estas cartas son conocidas como cartas de la cautividad porque estaba preso San Pablo.

Entonces, lo primero que me llama la atención es este hombre en esa condición humillada de marginación, de burla, de desprecio, de dolor, de indigencia, que, sin embargo, desde su prisión oscura, llena de luz a tantas personas, desde las limitaciones que tiene su cuerpo encadenado y encarcelado, él dilata su corazón sin límites y por eso también proclama, casi diríamos con orgullo, la Palabra de Dios no está encadenada. La grandeza de estas cartas también tiene que ver con esa especie de obligatorio retiro al que fue sometido Pablo por la condición de prisionero. Uno puede convertir una prisión en un lugar de maldición o uno puede convertir la prisión en un lugar de bendición.

Sabemos que el lugar donde dio la máxima muestra de caridad el sacerdote Maximiliano María Kolbe, fue en la peor de las prisiones del campo de concentración de Auschwitz. Sabemos que, en tiempos recientes, un cardenal vietnamita, hecho cardenal por Juan Pablo II, cardenal Van Thuan, pasó muchísimos años en prisión. Recientemente el Papa Francisco ha declarado su decisión de crear cardenal a un sacerdote albanés, pasó cerca de 30 años en prisión por el solo hecho de ser sacerdote. Pero este padre, lo mismo que el cardenal Van Thuan, lo mismo que San Pablo, lo mismo que Maximiliano María, tomaron ese tiempo de tribulación como un tiempo de unión muy estrecha con Cristo y también como un tiempo santo de reflexión.

En nuestra Iglesia Católica, un santo místico que estuvo prisionero fue San Juan de la Cruz, con el agravante de que Juan de la Cruz fue encerrado en prisión por la misma Iglesia Católica y por la complicidad y la envidia de algunos de sus hermanos de comunidad. Pero lo hermoso es que Juan de la Cruz no se enreda, y este es el primer punto de mi predicación hoy. Escuche esta frase, frente a tanta miseria, por no decir bellaquería, por no decir asco que produce el mundo, uno puede o enredarse en la porquería del mundo y empujarse uno, o uno puede tomar la decisión de un Maximiliano María, de un San Pablo, de un Van Thuan, de un Juan de la Cruz y estar por encima de las circunstancias. Eso fue lo grandioso, por ejemplo, de Juan de la Cruz. Juan de la Cruz escribe algunas de sus más sublimes poesías mientras se encuentra en ese lugar inmundo.

Pero es que Cristo ha dicho: No es lo que viene de fuera, lo que hace impuro al hombre. La cárcel puede ser inmunda, el campo de concentración puede ser inmundo, pero no va a ser lo de fuera lo que marque lo que hay en mi corazón. Permanecer con el corazón libre, aunque el cuerpo esté prisionero. Permanecer con el corazón puro, aunque todo apeste en torno. Permanecer con el corazón humilde en medio de arrogantes. Permanecer con el corazón sencillo en medio de tantos odios. ¿Dónde han aprendido todos estos prisioneros esa ciencia sublime de permanecer libre más allá de las circunstancias, es decir, dónde han aprendido a no dejarse encadenar por las circunstancias, dónde lo aprendieron? Lo aprendieron en el lugar donde estuvo prisionero Jesús, porque la prisión más estrecha, la que más limita, es precisamente la Cruz, no deja ni mover ni las manos ni los pies.

Y el gran intento del demonio cuando Cristo estaba en la cruz, el gran ataque del demonio y la razón por la que el demonio, a baldados, por no decir, con olas gigantescas, con sunamis de odio, pretendía anegar el corazón de Cristo, es porque el demonio sabía que el verdadero triunfo no es despedazar un cuerpo, el verdadero triunfo del demonio es adueñarse del corazón. Y eso es lo que quería el demonio, adueñarse del corazón. Pero resulta que Cristo, mientras estaba en la cruz, no cesaba de orar. Resulta que Cristo, teniendo todo su cuerpo en la prisión más estrecha, dolorosa, repugnante e injusta, tenía el corazón libre porque estaba orando. Es decir, la oración de Cristo es el principio de su libertad. La oración de Cristo es el secreto de Maximiliano María Kolbe, la oración es el secreto del cardenal Van Thuan, la oración el secreto de todos los que he mencionado.

Además, resulta que cuando metieron a Pablo en esa prisión, él estuvo varias veces encarcelado. Cuando lo metieron en esa prisión, pues él aprovechó el tiempo, aprovechó el tiempo haciendo teología, no leyendo exactamente teología. A él le tocó más duro, a él le tocaba hacerla o le tocaba leerla en el corazón de Jesús, leerla en las intuiciones y en las luces que le daba el Espíritu. De manera que si usted, por ejemplo, le gusta, gusta de la teología, usted puede comparar las reflexiones de San Pablo en otros documentos y lo propio a las cartas de la cautividad. Usted se dará cuenta que cuando se llega a las cartas de la cautividad, la cristología de San Pablo se vuelve un cohete que se levanta sin límite.

Cristo lo llena todo, Él es el principio. Él es el primogénito de entre los muertos. Él es la imagen visible del Dios invisible. Él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. Es decir, Cristo adquiere dimensiones gigantescas en el corazón de San Pablo, en la pluma de San Pablo, en la voz de San Pablo. De manera que, en ese obligatorio descanso de la prisión, en ese obligatorio descanso de la cárcel, en ese receso, la mente de Pablo se levanta a la contemplación del misterio de Cristo, la relación de Cristo con el cosmos, la relación de Cristo con el universo entero, la relación de Cristo con el pueblo judío y con los paganos, la relación de Cristo con los sacramentos, con los apóstoles, con la Iglesia y esto es maravilloso.

Cuando el demonio atacó y atacó a Cristo en la Cruz, como consta por los Evangelios, cuando el demonio atacó y atacó a Cristo, por supuesto quería derrotarlo. Pero bien sabemos que en esa cruz Cristo venció y de qué manera, todas las argucias, todas las trampas, todo el ejército del infierno fue derrotado allí. O sea que le salió mal al demonio. Lo mismo sucede con Pablo. Pablo fue encarcelado por obra de sus adversarios, especialmente algunos de tendencia judía o judaizante, y estos querían definitivamente asfixiarlo, desanimarlo, neutralizarlo. Pero nunca, nunca antes de su muerte, nunca Pablo llegó a crecer tanto en su espiritualidad, en su teología y en su unión con Cristo como cuando estuvo en esa cárcel. Entonces, la primera lección que quisiera que tomáramos hoy es esa, no seas un juguete de las circunstancias, no seas un juguete de las circunstancias.

Y las circunstancias ¿cuáles son? El pasado del que vienes, que vengo de una familia disfuncional, que vengo de una clase social resentida, que vengo de problemas financieros espantosos, que vengo de experiencias afectivas humillantes, que vengo de un pasado sexual que me avergüenza, que vengo del ateísmo, que vengo del paganismo. Hoy el Señor te dice: Tú no eres tu pasado. No son las circunstancias de tu pasado las que tienen que escribir tu futuro. Resulta que entre todo eso, entre toda esa masa, que llamamos tu pasado, y toda esa incógnita, que llamamos tu futuro, hay una línea preciosa que se llama tu presente. Y si en ese presente tú dices con tus labios que Jesús es el Señor, y si tú crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, tú le estás dando permiso a Dios para que tome la pluma y para que escriba algo nuevo en tu historia.

Eso es exactamente lo que han hecho todos estos santos. Ellos, desde un presente nuevo, le han dado permiso a Dios para que escriba un futuro diferente, un futuro inédito. No estás condenado a tu pasado, pero tengo más que decirte, tampoco estás condenado al ambiente en el que vives. No estás condenado al ambiente. Te invito, invito a todos, pero muy especialmente a los jóvenes, a mis amados jóvenes, te invito a que te des el lujo, el lujo de no ser una continuación de tu ambiente. Tú no tienes que ser una continuación de tu ambiente. Dijimos, entre el pasado y el futuro hay una línea que se llama el presente, y en el presente tú le das un sí a Dios y Dios toma la pluma y empieza a escribir algo nuevo, eso entre el pasado y el futuro.

Apliquemos el mismo razonamiento con respecto al exterior y el interior. El exterior son las circunstancias, tú conoces las circunstancias que se viven, dentro de las circunstancias que se viven hay dictados, hay dogmas, hay imposiciones, hay estereotipos que se supone que se tienen que repetir, de manera tal que el mundo, esa es otra manera de hablar de las circunstancias, de manera que el mundo tiene un modelo de lo que significa ser novia, ser novio, ser amigo, ser amiga, ser joven. Date el lujo de ser distinto de las circunstancias. Date el lujo de decirle a las circunstancias: Hasta aquí llegará la arrogancia de tus olas, esa frase proviene del libro de Job.

Para los judíos, las aguas, sobre todo las aguas del mar, eran imparables y así lo hemos visto, por ejemplo, en los tsunamis y en versión más pequeña lo vi uno, por ejemplo, en los famosos arroyos. Los que tenemos familia de Barranquilla sabemos lo que es un arroyo. Ayer estaba viendo un arroyo, una lluvia tremenda que hubo en Barranquilla y lo mismo que siempre, se lleva las motocicletas, los carros, los buses, lo que sea. Entonces, para los judíos el agua es lo que no se detiene, es lo que nadie puede parar. Dios, según el libro de Job, le dice a las aguas: Hasta aquí llegará la arrogancia de tus olas. Aquí se acaba tu arrogancia. Dios es el que le pone un límite al mar.

Entonces, yo invito a todos, pero especialmente invito a los jóvenes que están aquí, a que pongan, a que pongan un límite a esa arrogancia. Yo soy hombre, yo soy joven, lo normal es que yo sea lujurioso, es normal. Tengo mi novia, lo normal es tener sexo, harto sexo con mi novia, porque eso es lo normal, soy un hombre, soy bien hormonado. Señor, usted no se ha dado cuenta de que el tsunami se le entró. Usted no se ha dado cuenta de que el tsunami se le entró. En el momento en el que usted empieza a frenar el tsunami, usted empieza a darse cuenta también de que una cosa es ser hombre y otra cosa es tener complejo de macho alfa, son dos cosas distintas.

Usted no tiene que demostrar su masculinidad de esa manera. Ser hombre es otra cosa y la demostración es muy sencilla. Toda esa libido, toda esa, toda esa lujuria que usted tiene en su cabeza tiene fuentes, empiece a controlar las fuentes, es el gran consejo que da Santa Teresa de Jesús con respecto a la pureza. Controle lo que le entra a usted a la cabeza, controle lo que entra por sus ojos, por sus oídos, controle, empiece a controlar su imaginación y usted se dará cuenta que su famosa lujuria incontenible, porque usted está hormonado, eso empieza a entrar bajo control, porque Dios dice: Hasta aquí llegará la arrogancia de tus olas.

Entonces, en esto hay que tener mucha atención, mucha atención. Lo que el demonio quiere es que tú sientas que el pasado se vuelve el futuro, de manera que, si mi familia fue una familia de incrédulos, yo sería otro incrédulo. Si fue una familia de borrachos, yo seré otro borracho. Si mi familia todo el mundo se suicida y yo no me siento muy bien, la verdad. Tú no eres la continuación de tu pasado, no eres. Acuérdate que hay una línea que se puede poner y esa línea es el momento en el que tú admites a Dios en tu vida. Lo mismo, tú no eres la continuación de las circunstancias.

Cuando yo miro, por ejemplo, a estos jóvenes, jóvenes queridos, usted todavía no clasifica como joven, pronto clasificará, pero ya por aquí se clasifican, se puede decir, se clasifican como jóvenes. Cuando yo veo a estos jóvenes, sobre todo, yo digo ustedes tienen que aprender a aprender a que una cosa es afuera y otra cosa es adentro. Afuera existen muchas ideas sobre lo que significa ser joven. Soy joven, tengo que emborracharme. Soy joven, tengo que amanecer vomitado, ¿qué joven no quiere amanecer vomitado? Por favor. Eso es lo que manda el mundo, eso es lo que manda, es lo que ordena el mundo.

Bueno ¿cuál es el límite? Lo he denunciado tres veces y no lo he pronunciado. ¿Cuál es el límite entre externo e interno? Porque el límite entre pasado y futuro es el presente. El límite entre externo e interno, ¿qué es? Bueno, según la enseñanza de una santa muy querida de la Iglesia Católica, doctora de la Iglesia, ella del siglo XIV, llamada Catalina de Siena, ese límite es lo que ella llama discreción. La manera como ella entiende esta palabra, la discreción, no es simplemente una especie de reserva o de prudencia para escuchar o para hablar, que es el sentido usual actualmente. Para Catalina, la discreción es una especie de filtro permanente. El filtro que hay entre afuera y adentro es la discreción.

Entonces, cuando yo miro, por ejemplo, a usted que viene un poco rejuvenecido esta noche, cuando yo lo miro, por ejemplo, usted, yo digo: Necesitamos que este hombre tenga discreción. ¿Discreción qué es Según Catalina? Discreción es el filtro que hace que usted vea lo que está afuera y diga esto que está afuera, lo quiero adentro. Es decir, la capacidad de preguntarse conscientemente qué es lo que quiero que entre, eso es discreción según Catalina de Siena. Supongo que otros autores llaman a esto de otra manera, pero como la autora que, tal vez, mejor conozco es Catalina, entonces por eso lo menciono en el lenguaje de ella.

Entonces hay que preguntarse eso, cuando usted esté frente a un computador, usted pregúntese esto que estoy viendo, esto que estoy oyendo, esta música que con la que voy, con el tun tun, tun tun tun tun, esta música, dije música, no dije reggaetón ni cosas de esas, esto que estoy oyendo es digno de entrar a mí. Esa es la pregunta, esa es la discreción, ¿esto es digno de entrar a mí, esto merece entrar a mi vida? Y luego también al revés, ¿qué sale de mí? Por ejemplo, me siento indignado y quisiera echar un chorro de insultos a una determinada persona, ¿eso es lo conveniente?

El nombre que tiene Santo Tomás para esto es un poco más complicado, lo que Catalina llama discreción, Santo Tomás lo llama sindéresis, si lo quieren buscar en la Summa Teológica. La sindéresis, que es una de las hijas de la prudencia, según Santo Tomás, la sindéresis, que se escribe con S, es la misma discreción en el lenguaje de Catalina. Pero en ambos casos, ¿qué es? Es una puerta, una puerta que yo pongo. Así como no puedo permitir que mi pasado se vuelva mi futuro, así tampoco voy a permitir que lo de afuera se me vuelva lo de dentro. Yo tengo que tener puertas, yo tengo que tener límites. Pero aquí viene otra cosa muy interesante y es que estas reflexiones que estamos haciendo hay que aplicarlas también a las parejas, hay que aplicarlas a las familias.

Entonces, por ejemplo, las parejas tienen que preguntarse muy bien, con mucha claridad delante de Dios y dándole, ante todo, el centro y la gloria a Él. ¿Esto debemos permitirlo adentro, esto vamos a permitir que entre a nuestra relación? En el Cantar de los Cantares, un libro bellísimo de amor que tiene varias interpretaciones, todas muy lindas, en ese libro, uno de los, una de las advertencias que se hace es: Casad las raposas, una especie de zorras pequeñas, casad las raposas que rondan los viñedos. Es decir, según el Cantar de los Cantares, hay que tener mucho cuidado con las zorritas pequeñas que amenazan lo que podría ser una bella cosecha. Es la misma idea de la discreción de Catalina y es la misma idea de la sindéresis de Tomás de Aquino.

Cazar las raposas qué es: ¿Vamos a permitir que esto entre en nuestra relación? Por darte un ejemplo, una pareja, entonces resulta que un día él o ella, porque con mucha frecuencia ambos trabajan, él o ella hace una cierta demostración de todo el dinero que invierte en los gastos comunes. Hace una especie de exhibicionismo de fuerza por el dinero que está ganando y la otra parte, ella o él, para no dejarse, empieza a ser también una exhibición de todo lo que está aportando a la relación. Entonces, tú aportas tu plata, pero es que yo aporto mi tiempo, y empieza una rivalidad y empieza una competencia. Dejaron entrar las zorrillas, dejaron entrar las raposas, dejaron entrar la mentira. Resulta que una vez que esos animalitos se meten en la relación, no se quedan chiquitos, esos se van alimentando y van creciendo y van creciendo y van creciendo.

A todos nos pasa, pero especialmente nos amenaza a los religiosos y a los sacerdotes, el descuido en la oración. No hay nada más grave para un religioso o sacerdote que el perder la oración, porque ahí es donde alimenta principalmente su fe y su caridad. Entonces, qué le pasa al religioso que deja entrar una raposa, deja entrar una de esas zorras chiquitas, una de esas zorritas que se llama la pereza, la pereza en la oración, el descuido, la negligencia. Esa zorrita va creciendo, creciendo y creciendo. Un día el sacerdote va a celebrar misa y se da cuenta que ya no cree en eso, se le murió. Resulta que estas zorritas van creciendo y van comiendo y van destruyendo.

Entonces, fíjate lo importante de saber poner límites. Mi pasado no va a marcar mi futuro. Lo exterior no va a marcar lo interior, ahí llevamos dos ejes. Para los que gustan de las matemáticas, podemos decir que ahí tenemos el eje XX prima y el eje YY prima, llevamos dos ejes, pero nos falta la cota, nos falta el eje ZZ prima, que es el eje más importante. El eje ZZ prima es el eje que tiene que ver con lo que yo deseo versus lo que yo necesito, esa es la diferencia que hay entre lo que yo deseo y lo que yo necesito. Así como el enemigo quiere que tu futuro sea simplemente la prolongación de tu pasado, y así como el enemigo quiere que tu interior sea simplemente la prolongación del exterior, de manera que tú seas un joven que hace lo que todos los jóvenes hacen. Es decir, toda joven termina abortando, pues listo, ya entro yo en la fila también para abortar. Todo joven, ya dimos los ejemplos del caso.

Entonces, no se pierda, por favor, que esto es importante, el demonio quiere que tu pasado se vuelva tu futuro. El demonio quiere que lo exterior se vuelva lo interior, de manera que tu seas simplemente la repetición de las circunstancias. Bueno, resulta que el demonio también quiere otra cosa que es mucho más sutil que se llama que tus deseos se vuelvan tus necesidades. De manera que si yo deseo algo, si realmente deseo algo, si realmente hay algo que yo quiero, entonces esa es mi necesidad y si es mi necesidad, tiene que convertirse en mi derecho. Y si es mi derecho, la sociedad me lo tiene que dar y yo lo tengo que tener y yo lo debo disfrutar.

Ojo con los tres ejes: Que el pasado se vuelva el futuro, que lo exterior se vuelva lo interior y que mis deseos se vuelvan mis necesidades y por consiguiente, mis necesidades se vuelvan mis derechos y mis derechos se conviertan en las obligaciones de la sociedad. Observe cómo funciona esta tercera, que es bastante interesante, bastante, bastante interesante. Se nota muy bien en el caso de la pareja, la mayor parte de los ejemplos uno los entiende mejor en el caso de la pareja, porque es que resulta que la pareja es imagen. Dice el libro del Génesis, capítulo 2: «A imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó». De manera que la pareja es imagen de muchísimas, muchísimas cosas. Ustedes se dan cuenta que, con mucha frecuencia, cuando tengo que dar un ejemplo, acudo al caso de la pareja porque es que ahí se retratan demasiadas cosas.

Entonces, mire lo que pasa en la pareja con esto de los deseos y las necesidades. Yo tengo, digamos, 24 años de casada, pero yo no me siento feliz. Por consiguiente, como no me siento feliz, entonces mi deseo de ser feliz se traduce en mi necesidad de ser feliz. Por supuesto, cuando uno habla de necesidades, la necesidad es algo que no se le puede negar a una persona. Es que fíjate la gran diferencia que hay en el paso del deseo a la necesidad. El deseo es algo que está en el sujeto, es algo subjetivo, en cambio, la necesidad es algo que tiene pretensiones de objetividad y, por lo tanto, de obligatoriedad. Fíjese el problema tan grave en el que estamos entrando.

Si una persona, por ejemplo, tiene necesidad de oxígeno, negarle el oxígeno es matarlo. Si una persona tiene necesidad de insulina, negarle la insulina es matarla. Si una persona tiene necesidad de sueño, de descanso, si la privamos de sueño durante demasiado tiempo, la matamos. O sea que las necesidades engendran derechos. Ese es el gran interés del demonio que los deseos se vuelvan necesidades para que las necesidades se conviertan con un carácter de objetividad en derechos que yo puedo reclamar. Entonces se está convirtiendo, en muchas personas se está convirtiendo el tema de la felicidad en una especie de derecho.

Yo tengo derecho ¿a qué? A ser feliz. Yo tengo derecho a ser feliz. Y como yo ya no soy feliz con este señor con el que he vivido 15 años, o 20 años, o 40 años, o con esta señora que me entregó toda su juventud, yo tengo derecho a ser feliz, que ella se consiga otro. Tengo derecho a ser feliz, yo ya no siento nada por ella, nadie me puede obligar a estar con una persona con la que yo no siento nada. Por consiguiente, como ya no siento nada por ella y creo que ella tampoco siente, entonces no hay ninguna obligación. Fíjate que ahí la persona pasó ¿de qué? Del deseo a la necesidad. En el fondo lo que tiene es deseo, deseo ¿de qué? Pues de algo que le acelere el pulso, que le haga sentir bien, que le haga sentir amado, que le haga sentir amada, ese es su deseo. Pero es que el enemigo quiere que nosotros pasemos del deseo a la necesidad.

Es exactamente el mismo argumento que utilizan los LGBT, exactamente el mismo argumento. Yo tengo deseo, resulta que mi deseo, soy hombre, pero mi deseo va por los hombres, nadie me puede negar eso. Nadie me puede negar mi felicidad. Y cada vez que yo hablo sobre este tema o parecidos, yo les digo: Bueno, y tú qué haces con una persona que dijera, mi deseo son los niños y por consiguiente denme niños, porque yo quiero tener sexo con niños. Ah, no, no, es que ahí si no, ¿ahí sí no durante cuánto tiempo? Porque ya hay partidos políticos que están trabajando por la legalización de la pederastia.

Entonces, el movimiento LGBT funciona exactamente así. Es la transformación del deseo en necesidad, es simplemente como yo lo quiero, entonces debe dárseme. Acto seguido ya tengo mi pareja, los dos somos hombres y somos pareja. Y ahora tenemos otro deseo, niños. Por consiguiente, nuestro deseo se convierte en una necesidad, nuestra necesidad se convierte en un derecho, el derecho nuestro se convierte en obligación de la sociedad. Luego, por consiguiente, deben permitirnos adoptar a nosotros, ¿si ves cómo funciona?

Y eso llega hasta unos extremos que finalmente, en términos de biogenética, en términos de ingeniería genética, quiero decir, son los niños diseñados. Yo realmente lo que deseo, ¿qué es lo que yo deseo? Yo deseo en primer lugar, un niño. En primer lugar, un niño que tenga cuello, porque esos niños así contrahechos. No, yo quiero un niño espigado, un niño que tenga cuello, más cuello del mío, porque yo si no me bajo bien el cuello de la camisa, ni siquiera se me ve mi cuello. Entonces, yo quiero un niño que tenga cuello. Entonces ingenieros, consíganme el gen del cuello. Y yo quiero un niño que sea un poquito más blanquito que yo. Y quiero un niño que sea así y así y así. Y como yo quiero ese niño, entonces mándenme ese niño.

Como hizo aquella lesbiana en Gran Bretaña, ella se hizo embarazar, ¿por qué se hizo embarazar? No piensa en los derechos del niño, ella piensa en que yo quiero tener un hijo. Bueno, resulta que le salió varón. Se hizo embarazar en un banco de semen, le salió varón. Y entonces ella dijo: No, esto no es lo que yo quiero, yo no quiero varón, porque hay muchos varones en el mundo. Este lo matan, este se aborta. Vuélvame a embarazar porque yo quiero ahora una niña. Ese es el deseo transformado en necesidad. Y uno no se da cuenta de eso, por eso este es el engaño más grande del demonio, más útil para él, para sus intereses, más útil que el paso de lo pasado a lo futuro, o de lo externo a lo interno, es el paso del deseo a la necesidad. ¿Por qué? Por una razón que es tan sutil. Yo le pido a Dios que me mire con misericordia y a todos nosotros, porque estos son temas de verdadero y de genuino combate espiritual.

Fíjate lo que pasa, es muy difícil pelear uno con algo que aparentemente le está dando derechos, es muy difícil. Si alguien te dice: Mira, es que yo lo que te estoy dando es la posibilidad de que tú logres tus derechos, de que tú logres, perdón, tus deseos. Es muy pero muy difícil pelear con alguien que me está dando supuestamente mis deseos, el cumplimiento de mis deseos. Hay que defenderse de eso y la única manera de defenderse de eso está en lo que nos mostró nuestro Señor Jesucristo, que lo vamos a explicar y que finalmente es la Cruz. Es decir, la única manera de ser cristiano, óiganme todos, pero especialmente por los niños, no sé si vino Salomé, y yo no he visto a Salomé. ¿Dónde está Salomé? Ay, perdón, no te había visto. Me gusta que estés, bendigo a Dios por tu presencia en nuestra misa, Salomé.

Le cuento una cosa, Salomé, la única manera, la única manera de ser cristiano, es saber que no todo lo que yo deseo, lo necesito. Y eso tienen que enseñarlo los papás desde que sus hijos son niños. ¿Por qué? Porque es la única manera de superar este engaño. Mientras haya la idea de que todo lo que yo deseo lo puedo convertir en necesidad y toda necesidad la puedo convertir en un derecho o la puedo convertir, como decía John Lennon, uno de los más perniciosos ateos, aunque tenía una confusión religiosa terrible, pero como ateo hizo un daño terrible. Como decía John Lennon: Sigue tu pasión. Y cuando uno oye, sigue tu pasión, uno dice: Wow, me están dando alas, me están dando libertad. Por eso te digo que es muy difícil liberarse de este engaño, de este lazo tan sutil, pero tan supremamente eficaz para él, para los intereses de las tinieblas, es muy difícil liberarse.

Entonces, la única posibilidad ¿cuál es? La única posibilidad es decir: No todo lo que yo deseo, en realidad, lo necesito, no todo. Entonces, yo puedo tener un gran impulso de buscar niños porque quiero tener sexo con niños, ese es mi deseo. Pero eso no es algo que yo, en realidad, necesito y, por consiguiente, es más bien algo que batalla en contra mía. Entonces, no todo lo que yo deseo, lo necesito. Si ustedes quieren que su vida cristiana empiece a avanzar un poco en serio, escriban en alguna parte, ojalá un poquito más grande que un post-it o un memo, una cosa de esas. Escriban una frase que dice: No todo lo que yo deseo, lo necesito. Si ustedes quieren tener una juventud libre de la mayor parte de las agresiones, vicios, malas costumbres, ponga ese letrero. No espere a que su papá o su mamá le ponga ese letrero en la habitación, póngalo usted mismo. No todo lo que yo deseo, lo necesito. No todo lo que yo deseo, lo necesito.

Bueno, pero tengo en este amable auditorio, tengo un buen número de estudiantes de teología y de filosofía. Los estudiantes de filosofía, entonces ya estarán pensando, por qué yo les conozco, yo la mirada se la conozco a esos estudiantes, cuando empiezan a mirarlo así detrás de la columna, ya ¿eso qué significa? Ya yo sé que algunos estarán diciendo: Oh, el Padre se volvió kantiano. Porque claro, como fue Immanuel Kant el que dijo que uno no debía poner por encima el querer, sino el deber, que es la lógica del deber la que rescata la sociedad, según Kant. Luego eso no ha funcionado, pero eso era lo que él decía. Y bueno, él reviste todo eso de una explicación que en filosofía se conoce como la teoría del imperativo categórico, ese es el elemento fundamental de la ética kantiana.

Entonces, en el momento en el que yo digo la frase no todo lo que yo deseo, lo necesito, entonces alguien podrá pensar: Bueno, resulta que he escuchado la homilía más kantiana de mi vida. No, mi afán no es hacerle ninguna propaganda Immanuel Kant, porque Kant pone por encima de todo el deber. Bendito sea Dios, alabado sea Jesucristo, nosotros no ponemos por encima de todo el deber. Lo que pasa es que yo pongo por encima de mi deseo, porque ya sé que mi deseo no es el que tiene que tiranizar mi vida. Entonces, por encima de mi deseo, ¿qué tiene que haber? Por encima de mi deseo tiene que haber el deseo de quien mejor me conoce, el deseo de quien más me ama, el deseo de quien tiene lo mejor para mí. O sea que la frase completa es: No todo lo que yo deseo, lo necesito. Lo que en realidad necesito es tu voluntad, Señor. Eso es lo que yo necesito.

Y a medida que uno va caminando en el Señor, más de una vez tiene que posponer su deseo. Yo quisiera esto, pero de verdad, bueno, tal vez no es lo mejor. Pero yo creía que sí, bueno, pero está bien. Y uno va aprendiendo a ceder y a ceder un poco. Pero es que uno aprende a poner por encima de todo la voluntad de Dios. ¿Por qué, porque es un tirano, porque es un intruso, como decía Jean-Paul Sartre? No, sino porque ese es quien mejor me conoce, ese es quien más me ama, por eso. Entonces, ¿cuál es el secreto? El secreto son tres secretos, el secreto son tres secretos. Acuérdese que esto fue tridimensional, esto se llama la homilía tridimensional, que va del eje XX prima, YY prima y ZZ prima, las tres coordenadas respectivas.

Entonces, en el eje XX prima hemos puesto el paso del pasado al ¿al qué? Al futuro. Y nos hemos dado cuenta que el secreto está en decir, mi futuro no tiene que ser la continuación de mi pasado, sino que entre el futuro y el pasado está el hoy. Por eso dice la carta a los Hebreos que tenemos que aprovechar el hoy. Salmo 95: «Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón», porque el hoy, el hoy, es nuestra libertad. Entonces, en el eje XX prima, que es el eje que va del pasado al futuro, hay una línea cortante que se llama el hoy, y ese hoy no endurezco mi corazón y en ese hoy reconozco en mi corazón que Dios resucitó a su Hijo de entre los muertos y proclamo con mis labios que Él es mi Señor. Ese es el secreto del eje XX prima.

Segundo eje, el segundo eje es el eje YY prima. El eje YY prima es el eje que tiene que ver con lo exterior y lo interior, porque obviamente el mundo quiere absorberte, el mundo quiere que tú seas una prolongación de las circunstancias, que tú seas simplemente normal. Por eso tengo un amigo sacerdote panameño, el padre Pablo, que utiliza continuamente el hashtag, la etiqueta: no seas normal. Él utiliza en el sentido de esto que estamos hablando, no dejes que el mundo, no dejes que la manera de ser de otros, no dejes que lo que todo el mundo repite sea tu historia. Y ¿cuál es la barrera entre lo de afuera y lo de adentro? Es un filtro, ese filtro lo llamó Catalina de Siena, la virtud de la discreción. Ese filtro lo llamó Santo Tomás de Aquino, la virtud de la sindéresis, hija de la prudencia.

Y ¿qué es lo propio de ese filtro? Ese filtro es saber observar, saber darse cuenta de lo que está pasando afuera y hacerse la pregunta: ¿Realmente yo quiero esto adentro de mí? Y lo mismo las parejas y las familias. ¿De verdad yo quiero que esto entre a mi vida de pareja, de verdad yo quiero que esto entre a mis hijos, de verdad, yo quiero que este material exista en mi casa? Entonces esa es la defensa. La primera defensa es proclamar a Cristo como Señor. La segunda defensa es la discreción, es el examen crítico de lo que está afuera y lo que quiero que entre.

Y el tercer eje es ZZ prima. Y ¿el tercer eje en qué consiste? En que el demonio quiere que tú veas todos tus deseos como necesidades. Es que yo quiero esto, es que yo quiero, yo quiero, yo quiero, yo quiero y como yo quiero me lo tienen que dar. Ahora quiero bebé, no, mentiras, ya no quiero bebé, mátenlo. Ese es el estilo del demonio. No, mis deseos no son necesidades. Yo no necesito todo lo que deseo, lo que necesito es la voluntad de aquel que mejor me conoce y que más me ama, eso es lo que yo necesito. Uno se da cuenta de que los dos primeros filtros, sobre todo el segundo, más o menos, se pueden aplicar, aunque uno no sea creyente. Pero para una persona que no sea creyente es prácticamente imposible liberarse de ese lazo mortal, de ese lazo sutil que pretende llevarte de los deseos a las necesidades.

Y por eso, a medida que las sociedades se vuelven descristianizadas, a medida que Cristo desaparece de las sociedades, finalmente no queda otra alternativa sino empezar a aprobar leyes absurdas, porque eso fue lo que la gente pidió. Entonces, por ejemplo, en Noruega, resulta que hoy desperté y no sé, hoy me siento mujer. Entonces voy a ir al Registro Civil y me registro como mujer y a partir de hoy, a las cuatro de la tarde ya soy mujer. Entonces, ya tienen que llamarme mujer y ya tengo que entrar a los baños de las mujeres y ya tengo que vestirme, si me da la gana, vestirme como mujer. Eso es absurdo, pero ese es el callejón sin salida en el que se están metiendo los países donde desaparece Dios, porque sin Dios es imposible.

Oiga esta frase: Sin Dios es imposible impedir que los deseos se vuelvan necesidades. Como esa frase usted no la va a oír en mucho rato ni en muchos otros sitios, grábela en su memoria o escríbala: Sin Dios es casi imposible impedir que los deseos se vuelvan necesidades. Por algo decía el poeta pagano pues, ese no conoció el cristianismo, lo despreció, Ovidio. Por eso decía Ovidio, simplemente cada quien va detrás de lo que le gusta. Pero lo decía con todo el cinismo y con toda la resignación del caso.

Nuestras tres defensas, la proclamación constante de que hoy es mi día o mejor, hoy es el día del Señor en mi vida. Lo segundo, la discreción. Esto conviene en mi vida, ¿sí o no? Y lo tercero, no todos mis deseos tienen que ser necesidades. Si una persona abraza estas tres cosas, lo que ha abrazado es el misterio de la Cruz. Y si una persona abraza estas tres cosas, empieza a experimentar lo que San Pablo llamaba la libertad cristiana. Esa es la libertad, eso es ser libre, eso es empezar el camino de nuestra libertad, eso fue lo que nos enseñó San Pablo y eso fue lo que nos dejaron los apóstoles. Que su intercesión, que su ejemplo, que su presencia, conserven ese don de libertad en todos nosotros. Amén.

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