Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos a los santos Simón y Judas su intercesión para que tomemos en serio nuestra fe y que vivamos con caridad hacia nuestros hermanos que están en peligro de alejarse de la Iglesia.

Homilía ssyj011a, predicada en 20161028, con 7 min. y 34 seg.

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Transcripción:

El 28 de octubre nuestra Iglesia Católica recuerda a los santos apóstoles Simón y Judas. Este Simón es conocido como Simón el Zelote, quizás porque tenía una relación estrecha con una especie de grupo guerrillero que había en aquella época, guerrilleros que querían derrotar a los romanos siguiendo las estrategias astutas que habían tenido unos dos siglos atrás los Macabeos, como se cuenta en la Sagrada Escritura.

El otro santo apóstol de hoy es Judas, Judas Tadeo, que por supuesto es distinto de Judas Iscariote. En la Biblia tenemos una carta del apóstol San Judas, y yo quisiera aprovechar esta oportunidad para mencionar algunas enseñanzas de esta carta de Judas. Si vas al Nuevo Testamento, te encuentras que, así como hay el libro de los Evangelios o los libros de los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles y las cartas de San Pablo, pues también hay una carta de San Judas, que es este al que estamos recordando hoy. Así que aprovechemos esta oportunidad y saquemos brevemente unas tres enseñanzas sobre lo que nos da esta carta.

En primer lugar, es interesante ver que en los comienzos de la predicación del Evangelio se presentaron todo tipo de exageraciones. San Pablo, en sus cartas a los Gálatas y Carta a los Romanos, se queja de cómo algunos desfiguraban la enseñanza del Evangelio, metiéndole a la gente en la cabeza que tenían que cumplir con toda la ley de Moisés. Entonces, estos, podemos decir, eran los judaizantes y realmente le hicieron mucho daño a la predicación de San Pablo, porque después de que él anunciaba esa fuerza y esa alegría que viene del encuentro con Cristo, llegaban estos personajes sombríos con un mensaje de un cumplimiento estricto de la ley de Moisés, como reduciendo a esclavitud a los que acababan de ser liberados.

Pero ese no fue el único exceso, ni el único problema, ni la única plaga que rodeó a la predicación del Evangelio, ya desde sus comienzos. La carta de Judas, y esta es la primera enseñanza, nos pone en guardia frente a otras personas, a otros que también se consideraban cristianos, pero que sin embargo habían convertido a la fe cristiana en un pretexto para el libertinaje. Entonces, como ahora tenemos esa abundancia del amor de Dios, así como Dios ahora nos ha llenado de su amor y de su misericordia, entonces podemos hacer más o menos lo que queramos. Y cometían grandes y escandalosos excesos en la comida, en la bebida, en su comportamiento sexual o de familia.

La carta de Judas nos advierte sobre este peligro. Así como Pablo nos había advertido del peligro de los que, por decirlo de alguna manera, quieren retroceder del Evangelio hacia la ley de Moisés, y se van por una senda absurdamente estricta. Pues ahora el apóstol San Judas nos advierte del otro extremo, de aquellos que consideran que como hemos recibido mucho amor y mucha misericordia, podemos vivir como se nos dé la gana y hacer lo que queramos.

Un segundo punto en ese mismo documento, que es muy breve, la carta de San Judas tiene únicamente un capítulo, es prácticamente una página, dice este apóstol que los que cometen estos excesos se han olvidado de las promesas que superan esta vida. Es decir, son aquellos que llevan una vida puramente natural, están apegados únicamente a las cosas de esta tierra. Y yo creo que esta es una advertencia también muy interesante, cuando se ve el anuncio del Evangelio, cuando se ve la enseñanza de Cristo únicamente como un manual para esta tierra y como un manual de vida, ah, se cometen gravísimos errores, porque cuando uno ve el Evangelio únicamente de esa forma, entonces fácilmente cae en las tentaciones que tenían los saduceos en la época de Cristo, que es ver cómo se puede sacar el máximo provecho de la religión.

Así encontramos algunos predicadores, y así encontramos, incluso en la Iglesia Católica algunos que utilizan su investidura sagrada para ver cómo logran el mayor provecho, la mayor fama, el mayor poder, el mayor placer, porque están pensando únicamente a ras de tierra, porque su consideración es únicamente ¿qué puedo yo aprovechar en esta vida? Y esa advertencia nos da la carta de San Judas.

La tercera advertencia que creo que vale la pena recordar es que nos dice cómo debemos obrar con las personas que vemos apartarse de la fe. Y distingue tres casos, dice: A algunos hay que tratar de convencerlos. Podemos pensar que es el caso de aquellas personas que apenas tienen unas dudas, aquellas personas que han empezado a apartarse de la voluntad de Dios y tienen algunas dudas, quizás de fe, quizás de doctrina. Entonces dice, tratar de convencerlos.

En segundo lugar, hay otros, en cambio, que son muy peligrosos, muy peligrosos, es decir, que están en un grave peligro. Y dice: Hay que rescatarlos como sacándolos del fuego. Y esta expresión es un poco extraña, pero parece indicar que son aquellas personas que ya están experimentando las consecuencias de su modo perverso de obrar y de haberse apartado de Dios, esas personas que han experimentado esas consecuencias, hay que buscar sacarlas a partir de la experiencia dolorosa que ya están viviendo por haberse apartado. Pensemos en el caso del hijo pródigo, algo parecido a eso. La persona se ha alejado de la casa de Dios y realmente está viviendo mal.

Pero luego hay un tercer grupo que es el más delicado, que es el de aquellas personas con las que hay que tener una extrema cautela, porque así como uno quiere convencerlos del Evangelio, pues el demonio, el mundo y la carne también tienen sus falsos evangelios y entonces también tratan de convencerlo a uno. Acuérdese lo que le ha pasado a algunos misioneros, por ejemplo en la India, que van como misioneros cristianos y resultan conquistados por el budismo, van como misioneros cristianos y resultan cautivados por una especie de religiosidad neutra, en la que ya no tiene un lugar salvador, ni la cruz ni la sangre de Cristo. Entonces dice, hay que tener extrema cautela con algunos.

Bueno, estas son algunas de las enseñanzas preciosas de la carta de San Judas. Y que esta fiesta nos invite a tomar más en serio nuestra fe y a vivir con mayor caridad con los hermanos que están en peligro.

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