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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La palabra de los apóstoles es la semilla nueva que trae la vida nueva.
Homilía ssyj006a, predicada en 20131028, con 5 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Nuestra Iglesia Católica recuerda el día de hoy a los apóstoles Simón y Judas Tadeo. Hombres sobre los que sabemos realmente muy poco y que por eso nos invitan a reflexionar fundamentalmente en el hecho mismo del lugar que tienen los apóstoles como grupo, como elegidos de Cristo. El lugar que ellos tienen en nuestra fe cristiana, es lo que vamos a hacer ahora.
Cuando pensamos en que los apóstoles fueron elegidos por Cristo, la siguiente pregunta es ¿para qué? El capítulo 15 del Evangelio según San Juan da una respuesta: «Yo os he elegido y os he enviado para que vayáis y deis fruto, un fruto que permanece». Y ¿de qué manera van a dar fruto ellos, cuáles van a ser sus recursos, sus estrategias, sus herramientas? Pues fundamentalmente y ante todo a través de la predicación, como diría el apóstol Pablo en el capítulo décimo de la Carta a los Romanos: «La fe viene de la predicación». Esto quiere decir que el fruto que van a dar los apóstoles, lo van a dar sembrando la semilla de la Palabra. Es a través de su testimonio, y esa palabra es completamente única, es completamente nueva, porque también la vida que ellos van a comunicar es una vida nueva, de eso es de lo que se trata, de dar una vida nueva.
Por eso también Jesucristo decía a Nicodemo que hay que nacer del agua y del Espíritu, y que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios. Si de lo que se trata es de nacer de nuevo, pues quiere decir que esta es una semilla nueva, una semilla que el mundo no conocía, una palabra que nosotros no podíamos darnos a nosotros mismos. Es interesante lo que dice Santo Tomás de Aquino en el capítulo primero, iba a decir capítulo, en la cuestión primera de la Suma teológica, allí donde se pregunta si además del ejercicio de la razón humana, es necesaria una palabra distinta, es decir, la palabra de la revelación. Y nos muestra Santo Tomás de Aquino con su argumento que efectivamente, sin el don de la revelación, sin el don de esta semilla nueva que traen los apóstoles, nosotros no podríamos tener genuino, verdadero, permanente conocimiento de Dios.
O sea que nosotros todos, por favor, meditemos en esto, nosotros todos dependemos de esa semilla. Es lo que nos dice el apóstol con su propio lenguaje, el apóstol San Pablo con su propio lenguaje en el texto de la primera lectura de hoy, capítulo segundo de la Carta a los Efesios, nos dice: «Estamos cimentados sobre el cimiento de los apóstoles», es decir, necesitamos de ellos, es decir, sin ellos no subsiste nuestra fe, dependemos de ellos. La fe, nuestra fe, nuestra Iglesia no es el producto de un acuerdo de voluntades humanas, no es un grupo de personas que se reúnen y que toman decisiones. Si la Iglesia fuera el resultado de una voluntad compartida, entonces los mismos que constituyen una sociedad, la pueden reformar, si hacen una sociedad limitada, si hacen una empresa, si hacen una compañía que se dedica a comercializar o se dedica a prestar tal o cual servicio. Los fundadores de esa empresa o de esa compañía la pueden modificar a su gusto.
Pero si nosotros todos dependemos del testimonio de los apóstoles, si nosotros todos dependemos de esa semilla nueva, quiere decir que no está en nosotros modificar la palabra del Evangelio que recibimos, ni tampoco modificar esta Iglesia que llega a nosotros como puro regalo. Es decir, que los apóstoles, la realidad misma de estos hombres elegidos, nos está mostrando que la Iglesia es don, que la Iglesia es regalo, y que, únicamente recibiendo, acogiendo ese regalo, podemos ser verdaderamente fieles a Él y podemos responder al Señor. Es una enseñanza de humildad, pero también es una enseñanza de alegría y de gratitud. Que grande lo que hemos recibido, pero qué responsabilidad también, porque no está en nosotros cambiarlo, sino agradecerlo y transmitirlo.

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