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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En el llamado que recibieron los apóstoles hay una gran variedad, que habla de la abundancia de gracia, que a todos alcanza, y de la voluntad de Cristo de restaurar la plenitud de Israel.
Homilía ssyj005a, predicada en 20111028, con 4 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Desde hace años veo la fiesta de los apóstoles Simón y Judas como una especie de catequesis. Sucede que estos dos apóstoles son muy poco conocidos, entre otras razones porque su presencia en el Nuevo Testamento es bastante discreta, aparecen enumerados prácticamente al final en todas las listas que se hacen de los doce elegidos por Cristo. Uno de ellos, llamado Simón, es Simón el Zelote o el Zelota, y el otro es Judas, llamado el de Santiago o también Judas Tadeo. Había ya otro Simón que era Simón Pedro, y había otro Judas, que es lamentablemente el Iscariote, el traidor. Se ve que los nombres se repetían con cierta facilidad en aquella cultura, entonces, no hay que confundir a este Simón con Simón Pedro, ni hay que confundir a Judas Tadeo con Judas Iscariote.
¿Qué sabemos de ellos? No mucho, lo que sí está claro es que son una muestra de la variedad que había en ese grupo de los 12. Variedad que habla de dos cosas, de la generosidad de la gracia que está dispuesta a alcanzar distintos modos de pensamiento, distintos temperamentos, distintos estilos. Es la generosidad de la gracia, por una parte, y por otra parte, esa variedad nos está recordando que Jesús, al elegir doce, estaba instaurando el nuevo Israel. Y por supuesto, si se trataba del nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios, pues tenía que hablar con su sola presencia, el lenguaje de la plenitud de Israel.
No hubiera sido muy coherente que Jesús eligiera, digamos, 12 publicanos, pero había un publicano que era Mateo. No hubiera sido muy lógico que Cristo hubiera elegido 12 zelotas, los zelotas eran los que estaban mayormente por una propuesta militar, casi de tipo guerrillero, contra el Imperio Romano, eran gente muy violenta. Si Cristo hubiera elegido 12 zelotas, pues parece que la propuesta de Cristo hubiera parecido más bien una continuación de la violencia que querían los zelotas. Si Cristo hubiera elegido únicamente pescadores, o si Cristo hubiera elegido únicamente escribas, rabinos, como era el caso de Bartolomé, llamado también Natanael, pues la variedad de Israel no hubiera quedado clara.
Entonces, fíjate cómo estos apóstoles, en su simplicidad y en su enorme discreción, nos están como invitando, nos están casi obligando a reflexionar en el acto de Cristo, en ese acto tan providente y tan compasivo, tan lleno de amor, como dice el prefacio del Misal Romano para las ordenaciones sacerdotales. Hay un acto especialísimo de amor cuando Cristo elige a esos que van a ser sus compañeros de misión, es un acto privilegiado, es un acto grande de amor. Y en ese acto vemos la abundancia de una gracia que llega a todos. Y vemos también la voluntad de reconstruir todo en Israel y de ofrecer, con ese nuevo Israel, una propuesta de salvación a todas las naciones. ¡Bendito sea Jesucristo!

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