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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verdadero pastor nunca deja de aprender, corregirse y formarse a la luz de Cristo. Solo quien escucha constantemente la voz de Jesús puede transmitirla con fidelidad a los demás.
Homilía sppd028a, predicada en 20260629, con 5 min. y 37 seg. 
Transcripción:
El veintinueve de junio, mis hermanos, celebramos la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo y en esta ocasión quisiera referirme a la persona de Pedro. Como hemos dicho en otras oportunidades, hay tres fechas a lo largo del año que nos invitan a volver nuestros ojos hacia este apóstol, no solo para recordarlo y para agradecerle a Dios por Él, sino también para ofrecer nuestra humilde y amorosa intercesión por el Papa. Es muy importante la oración por el Papa. Por eso tenemos el veintidós de febrero la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Este día veintinueve de junio tenemos la Solemnidad de San Pedro y San Pablo y luego el nueve de noviembre tenemos la celebración de la Catedral del apóstol Pedro, la Catedral del Papa, que es la Catedral de San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias católicas del mundo. Bueno, volvamos entonces nuestra mirada y nuestro corazón hacia Pedro y aprendamos de él, porque Pedro es líder, Pedro es jefe, Pedro es pastor. ¿Con qué palabra nos quedamos? Escógela tú escoge, la palabra que a ti te guste. Lo que yo quiero destacar de Pedro es sobre todo una cosa que este es un líder que se deja liderar. Este es un pastor que se deja pastorear. Este es un maestro que se deja enseñar. En el Antiguo Testamento tenemos una figura que nos enseña algo muy parecido. Estoy hablando del rey David. Es muy fuerte el contraste entre David y el rey anterior, que fue Saúl y el rey posterior que fue Salomón, con todas las cosas importantes que ellos pudieron hacer. Pero es muy interesante ver la diferencia entre David y el rey que le antecedió y el rey que le sucedió y muchos otros reyes. Porque es que la gran característica de David es exactamente lo mismo que estamos diciendo de Pedro. A David que llegó a ser rey, no se le olvidó ser súbdito del verdadero rey. A David, que tuvo que ser pastor del pueblo, no se le olvidó ser oveja del verdadero y único pastor. Y es que esa es la clave. Esa es la clave del liderazgo cristiano. Esa es la clave del servicio a Dios. Como líderes, como testigos, como catequistas, misioneros, sacerdotes, es decir, cómo cada persona que tiene una capacidad de influencia. Y ya que dije esa palabra, pues esto vale también para el influencer. El influencer católico lo que tiene que preguntarse es qué tanto influye Cristo en mí, que tanto me marca Jesucristo a mí. Porque yo quiero dejar una marca en otras personas, porque yo quiero influir en otras personas. Por eso los llaman influencers. Bueno, pues si tú quieres ser influencer, cuéntame ¿Qué tanto influye Cristo en ti? ¿Qué tanto impacto tiene Cristo en ti? Esta es la gran lección que nos deja Pedro. Pedro no dejó de aprender. Si nosotros miramos sus actitudes, si nosotros leemos los Evangelios, encontramos un hombre, un hombre imperfecto, encontramos un hombre, un hombre que está en camino. Y eso también es maravilloso de Pedro, porque nosotros también somos caminantes. Este es un hombre que va en camino. Este es un hombre que está aprendiendo. Este es un hombre que un día se cansa de perdonar y le dice a Cristo: ¿Oye, cuántas veces tengo que perdonar? Este es el hombre que un día se cansa de dar, y entonces le dice a Cristo Oye, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar? Es decir, el corazón de Cristo se abrió al corazón de Pedro. El corazón de Pedro se abrió al corazón de Cristo, y el corazón de Pedro mostró su humanidad, que es también la mía, que es también la tuya. Un corazón que se cansa, un corazón que tiene preguntas, un corazón que ama tanto al maestro que no quiere que le pase nada. Y entonces le dice al Maestro: No, no, no, la cruz no es para ti, y Cristo tiene que decirle esas palabras que fueron como dura reprimenda contra el Príncipe de los Apóstoles. Y podemos decir lo puso en su sitio. Y Pedro aprendió la lección. Y luego Pedro dijo: No, yo me voy a hacer matar por ti. Y Cristo lo siguió formando y lo siguió formando no solo hasta la muerte, sino más allá de la muerte. Porque el Cristo resucitado le sigue hablando a Pedro. Por ejemplo, le dijo a Pedro ya el Cristo resucitado: cuando tú eras joven, tú ibas donde querías, pero cuando seas mayor, otro te atará y te llevará donde tú no quieras. Así Cristo seguía formando a Pedro. Eso es lo propio del verdadero pastor. Eso es lo propio del verdadero líder que se deja formar, que no deja de aprender, que no deja de corregirse, que no deja de escuchar la voz que luego tendrá que dar a otros, que tendrá que comunicar a otros. San Pedro Apóstol ruega por nosotros. Amén.

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