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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Pedro sacrifica su vocación de líder en aras de cumplir plenamente su vocación de discípulo. Dios cumple su plan incluso a través del sufrimiento, el martirio y la crueldad.
Homilía sppd027a, predicada en 20250629, con 6 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Feliz Domingo para todos. En esta oportunidad, un Domingo distinto, porque tenemos la celebración de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Esta es una de las tres festividades litúrgicas que nos invitan a todos los cristianos a volver la mirada hacia el sucesor de Pedro.
La primera de estas celebraciones es el Veintidós de Febrero, cuando tenemos la Cátedra de San Pedro. Luego tenemos la celebración de hoy, la del Veintinueve de Junio, que propiamente recuerda el Martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo. Y finalmente, el Nueve de Noviembre tenemos la celebración de la Basílica de San Juan de Letrán, que es propiamente la Catedral del Papa, el lugar donde se encuentra la Cátedra de Pedro. Lo cual es muy curioso porque muchas personas se imaginarían que la Cátedra del Obispo de Roma está en la Basílica de San Pedro y no, lo que hay en la Basílica de San Pedro son los restos. Y esto es tan bello para nosotros, tan entrañable para nosotros cristianos. Ahí están los restos del Apóstol Pedro, mientras que el lugar propio de la enseñanza del obispo de Roma, del sucesor de Pedro, está en la Cátedra de San Juan de Letrán.
Muy bien, pues hoy entonces estamos recordando a estos dos grandes apóstoles y concretamente estamos recordando su martirio. Según muy antiguas tradiciones. El apóstol Pedro fue martirizado crucificándolo. Fue crucificado de hecho, boca abajo. Hay una versión de esta tradición que dice que fue él mismo el que pidió ser crucificado boca abajo en la medida en que se consideraba indigno de morir como su propio maestro. Ese fue el martirio de Pedro. Y en cuanto a Pablo, murió también en la ciudad de Roma, pero por un medio muy diferente. Él fue decapitado por medio de la espada. Las basílicas respectivas de San Pedro y de San Pablo recuerdan esos lugares donde acontecieron estos hechos y donde quedaron estos cuerpos. Y así como los restos del apóstol Pedro están en la basílica que lleva su nombre. Lo mismo sucede en la Basílica de San Pablo. Es conocida, si tienes oportunidad de ir a Roma como la Basílica de San Pablo Extramuros, porque queda más allá de lo que eran los límites antiguos de la ciudad de Roma. Así que estamos recordando el martirio, el martirio de estos grandes apóstoles.
Conviene recordar aquí una palabra que está en el Evangelio según San Juan. Habiendo resucitado ya nuestro Señor, se realiza nuevamente un milagro, un milagro de pesca milagrosa. Y ese acontecimiento luego pasa a ser un diálogo. Después de que esta multitud de peces ciento cincuenta y tres nos dice el evangelista. Después de que todos esos peces son llevados a la orilla, viene un momento de compartir, un comer juntos los apóstoles con su Maestro. Y en ese contexto fraterno de milagro y de victoria, Cristo le pregunta por tres veces a Pedro si lo ama. Finalmente, Pedro, con algo de tristeza, pero también con gran humildad, le dice a nuestro Señor Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. Y después de esa triple pregunta de Cristo que de alguna manera desata la triple negación de Pedro. Pues lo que hace Cristo es encomendarle el rebaño. Un rebaño que no es de Pedro, sino que es de Cristo. Porque Cristo todo el tiempo le dice Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos. Cristo renueva, por así decirlo, la vocación de Pedro y le invita nuevamente a seguirlo.
Es de alguna manera la resurrección de Pedro. La resurrección de la vocación de Pedro. Una resurrección que realiza precisamente el Resucitado. Pero también en ese contexto, y es un pasaje supremamente rico, Cristo le dice: Cuando tú eras joven, tú ibas donde querías. Cuando seas mayor, otro te ceñirá y te llevará donde no quieras. Y nos dice el evangelista San Juan con estas palabras estaba indicando el tipo de muerte con el que iba a dar gloria a Dios, ese ser ceñido por otra persona y ser llevado a donde yo no quiero. Eso fue exactamente el martirio de Pedro.
Es interesante esa expresión que utiliza Cristo por dos motivos. Primero, porque Pedro en su vida de pescador había sido siempre el líder, había sido siempre el hombre que guiaba a otros. Pero en el final de su vida y concretamente en su martirio, Pedro va a ser llevado por otros. Es decir, que de algún modo Pedro tiene que sacrificar su vocación de líder en aras de cumplir plenamente su vocación de discípulo. Espero estarme explicando muy bien, porque creo que es una idea bellísima. A Pedro le toca sacrificar su vocación de líder en aras de su vocación de discípulo. Es más perfecto y es más necesario ser discípulo que ser líder.
Y lo segundo es darnos cuenta que aunque ese martirio es un acto inicuo, es un acto injusto, es un acto ruin y cruel. Sin embargo, a través de toda esa crueldad, el plan de Dios se está cumpliendo. Y esto nos dice mucho sobre lo que significa el martirio y sobre lo que significa el gobierno de Dios. Dios auténticamente gobierna así a través de situaciones inesperadas, a través de personas crueles, a través de dolores que no le encontramos una explicación. Dios está, sin embargo, sacando adelante su plan. Lo hizo con Pedro, lo hace con la Iglesia y quiere hacerlo con cada uno de nosotros. Que intercedan estos grandes apóstoles por nuestra vida cristiana y que lleguemos a ser sobre todo discípulos de tan buen Pastor, discípulos de tan gran Maestro. Amén.

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