Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los santos Pedro y Pablo nos muestran de forma complementaria cómo es la Iglesia, que requiere de firmeza y al mismo tiempo de audacia, que es jerárquica y al mismo tiempo es carismática.

Homilía sppd026a, predicada en 20240629, con 6 min. y 38 seg.

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Transcripción:

El Veintinueve de Junio recordamos a los santos apóstoles Pedro y Pablo. Siempre me llamó la atención que siendo cada uno de estos santos tan grande, grande por la obra que Dios hizo en ellos, pues juntáramos dos grandezas. Pero en esto hay mucha sabiduría de la Iglesia, porque como hemos comentado en otras oportunidades, de alguna manera Pedro y Pablo se complementan.

Por ejemplo, Pedro lo asociamos con la roca, lo asociamos con la firmeza, con la estabilidad. Pablo lo asociamos con la misión, el arrojo, la audacia. Y fíjate cómo la Iglesia necesita de ambas cosas. La Iglesia necesita, por una parte, de la firmeza de Pedro, pero también necesita de la audacia de Pablo. Eso es bello. Y ese complemento tiene mucho que enseñarnos.

Nos damos cuenta como Pedro tiene un ministerio que es fundamentalmente jerárquico y no hay que tenerle miedo a la palabra jerarquía, ni hay que tenerle miedo a la palabra poder. El poder es importante en la Iglesia. Por supuesto, hay que saber cómo vivirlo, hay que saber cómo practicarlo. Pero el poder es importante en la Iglesia. Porque fíjate que si el obispo, por ejemplo, no tuviera ningún poder, pues muy probablemente cada quien haría lo que se le diera la gana en su parroquia o también en las comunidades religiosas. Ahora, si el obispo abusa del poder y eso es otra cosa, pero tiene que haber un poder y un poder claro en la Iglesia. Eso es cierto y esa la idea de la jerarquía que tiene que ver precisamente con el poder, pues está asociada fundamentalmente con Pedro, que es el primero llamado a confirmar en la fe a los hermanos y por consiguiente tiene que tener potestad.

Y ya desde los primeros siglos hay testimonios interesantísimos de cómo en las disputas más complejas las iglesias entendían que era necesario el arbitraje y la palabra definitiva que viniera de Roma. Eso demuestra algo. Eso demuestra que tenían conciencia del ministerio de Pedro y tenían conciencia de cómo ese ministerio, pues, era de auténtico poder. Insisto, el poder puede ser mal utilizado, pero en sí mismo es necesario para el ser de la Iglesia. Como la autoridad, por ejemplo, que es una palabra parecida.

En una familia tiene que haber autoridad ya que la autoridad puede degenerar en autoritarismo, que los papás se pueden volver dictadores, que sí, todo eso puede pasar, pero bien entendidas las palabras, en una familia tiene que haber autoridad y en la Iglesia tiene que haber jerarquía. Pero no todo es jerarquía. También necesitamos la iniciativa, necesitamos el paso del espíritu, necesitamos la apertura a las obras nuevas que Dios quiere hacer en cada generación. Y eso precisamente es lo que representa Pablo y que suele resumirse en la palabra carisma. Járisma es una palabra griega que significa don o regalo, porque Jaris quiere decir precisamente gracia. Jaris hace referencia a la gracia.

Entonces, un carisma en un sentido amplísimo es un don de Dios. Y por supuesto, la lista de los carismas, la lista de los regalos de los dones de Dios, no se agota. Eso es inmenso. Y eso nos está mostrando la perpetua fecundidad del Espíritu. Envía tu Espíritu, Señor y renueva la faz de la tierra, rezábamos, por ejemplo, en Pentecostés. Entonces Pablo, que tiene que abordar toda esta situación de distintas comunidades y tiene que escuchar la voz del Espíritu de tantas maneras nuevas. Pues ese Pablo nos está mostrando precisamente la obra, de un modo especial, la obra de los carismas.

Quedémonos con eso que estos dos santos nos están mostrando de un modo complementario, de un modo bellísimo. Nos están mostrando cómo es la Iglesia, que al mismo tiempo requiere de firmeza y de audacia. Es al mismo tiempo jerárquica y carismática. Y esto también nos ayuda a ubicarnos nosotros. Por temperamento, por historia personal, por vocación, quizás algunos de nosotros tendemos más al estilo de Pedro estar en lo firme, en lo establecido y en lo jerárquico. Quizás hay otros que tienen otra inclinación más hacia la audacia, hacia la novedad, hacia el carisma, hacia la creatividad, pues es muy importante que ninguno desprecie el otro y que todos entendamos que nos necesitamos mutuamente. Entonces, si eres súper carismático y te encanta la novedad del Espíritu y cómo Dios va haciendo cosas fantásticas en cada siglo y en cada etapa, pues es muy importante que tú ames lo jerárquico y que te apegues a la jerarquía.

Si por el contrario, tú eres una persona que ama la estabilidad, lo conservador, lo establecido y lo jerárquico, necesitas abrirte al don del Espíritu. Necesitas pedirle al Señor que te abra al don del Espíritu. Y así nos vamos complementando. De modo que esta fiesta, aunque recuerda a personas específicas, nos trae una lección, una luz muy grande sobre cómo es la Iglesia y cómo hemos de ser nosotros en la Iglesia Cuerpo de Cristo.

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