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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a nuestro Dios que sostenga y que haga perfecto testigo de la fe al Papa Francisco y que a nosotros nos de la gracia de responderle con generosidad hasta las últimas consecuencias.
Homilía sppd024a, predicada en 20230629, con 4 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Tres fechas hay en el año en que todos los cristianos somos invitados a orar con particular fervor por nuestro Papa. En este caso por nuestro Papa Francisco. Esas tres fechas son el Veintidós de Febrero, el Veintinueve de Junio y el Nueve de Noviembre. El nombre de estas festividades es el siguiente.
El Veintidós de Febrero celebramos la Cátedra de San Pedro y ahí recordamos al Papa y oramos por el Papa, especialmente como Maestro. El Veintinueve de Junio, recordando el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, oramos por el Papa, especialmente en su calidad de fundamento de la fe, es decir, como aquel que confirma en la fe a sus hermanos. Esto es parte de la misión del Papa y lo podemos llamar como roca de la fe. El primero es maestro de la fe. El segundo es Roca de la fe. El tercer momento es el Nueve de Noviembre en que celebramos lo que podríamos llamar la casa del Papa, es decir, la Basílica de San Juan de Letrán, que es propiamente la Catedral del Papa. ¿Y qué es lo que celebramos ahí? Pues celebramos al Papa como aquel que nos acoge en el nombre de Cristo, en la casa de Dios. Podríamos llamarlo el mayordomo de la casa de Dios. Ese es el encargo que él tiene. Primer administrador de los bienes de la gracia dentro de la Iglesia. Ese es el papel del Papa.
Recordamos al Papa en esas tres fechas como maestro de la fe, como roca de la fe y como mayordomo de la casa de Dios. El Veintinueve de Junio es impresionante porque al recordar al apóstol Pedro. Recordamos a un hombre de carne y hueso, impulsivo, muchas veces generoso muchas veces, pero miedoso también muchas veces, es decir, un hombre tan real como cualquiera de nosotros, un hombre que vivió con intensidad y al mismo tiempo pagando un alto precio, lo que significa el don de la fe. Y yo creo que esa figura de Pedro, ese Pedro que se arriesga y dice Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, pero después le quiere dar consejos a Cristo y entonces Cristo le dice detrás de mí quítate de mi vista, Satanás.
Ese Pedro impulsivo, ese Pedro que es generoso pero que también se equivoca, ese Pedro que se equivoca pero también se arrepiente. Y ese Pedro que se levanta de su arrepentimiento para seguir el camino y que llega finalmente hasta la cumbre del martirio. Ese Pedro es el modelo de todos nosotros, es el modelo de lo que significa realmente creer. De lo que significa realmente apoyarse en el Señor, de lo que significa realmente poner nuestra esperanza en Él.
Alabemos a Dios. Alabemos a Dios por el don de Pedro y alabemos a Dios por todos aquellos, no solamente el Papa, sino por todos aquellos que también con generosidad son capaces de decirle un sí a Cristo, aunque a veces después experimenten que sus solas fuerzas humanas son insuficientes. Pero es que las fuerzas humanas siempre serán insuficientes. Es que nosotros no podemos, con nuestras solas fuerzas, responder a plenitud con todo lo que Dios quiere hacer en nosotros. Alabemos al Señor por su misericordia y pidámosle que sostenga y que haga perfecto testigo de la fe al Papa Francisco, y que a nosotros nos dé la gracia también de responder con generosidad hasta las últimas consecuencias. Amén.

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