|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe..."
Homilía sppd021a, predicada en 20200629, con 19 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos. Siempre me ha parecido que esta hermosa celebración de los apóstoles Pedro y Pablo queda un poco recargada, porque hay tanto que podríamos decir de cada uno de estos apóstoles que con razón han sido vistos como columnas de la Iglesia. Así, por ejemplo, en alguna ocasión a nuestro fundador yo soy dominico, a Santo Domingo de Guzmán se le apareció el apóstol Pedro y a su lado el apóstol Pablo, como indicándole la misión de Iglesia que tenía Santo Domingo de Guzmán. Son grandes cada uno de ellos.
Y a veces en este encargo de la predicación uno no sabe exactamente dónde poner el énfasis. A veces se puede ir toda la predicación solo en Pedro, o solo en Pablo. O en las maneras, de modos diversos, estos dos grandes se complementan. En esta ocasión permítanme que le demos una mirada al apóstol Pablo pensando sobre todo en el texto de la segunda lectura. Este texto proviene de una carta, es la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo. Y cuando Pablo le escribe a Timoteo, las circunstancias de su vida son absolutamente dramáticas.
Recordemos lo que se leyó hace un momento, le dice Pablo a Timoteo yo estoy a punto de ser sacrificado, el momento de mi partida es inminente. No es una exageración lo que está diciendo Pablo. Efectivamente, él murió mártir. Fue decapitado a las afueras de la ciudad de Roma. Por cierto, en una época muy próxima, en un tiempo muy próximo a la muerte del apóstol Pedro. Cuando una persona está llegando al borde de la muerte, sus palabras adquieren una profundidad, una trascendencia que no debemos dejar de lado. La persona que siente que tiene mucho tiempo tal vez desperdicia ese tiempo y sus fuerzas y sus palabras. Muchas palabras necias decimos a lo largo de nuestra vida. Pero cuando sabes que te quedan unos pocos días o incluso unas pocas horas de vida. Seguramente ya no vas a decir cualquier tontería. Ya intentas hablar dejando en quien te oiga aquello que consideras más importante, lo que es esencial. Podríamos decir tu testamento. Y eso es lo que contiene en buena parte la segunda carta de San Pablo a Timoteo, el testamento espiritual de este gran hombre.
De todo lo que dice Pablo, quiero concentrarme en tres verbos que él mismo usa para describir lo que ha sido su vida como cristiano. Porque si hay alguien que es modelo de seguimiento de Cristo, de fidelidad a Cristo, de entrega a Cristo, es este apóstol Pablo. Y mira los verbos que utiliza. He combatido bien mi combate. He corrido hasta la meta. He mantenido la fe. Esos verbos describen lo que ha sido su vida. En cuanto a su futuro, tenemos que fijarnos en la frase que sigue. Ahora me aguarda la corona merecida con la que el Señor me premiará en aquel día. Ya este hombre realmente está viendo a la muerte, la está viendo cara a cara, pero no la ve como vencedora, sino ve únicamente a la muerte como aquella que le permite entrar en la verdadera vida donde le aguarda la corona merecida.
Así que los tres verbos en los que nos estamos fijando de verdad condensan la manera como él vio su vida. Y esto nos importa mucho, porque si él vio su vida de esta manera, pues quiere decir que hay un mensaje también para que nosotros, que también creemos en Cristo, miremos cómo estamos viviendo y quiénes somos ante Él. Volvamos a esos verbos. He combatido bien mi combate, He corrido hasta la meta. He mantenido la fe.
Cada uno de estos verbos corresponde a una imagen de lo que es la vida cristiana. La vida cristiana es combate. La vida cristiana es avanzar y no de cualquier manera correr hacia una meta. La vida cristiana es sostenerse, mantener la fe, perseverar en la fe. Combatir, avanzar, perseverar. Tres verbos claves para entender lo que es la vida cristiana. Por supuesto, si hablamos de combate, hay que preguntarse ¿combatir contra qué o contra quién? Si hablamos de una carrera, hay que preguntarse ¿por qué camino y hacia qué lugar? Y si hablamos de mantener la fe, hay que preguntarse ¿en dónde está descrita, condensada, expresada esa fe?
¿Cuál es el combate al que se refiere Pablo? Leyendo el libro de los Hechos de los Apóstoles y leyendo las cartas del mismo Pablo, uno podría dar distintas respuestas porque fueron muchas las adversidades por las que tuvo que pasar. Sufrió enfermedad, sufrió como todos nosotros tentación, sufrió la oposición de sus enemigos, sufrió las inclemencias del tiempo y también sufrió hambre y sed y privación del sueño. Fueron muchas las cosas contra las que tuvo que combatir, pero seguramente que si él habla en singular y si él dice he combatido bien mi combate, no dice he combatido bien así en general, ni tampoco dice he combatido bien lo que me ha tocado o mis combates en plural. Si él utiliza el singular es porque debe haber algo específico. Debe haber algo singular que describe bien lo que ha sido la batalla espiritual que él ha sostenido.
¿Cuál puede ser este combate específico? Cuando digo estas palabras, me acuerdo de la oración cristiana por excelencia, es decir, el Padrenuestro. Cuando nosotros terminamos el Padrenuestro, usamos siempre la frase que nos enseñó Jesucristo. No nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Cuando nosotros hablamos, cuando repetimos estas palabras de Cristo, haciéndolas nuestras, no decimos no nos dejes caer en las tentaciones, no nos dejes caer en las muchas tentaciones que podemos tener, sino decimos no nos dejes caer en tentación.
Por supuesto, esta palabra que utilizamos proviene del original griego, dicho sea entre paréntesis. Hay personas que difunden mucho una versión de un padre nuestro en arameo. Debe decirse que esa versión en arameo es simplemente una reconstrucción probable, una especie de retrotraducción a partir del griego, porque el texto oficial, el texto que sirve de base para todos los cristianos es el texto griego. No tenemos otro texto. Y lo que se diga del arameo por ejemplo o del hebreo, que habrá quien quiera hacer una retrotraducción al hebreo. Esas son conjeturas, son suposiciones. Texto oficial es el texto griego y en el texto griego se dice kai mé eisenegkés hémas eis peirasmon. Eis peirasmon está en singular. Et ne nos indúcas in tentatiónem dice el latín también en singular. No se dice in temptationes, que sería el plural latino, sino in tentatiónem. Entonces debe tratarse de una tentación. Y lo mismo dice líbranos del mal. Alla rysai hemas apo tou ponerou, líbranos del mal.
Entonces, entre las muchas tentaciones hay una tentación y entre los muchos combates hay un combate. Y ese combate ¿cuál es? Bueno, recordemos más frases del apóstol San Pablo en el Capítulo Octavo de la Carta a los Romanos. Él, por ejemplo, hace una lista, podríamos decir, de las cosas que atacan al cristiano. Es un texto bellísimo. Por favor, no te lo pierdas. En ese texto tan hermoso dice lo siguiente: ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? Y hace una lista. La guerra, la necesidad, la espada y la lista sigue. La puedes leer. Te repito Capítulo Octavo de la Carta a los Romanos. Pero observemos cómo empieza esa enumeración. ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? Luego concluye, después de hacer su lista, concluye Pablo diciendo estoy seguro de que nada, ni la muerte, ni la vida, nada podrá separarnos del amor de Cristo. Y vuelve a utilizar el mismo verbo, separarnos de Cristo. Ese es el combate. El combate es ese todo lo que quiere separarte de Cristo, tenga el nombre que tenga. Disfrácese como se disfrace, venga de donde venga. Lo que te quiere separar de Cristo, ese es tu combate. Porque el enemigo malo tiene mil formas, mil formas de disfrazarse.
En este mismo espacio hemos comentado cómo, según la enseñanza docta de San Juan de la Cruz el gran reformador del Carmelo. Según esa enseñanza. Nosotros podemos tener la tentación de apartarnos del camino de Dios por las flores o por las fieras. Esto lo hemos mencionado otras veces. Las flores son los placeres y los ídolos que nos seducen. Las fieras son los miedos que tratan de meternos en nuestro corazón como para que nos acobardemos y no sigamos. Entonces, lo que uno debe tener claro es que el enemigo es siempre el mismo y el enemigo quiere una sola cosa, que fue la manera como atacó a Cristo en la cruz y es la manera como quiere atacarnos a nosotros.
Separarte de Cristo es como si el demonio dijera si para separar a este hombre de Cristo tengo que volverlo adicto a lo que sea, qué se yo, alcohol, dinero, sexo, lo que sea. Por ese lado le voy a caer. Si no es por el lado de las seducciones. Voy a tratar de acobardarlo y voy a tratar de acobardarlo llenándolo de miedo, que va a ser perseguido, que se va a quedar solo, que va a fracasar, que no logrará lo que quiere. Al enemigo le importa muy poco qué vestido tiene que ponerse con tal de destruir tu unión con Cristo. Pero el combate es ese. La tentación es esa. El mal, ese mal del que pedimos ser liberados en el Padrenuestro, es ese, exactamente ese, ser separados de Cristo.
Entonces el combate de uno ¿Cuál es? El combate de uno es yo no me dejo separar de Cristo, no me dejo, no me dejo. Vienen cosas agradables y parece que la gente me quiere y parece que soy bien recibido. Bendito sea Dios. Pero si el precio que tengo que pagar para que me quieran y me valoren y me aplaudan, si el precio es que yo me aparte de Jesús, váyanse lejos de mí. Nada quiero con ustedes, si ustedes me van a separar de Cristo. Ese es el combate.
Y ya eso nos responde también la pregunta de ¿Cuál es el camino? Porque el apóstol Pablo dijo he corrido hasta la meta. El camino queda claro, el camino es permanecer unidos al amor de Jesucristo. Ese es el amor, ese es el camino. Eso no tiene duda. Y la meta, entonces, ¿Cuál es? Pues nos enseña Santo Tomás de Aquino y con él muchos otros santos doctores, nos enseña Tomás de Aquino El fruto del amor es el mismo fruto del Sacramento Eucarístico. Ese fruto ¿Cual es? Unión. Entonces la meta ¿Cuál es? Qué es lo que yo busco, con ese no separarme del amor de Cristo, unirme cada vez más a Él. Lo vivió el apóstol San Pablo. Claro que sí. Por eso dijo el apóstol San Pablo en un momento dado lo dice Capítulo Segundo de la Carta a los Gálatas. Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Esa es la meta. La meta es la unión con Jesucristo. De manera que cualquier cosa que me suceda a mí tenga por una parte la defensa de Cristo, pero también tenga el valor sacrificial, valor sacrificial que solo tiene Cristo.
Me explico, cuando estamos distantes de Cristo, lo que nosotros sufrimos, lo sufrimos únicamente en nosotros. Pero cuando estamos unidos al Señor, cuando estamos pegados a Él, entonces lo que nosotros sufrimos queda unido al sufrimiento de Él. Y por eso enseña también Pablo, precisamente en sus cartas a Timoteo si sufrimos con Él, unidos a Él, reinaremos con Él. Es la razón por la que también en el pasaje que hemos oído hoy, el apóstol Pablo dice que es necesario este sufrir. Pero luego dice me aguarda la corona. ¿Quiénes tienen esa corona? Los que reinan con Cristo. Si sufrimos con Cristo, reinaremos con Él. Entonces la meta ¿Cuál es? Correr hacia la meta, ¿Qué es? Buscar cada vez con mayor amor, cada vez con mayor intensidad, buscar la unión con Cristo. Y esto también nos enseña qué es ese perseverar. He mantenido la fe.
Queda muy claro en lo que hemos dicho del combate y lo que hemos dicho de la carrera. Queda muy claro que básicamente el nombre del juego es permanecer, que es lo que aparece sobre todo en el Capítulo Quince de San Juan. Permaneced en mi amor, dice Jesús en ese capítulo. Si mis palabras permanecen en vosotros, si permanecéis en mí, daréis fruto, un fruto que permanezca, hermosísimo. Ahora bien, ¿Qué significa esto de permanecer en la fe, específicamente en la fe? Como nos enseña el mismo apóstol Pablo en el Capítulo Décimo de la Carta a los Romanos. Permanecer en la fe significa proclamar a Jesús como Señor. ¿Y qué quiere decir, entonces permanecer en la fe? Quiere decir que cuando las cosas vayan bien, Él es mi Señor. Y si las cosas van mal, Él es mi Señor. Si soy bien amado, bien querido, bien recibido, Él es mi Señor, a Él la gloria. Si soy maltratado, olvidado, marginado, excluido, Él es mi Señor. Eso es mantener la fe. Proclamar a Cristo como Señor de mi vida en cada momento, en cada etapa. Eso es permanecer en la fe. Y de eso se trata. Ese es el nombre de la vida cristiana.
Mis amados hermanos, estas son preciosas, preciosas enseñanzas que nos deja el apóstol Pablo. Un verdadero cristiano, un verdadero seguidor de Jesucristo. Que la alabanza, que la gloria sea para nuestro Señor en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|