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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nosotros pertenecemos a la Iglesia de Pedro y Pablo que a precio de su sangre nos dieron la victoria definitiva sobre del lugar del destierro; lugar de corrupción, degenere e idolatría.

Homilía sppd019a, predicada en 20190629, con 7 min. y 27 seg.

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Transcripción:

El Veintinueve de Junio nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo. Cualquiera que lea el libro de los Hechos de los Apóstoles se da cuenta que estos dos apóstoles son muy diversos en muchísimos sentidos. Uno ve que Pedro pertenece al grupo de los doce que fueron elegidos por Cristo. Pablo, en cambio, no pertenece a ese grupo y sin embargo está asociado, vivamente asociado a la vida y a la misión de los apóstoles. Por qué, siendo tan distintos en tantos aspectos, ¿Por qué se celebran juntos? Una de las razones es porque tanto Pedro como Pablo ofrecieron su vida en sacrificio, dieron, vertieron su sangre como libación en la ciudad de Roma.

En esta ocasión, hermanos, quiero invitarlos a que reflexionemos un poco en una pregunta que parece pregunta de niño, pero es que a veces los niños hacen las mejores preguntas. Entonces un niño pregunta ¿Y por qué Pedro se fue a Roma? Y otro niño puede preguntar ¿Por qué Pablo se fue a Roma? Vamos a plantearlo de esta otra manera. Habiendo tantos lugares en que la vida hubiera podido ser mucho más tranquila, incluso desde un punto de vista puramente humano, mucho más productiva, mucho más larga. ¿Por qué Pedro y después Pablo llegan a Roma? ¿Por qué? ¿Qué tenía Roma de especial? Hay que recordar, ante todo, que cuando Pedro llega a Roma ya existía una comunidad cristiana allá. Mucho más cuando Pablo llega a Roma. De hecho, Pablo, antes de ir a Roma, escribe la carta que nosotros conocemos como carta de San Pablo a los Romanos, es decir, a los cristianos que ya vivían en Roma.

Los orígenes de la comunidad cristiana de Roma son muy difíciles de esclarecer. Todo parece indicar que la fe cristiana llegó a Roma, como diría el Papa Francisco, por las periferias, y que la comunidad que se fue formando allá fue una comunidad desde el principio, muy humilde, muy humillada, muy marginada y bastante perseguida. ¿Por qué Pedro y Pablo van a Roma? Esa pregunta hay que responderla. ¿Qué significaba Roma para ellos? Bueno, gracias a Dios, sí tenemos una respuesta a esta otra pregunta. Sabemos que tanto Pedro como Pablo son judíos. Sabemos que tanto Pedro como Pablo conocían bien las Escrituras. Bueno, propiamente Pedro no era judío, Pedro era Galileo. Pero nos entendemos. Es de la raza de Abraham, era hebreo. Entonces Pedro y Pablo conocen bien las Escrituras, son hebreos, son miembros del pueblo elegido y ellos conocen que en todas las Escrituras el peor acontecimiento es el destierro a Babilonia.

Nota aclaratoria. Para ellos tanto Pedro como Pablo, las Escrituras. Cuando ellos hablan de las Escrituras, hablan de lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento. Entonces ellos conocían las Escrituras y ellos sabían que el peor y más triste acontecimiento de todo el Antiguo Testamento era el destierro a Babilonia. Y también sabían qué significaba Babilonia. Babilonia tierra de castigo, Babilonia tierra de idolatría, Babilonia tierra de humillación. Babilonia tierra en la que fueron peor tratados que en su tiempo de esclavitud en Egipto. ¿Y cómo llaman los cristianos de aquella época a Roma? Roma es la nueva Babilonia.

¿A qué van Pedro y Pablo a Roma? A vencer a la nueva Babilonia. ¿A qué van Pedro y Pablo a Roma? A realizar en la nueva Babilonia el retorno del destierro definitivo. Esto tiene una espiritualidad tan bella, tan profunda y pocas veces se menciona. Si nosotros vemos el libro de Isaías a partir del Capítulo Cuarenta hasta el final, nos damos cuenta, y lo mismo encontramos en Ezequiel, y lo mismo encontramos en Jeremías. En fin, en tantos lugares de la Escritura nosotros nos damos cuenta que la gran victoria de Dios va a ser el retorno del destierro, es decir, vencer a Babilonia. Es la demostración de quién es el verdadero Dios.

Si el primer éxodo fue salir de Egipto, Dios a través de sus profetas, habla de un nuevo éxodo. Y dicen los profetas este nuevo éxodo será más glorioso que el primero. Y ese nuevo éxodo es cuando Dios saca a su pueblo de Babilonia. Pero ahora hay una nueva Babilonia. Y sacar al pueblo, sacar en éxodo espiritual, sacar que no significa sacarlo físicamente, porque eso ya no es lo importante, la geografía, sino sacar significa hacer victorioso al pueblo por encima de la nueva Babilonia. Esa es la consigna de Pedro y esa es la consigna de Pablo.

Eso explica por qué Pablo, en el Capítulo Primero de la Carta a los Romanos dice: muchas veces he querido ir a visitarlos. ¿A qué iba allá? Pues Pablo iba a la nueva Babilonia, que es Roma, lugar de corrupción, lugar de idolatría, lugar de degeneración. Va a realizar en el nombre de Cristo el definitivo éxodo del pueblo de Dios. Por eso Roma es la ciudad de la gran victoria de Dios, y por eso la muerte de estos apóstoles señala la gran victoria de Dios. Y por eso nosotros nos llamamos Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. Ese romano, esa referencia a Roma, lo que está indicando es la victoria definitiva sobre la nueva Babilonia.

Nosotros pertenecemos a la Iglesia que ha vencido definitivamente a Babilonia. A eso fueron Pedro y Pablo y a precio de su sangre lo lograron en favor de todos nosotros. La gloria para ellos y la bendición para el Dios Altísimo. Amén.

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