Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuatro enseñanzas de la vida y la labor de san Pablo, para aplicarlas a nuestro tiempo.

Homilía sppd015a, predicada en 20150629, con 16 min. y 6 seg.

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Transcripción:

Nuestra Santa Iglesia celebra en una misma solemnidad a dos grandes columnas de nuestra fe: los apóstoles Pedro y Pablo. Ayer, en la Misa que se llama de la Vigilia, hicimos una reflexión sobre Pedro, su lugar único en el plan de Cristo y lo que significa esa bendición tan grande para el Paraguay. Viene el sucesor de Pedro. Estamos ya a pocos días de la llegada del Papa Francisco. Esa fue la reflexión de ayer.

Hoy, entonces, conviene meditar un poco en la figura de Pablo, porque esta es solemnidad también suya. Pablo es llamado por la Iglesia el gran Apóstol de los gentiles, es decir, los pueblos no judíos. Pablo es el encargado, podríamos decir, por el Espíritu Santo, para abrir caminos a la Buena Nueva, fundando comunidades de creyentes en medio de un mundo que no conocía la alianza de Moisés y que solamente tenía prejuicios, desconfianza y desprecio hacia el pueblo judío.

Así que lo primero que hay que reflexionar al mencionar a San Pablo es la magnitud de la tarea que le fue encomendada. Él no podía convertir él solo a todas las naciones, pero sí dejó a aquellas comunidades que fueron el comienzo de la evangelización del mundo antiguo. Y de esas comunidades viene también nuestra fe. Nosotros hemos escuchado muchas veces Carta de San Pablo a los Corintios, a los Filipenses, a los Efesios, a los Gálatas. Todas esas son comunidades que deben su vida a este gran apóstol, a San Pablo. Otras, aunque no fueron propiamente fundadas por él, recibieron preciosas enseñanzas que siguen siendo también alimento para nosotros. El caso más notable es el de la comunidad de los cristianos de Roma. No fue Pablo el fundador de esa comunidad. Pero les escribió una carta que es la más extensa de toda la Biblia, la carta a los Romanos.

Esa fue la gran tarea que recibió Pablo y es muy importante darse cuenta que esa tarea rebasaba completamente sus fuerzas y las de cualquier persona. Se trataba de abrir camino anunciando la grandeza de un Dios que se humilla. La santidad de un Dios que muere como un criminal. La justicia de un Dios que tolera ser maltratado. La sabiduría de un Dios que muere en silencio, crucificado cuando era patente a todos que ese era el peor y más humillante de los castigos. Ese es el mensaje que lleva Pablo. Ese es el Dios, el Dios verdadero del que él tiene que hablar. Y por eso, porque la tarea es inmensa y el mensaje difícil. Bendito sea el Señor, Pablo no se apoyó en sus propias fuerzas.

Resumiendo lo que había sido su misión. Por ejemplo, entre los Corintios, que fue una de las comunidades donde él estuvo más tiempo. El Nuevo Testamento nos dice que estuvo cerca de año y medio, allá enseñando a la comunidad de Corinto. Resumiendo su tarea, dijo que él no pretendía ser sabio según la sabiduría de este mundo. Por ejemplo, según la sabiduría de las escuelas filosóficas de los griegos, él no había buscado esa clase de sabiduría. Él se había apoyado en la sabiduría de la cruz y en el poder del Espíritu Santo. Y por eso la predicación de Pablo estuvo acompañada de grandes señales desde el principio, desde cuando él era el acompañante de otro gran hombre llamado Bernabé.

Pablo empezó como acompañante de Bernabé, pero después los dones de su liderazgo recibieron un nuevo impulso y ya empezó él a dirigir más bien el trabajo misionero. Así que primera cosa. La tarea de la evangelización es inmensa y ardua. Segunda cosa. La evangelización se realiza desde la cruz y el poder del Espíritu. Tercera cosa. Pablo aprovecha al máximo los dos recursos que tiene. Como él es judío, tiene entrada fácil a las sinagogas de los judíos. Como es ciudadano romano y como conoce muy bien la cultura del imperio, sabe cómo moverse en el derecho romano y como moverse también en las vías terrestres y acuáticas del imperio. Pablo pone en función de la tarea del Evangelio todo ese conocimiento. Como judío, domina las Escrituras, prácticamente no ha hecho otra cosa en la vida, sino estudiar, estudiar y estudiar las Escrituras. Todo ese conocimiento, él lo pone ahora al servicio de proclamar que en Cristo se cumplen las Escrituras y que Cristo es el Mesías. Pablo conoce bien el sistema de vida, los caminos, las vías y recursos acuáticos y terrestres del Imperio Romano. Se mueve fácilmente, se mueve con agilidad en ese medio. Entonces utiliza lo que sabe del Imperio para moverse y utiliza lo que sabe del judaísmo para tener donde llegar.

En cuarto lugar, es necesario destacar cómo este apóstol cuando las cosas salen mal, porque es rechazado en muchas de estas sinagogas, no se sienta a llorar su fracaso, sino que más bien está abierto a la acción del Espíritu y comprende que el Espíritu lo lleva a algo totalmente nuevo, a fundar comunidades, como ya dijimos, en medio de los pueblos paganos. Así que estas son las cuatro enseñanzas que sacamos recordando al apóstol Pablo.

Primera. La evangelización es grande y es tarea ardua. Segunda. Se evangeliza desde la cruz y el poder del Espíritu. Tercera. Uno tiene que poner en juego los talentos que tiene, sin estar lamentándose por lo que no tiene. Cuarto. Si las cosas salen mal significa que se cerró una puerta. Dios abrirá alguna otra. Esas cuatro enseñanzas uno las puede aplicar también para sí mismo, no solamente para los sacerdotes o para los seminaristas, no solamente para las religiosas y los misioneros. Hoy todos tenemos que ser evangelizadores. En su última reunión general, los obispos de América Latina y el Caribe nos dijeron que todos teníamos que ser discípulos y teníamos que ser misioneros. De modo que en eso no hay discusión. Así que todos podemos aprender de San Pablo.

Vamos a aplicar brevemente estos cuatro puntos a la vida típica de un católico. Primero, la evangelización es ardua. Es algo grande. También es nuestra época es algo muy grande. Pensemos, por ejemplo, un padre de familia que tiene que evangelizar a los hijos. Los papás tienen que contarles a los hijos que vale la pena ser sincero, honrado, puro de cuerpo y alma, humilde, orante, servicial. Y tienen que enseñar eso a sus hijos cuando el mundo les está gritando no seas tonto, vive en el orgullo, en la codicia, haz trampa y no pierdas oportunidad de disfrutar a cualquier pareja que te encuentres. Por eso, si nos desanimamos a veces, recordemos a San Pablo. ¡Qué mundo le tocó a este hombre! No le tocó nada fácil. Así que también para nosotros la tarea es ardua. La tarea de los papás es difícil. La tarea de los maestros es difícil. Si alguno de ustedes trabaja en el gobierno, sabe que llevar la verdad de Cristo a las leyes, a los juzgados, a las decisiones ejecutivas del gobierno, no es fácil. Entonces hay una tarea ardua. Eso nos lo podemos aplicar todos. A mí también me toca difícil. A este hombre, si sigue en su formación sacerdotal le va a tocar duro. A todos nos toca duro, pero todos tenemos que aportar. Así que ese primer punto se cumple.

Segundo, aunque es verdad que todos tenemos que prepararnos, sin poder del Espíritu Santo, no se puede romper esa barrera. Esta es la única Iglesia que yo conozco que tiene así el muro roto por el poder del Espíritu Santo. Se necesita esa fuerza del Espíritu Santo. Necesitamos invocar a ese que es el verdadero misionero, porque es el Espíritu Santo el único que logra las conversiones. Una conversión no es un proceso simple de discusión filosófica, ni es el fruto automático de un plan pastoral. Cada conversión tiene el precio de la sangre de Cristo. Y cada conversión es el fruto de la acción del Espíritu.

Así que este segundo elemento nos lanza inmediatamente a la oración. No podemos avanzar sino con el poder del Espíritu. Y nos lanza, como a San Pablo, al misterio de la cruz. Eso significa que no esperemos que la evangelización suceda en medio de aplausos. La condición normal del cristiano es que haya cierto rechazo, que haya cierta antipatía. En un grupo de oración, allá en mi país, me acuerdo mucho la expresión de una jovencita que en ese momento tendría unos catorce o quince años y ya sus compañeras de colegio se burlaban, le decían que si era qué iba a ser monja, como si eso fuera una peste, ser monja, que si es que vas a ser monja tan ridícula. Tenemos un chiste muy bueno, pero ese no se puede echar delante de ésta, porque como ella es tan buena y como ella es tan pura. Y se burlaban y se burlaban. Y esta chica se sentía rara, aislada, marginada. Así nos va a pasar a todos. Pero es importante que cuando llegue el momento de la cruz, nosotros no dejemos solo a Cristo.

Lo mismo le pasa al sacerdote. Si un sacerdote es fiel predicando lo que enseña la Iglesia sobre todos estos temas tan difíciles, tan controvertidos, tan complicados hoy, anticonceptivos, aborto, matrimonio gay. Si un sacerdote predica en eso, lo crucifican y se burlan de él. Esta mañana en mi perfil de Facebook me llegó un mensaje de un señor por una cosa que escribí sobre el desastre legal de Estados Unidos aprobando el matrimonio gay. Me escribió un señor que yo ni conozco y me dijo tu religión se va a quedar sin gente, se van a quedar sin nada. Ustedes son los perdedores. Y me metió una insultada como de media página. Yo que sentí en mi corazón. Bendito sea Dios, estoy empezando a ser discípulo de Cristo.

Tercer punto. Utilice los elementos que usted tiene. San Pablo utilizó el hecho de que él era bilingüe y probablemente trilingüe. Entonces usted utilice todo el guaraní que tenga. Utilice todo el español que tenga el inglés que tenga. Utilice no solo sus idiomas. Utilice sus conocimientos técnicos. Utilice su formación en la fe. Utilice sus recursos, sus amistades, sea inteligente, ponga a funcionar su cabeza a ver cómo es que usted va a ayudar en la propagación del Evangelio.

Y el cuarto punto, si las cosas a veces salen mal y siempre hay cosas que salen mal, nada de desanimarse, solamente pensar, Dios de algún modo tiene que mostrarme el camino y lo que yo llamo fracaso a veces es simplemente Dios diciéndome por aquí no es vaya por allá. Pregúntele usted a cualquier párroco que ya tenga unos cuantos años y le dirá que a lo largo de sus años de vida sacerdotal no todas las cosas le han salido bien. Yo, como también llevo ya veintitrés años de sacerdote, yo sé eso. Hay veces que uno se anima y dice vamos a hacer este plan, vamos a hacer este grupo, vamos a hacer esto. Nada, no salió. Y uno queda tentado de sentarse a llorar. No, señor. O si acaso llora, llore poquito delante de Dios. Levántese y siga. ¿Qué significa que ese plan no me funcionó? Que hay que buscar por otro lado y buscar por otro lado y buscar por otro lado. Y la muerte nos tiene que encontrar buscándole el lado al corazón de Cristo y buscándole el lado al corazón de nuestra gente.

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