Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aunque es único el ministerio que Pedro recibió de Cristo, su fe es referencia y modelo para todos los creyentes.

Homilía sppd013a, predicada en 20140629, con 15 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. Muchas veces me he preguntado desde mi juventud cómo fue que se le ocurrió a la Iglesia juntar a dos apóstoles tan grandes en una sola celebración. Porque puede pasarse uno muy bien todo el día reflexionando sobre la figura de Pedro o todo el día sobre la figura de Pablo. Podríamos decir que este es un banquete sobreabundante, el que nos presenta la Iglesia, y por lo menos mi experiencia en la predicación ha sido que algunas veces hablas de la relación que hay entre ambos y el contraste. Otras veces te vas más por Pablo y otras veces te quedas más con Pedro.

En esta ocasión, hermanos, quisiera detenerme en la figura de Pedro. Hay que subrayar que Jesús llama a Pedro piedra y lo constituye en cimiento. En el momento en el que Pedro conecta con Dios, es decir, Pedro dice Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Cristo le responde Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre. Cuando Pedro está abierto a la acción de Dios, cuando Pedro es sensible a la revelación de Dios, cuando Pedro está apoyado en Dios, entonces Dios apoya su obra en Pedro. Este es el centro de lo que quiero compartir. Repito, cuando Pedro se apoya en Dios, Dios apoya su obra en Pedro. Cuando Pedro es sensible a la revelación y a la palabra del Señor, entonces el Señor hace fuerte, hace consistente la voz de Pedro. Observemos lo que esto significa en la persona de este apóstol y lo que significa para nosotros.

Tercera vez intento decirlo. Pedro se abre a la acción de Dios, se hace sensible a la obra de Dios, se apoya en la revelación de Dios, y entonces Dios apoya su obra, su iglesia en la fe de Pedro, en la persona de Pedro. Ese es el orden que nos interesa en esto. Lo podemos traducir de esta otra manera. En la medida en que nos apoyamos, gracias al don de la fe, en la medida en que nos apoyamos en Dios, nos volvemos útiles para Dios, en la medida en que nos unimos por la fe al único que es firme, porque solo Dios es firme. Como le dijo él a Santa Catalina de Siena, se mostró como aquel que es, y nosotros somos los que no somos. En la medida en que nos apoyamos en el Dios firme a través del don de la fe, nosotros recibimos de esa firmeza para ser también piedras vivas, como nos dice este mismo apóstol en su epístola, es decir, para que Dios pueda contar con nosotros en la medida en que nosotros nos entregamos y apoyamos y acogemos con fe el mensaje de salvación. En esa misma medida nos volvemos útiles para Él. En esa misma medida Él puede contar con nosotros en esa misma medida somos piedras vivas de su templo y sobre nosotros también se puede edificar.

Es muy significativo que sea precisamente este apóstol el que fue llamado piedra, el que nos invita a nosotros en su carta, que nosotros seamos piedras vivas. Fíjate, Pedro te invita a que seas Pedro. Por eso este mensaje no me lo estoy inventando yo. Lo que él vivió de una manera única y para todas las comunidades y para todos los tiempos, lo que él vivió. De ese modo singular estamos llamados a vivirlo también nosotros. Nosotros somos llamados hoy a ser también Pedros, y cada uno podría añadir el nombre de Pedro a su propio nombre. Así como en algunas comunidades y en algunos lugares se acostumbran a añadir apelativos, por ejemplo, de Jesús del Santísimo Sacramento o el nombre de María, que suelen añadir o solían añadir los dominicos franceses si el joven se llamaba Dominique Cheny. Entonces ahora se llama Marie Dominique Cheny y le ponen el Marie a todos los nombres. Pues lo mismo el cristiano tiene que unir el nombre de Pedro a su propio nombre. Cada uno tiene que ser Pedro. Cada uno tiene que aprender de este apóstol a arrojarse con confianza en el plan de Dios. A creer con viva fe, a creer con completo corazón aquello que Dios nos muestra. Y en la medida en que recibimos así el Evangelio de salvación, nos apegamos al que es firme, y nos volvemos también nosotros firmes para que pueda construirse sobre nosotros.

No se nos olvide, hermanos, que así como nosotros nos apoyamos en la fe de los santos y de los mártires, y en último término en la fe de los apóstoles, también Dios en su providencia, quiere usarnos a nosotros para que otros se apoyen también en nosotros. Por eso es tan bella la comparación con el templo. Se ve muy claramente aquí. Esas hermosas, voluminosas columnas claramente se apoyan sobre un cimiento que está más hondo, pero a su vez, esas columnas soportan los arcos y esos arcos soportan aquellos vitrales y ventanas hasta coronar, hasta lo último del techo y de lo que corresponda a cada diseño. Esos somos también nosotros. Así que la primera aplicación de esta lectura de estas lecturas para hoy es recoger el ejemplo de Pedro, una fe total, una fe que le permita a Dios contar contigo.

Observemos que esto no tiene horario. Yo me imagino la preocupación del párroco de esta iglesia si esa columna se pusiera a horario. ¿Tú sabes cómo es una columna con horario? Yo voy a hacer columna hasta las nueve de la tarde o de la noche y vuelvo a ser columna a las seis de la mañana. Y dice el párroco ¿Y yo qué hago de nueve de la noche a seis de la mañana? ¿Qué hago yo con todo ese arco y con todo eso? El cristiano, entendámoslo de una vez, el cristiano es cristiano de todas las horas. El cristiano es cristiano de todos los lugares, de todas las estaciones y de todas las circunstancias. Y la pregunta que hoy te está haciendo el Señor es si puede contar contigo o si tú eres un cristiano con horario. Si tú eres un cristiano que se daba desde su fe cristiana, si tú eres un cristiano que descansa entre comillas de Cristo en el verano. Si tú eres un cristiano que descansa de Cristo cuando se mete a la discoteca. Si tú eres un cristiano que descansa de Cristo, cuando enciende el ordenador y se pone a navegar por aguas sucias, que también las hay en internet, que si tú eres cristiano de todas horas o solo de algunas horas. Si tú eres cristiano con horario, no se puede contar contigo porque las columnas con horario no le sirven al párroco, no le sirven a la comunidad, no le sirven a la Iglesia. Tenemos que aprender a ser cristianos sin horario, cristianos de un sitio tal, cristianos en los que se puede confiar y en los que se puede apoyar la fe de otros a cualquier hora. Y esa es la grandeza de los santos.

Cómo me ha gustado que hemos empezado esta celebración, como nos ha dicho el Padre Chema, que hemos entrado aquí invocando, celebrando la santidad de la Iglesia. ¿Quiénes son esos hombres y mujeres que estábamos recordando? Son los de todas horas. Esa Felicidad y Perpetua y Francisco y Domingo y Teresa y Juan de la Cruz y Juan Veintitrés y Juan Pablo Segundo. Los últimos que mencionó. ¿Quiénes son? Son los de todas horas. Son aquellos en los que se puede confiar. Son la gente de la que se puede uno fiar. Y eso es lo que está necesitando nuestra Iglesia. Eso es lo que nos reclama el apóstol Pedro, y esa es la vocación que cada uno de nosotros tiene, porque cada uno se llama Nelson Pedro, Juan Pedro, Francisco Pedro, porque tú también tienes que ser piedra. Es el primer punto en nuestra predicación de hoy.

Y el segundo y último punto bien diferente, apoyado en la primera lectura. No se nos olvide, hermanos. El arma que todo cristiano tiene que utilizar para defender al sucesor de Pedro. Cuando Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia oraba insistentemente por él. Puede decirse que la Iglesia velaba mientras Pedro dormía, que la Iglesia cuidaba el sueño de Pedro. La vida de Pedro. El futuro de Pedro. Hemos de entender, hermanos, que hay que rodear de oración al sucesor de Pedro. Es mucho lo que depende. Por supuesto, sabemos que la Iglesia, como nos lo recordó el Papa Benedicto, no es del Papa. El Papa es de la Iglesia. La Iglesia no es del Papa, pero sí tenemos que rodear con nuestra oración a la persona del sucesor de Pedro.

Yo pensaba en estas cadenas y pensaba en estas cárceles. Y pienso que también los poderes de este mundo quieren secuestrar al Papa. No, no estoy hablando de ninguna teoría extraña de conspiración que quieren ahora entrar al Vaticano y secuestrar a Francisco. No me refiero a eso. Quieren secuestrar al Papa y quieren encarcelar al Papa porque quieren matricularlo en alguna cosa. Que es neoconservador, que es progresista, que es liberación, que por latino hace esto, que porque quiere complacer a unos o a los otros, que porque es muy él mismo. Esa necesidad nuestra de etiquetar es como la necesidad de encasillar y la necesidad de encarcelar a las personas. Hay muchos que quieren recoger las palabras del Papa Francisco, como secuestrando la persona del Papa, como diciendo bueno, ahora que acabó el tiempo de Benedicto, ahora llegó nuestro tiempo, ahora este es nuestro Papa. Hermanos, nada más alejado de la fe católica, esa no es nuestra fe católica. Y quienes piensan que este ahora es nuestro Papa. Por decir algo el Papa de los socialistas o el Papa de los comunistas, o de los liberacionistas, o de cualquiera de los istas. Los que estén pensando que este es nuestro Papa están queriendo encarcelar al Papa.

Entonces hoy tenemos que orar para que el Papa no sea encarcelado. ¿Qué quiere decir eso? para que la persona y la palabra del Papa permanezcan libres y en cierto sentido, soberanas por encima de etiquetas, por encima de clasificaciones. Basta ver un poco de la prensa que tiene que ver con la Iglesia Católica. Singularmente hago ese ejercicio a través de Internet para ver la avidez y la prontitud y la astucia de los que ya quieren ver a Francisco en sus propias filas. ¡Ah espera, aguarda un momento, que este es el Papa que va a permitir lo que el otro no permitía, porque ahora sí llegó nuestro tiempo, porque esta es la revancha! Ese lenguaje no es el lenguaje del espíritu, ese no es el lenguaje católico, esa no es nuestra fe. Y por eso hay que orar, por eso hay que orar para que caigan las cadenas. Por eso hay que orar para que las palabras sabias y ungidas del sucesor de Pedro permanezcan por encima de ese tipo de polémicas y para que todo brille con tanta claridad el esplendor y la presencia del Espíritu. Que quede claro que si de alguien es el Papa, es de Cristo, y si de alguien es el Papa, es de la Iglesia de Cristo, la misma que tiene su fundamento en los apóstoles.

Bueno hermanos, esos eran los dos mensajes que quería compartir. Primero, que todos somos Pedro, que hemos de aprender de una fe total hasta llegar a ser gente con la que Cristo cuenta todas las horas del día, todos los días de la vida. Eso es tener fe. Y segundo, que jamás descuidemos en nuestra oración al Papa, porque aunque sea de otra manera, también ahora existe el peligro de quienes quieren encarcelarlo y quienes quieren matricularlo en sus propias etiquetas.

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