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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué Roma, y no por ejemplo Jerusalén, es tan importante para nosotros los cristianos?

Homilía sppd011a, predicada en 20140629, con 4 min. y 2 seg.

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Transcripción:

El Veintinueve de Junio. Nuestra Madre, la Iglesia recuerda el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo. Con esta solemnidad estamos también visitando los fundamentos mismos de nuestra fe. Pedro, aquel que, como escuchábamos en el Evangelio, recibió de Cristo las palabras únicas Te daré las llaves del reino de los cielos. Pablo, el apóstol incomparable que cumplió como ninguno el mandato de nuestro Señor Jesucristo. Seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaría, en Galilea y hasta los confines de la tierra. Pedro y Pablo fueron sacrificados en la ciudad de Roma. Y es esta la razón por la que Roma tiene tanta importancia para los cristianos.

Alguien me preguntaba por qué la sede más importante de nosotros cristianos está en Roma y no, por ejemplo, en Jerusalén. En Jerusalén murió Jesús. En Jerusalén se instituyó la Eucaristía. En Jerusalén sucedió el milagro de Pentecostés. Es verdad. Pero hagámonos esta pregunta ¿Cómo se une uno a Jesucristo? Y la respuesta es que unirse a Jesucristo es participar del fuego de su caridad, es participar de su amor incomparable. Puesto que el mismo Cristo dijo No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Allí donde se entrega la vida, singularmente allí donde se llega al martirio, allí se da la más perfecta unión con Cristo y por consiguiente, allí se da la verdadera victoria de Cristo.

Pues bien, en ese sentido Roma es incomparable, porque es el lugar donde la unión plena entre el Príncipe de los Apóstoles, el primero entre los apóstoles, es decir, Pedro, se completa la unión entre Pedro y Cristo. Pedro se configura completamente con su Maestro. No en Jerusalén, no en la isla de Chipre, no en Siracusa, sino en la ciudad de Roma. Roma es el lugar del lazo estrechísimo de amor y la perfecta identificación entre el discípulo y el Maestro. Pero esto no ha sucedido solo a Pedro. Sucedió también al apóstol Pablo. Según la tradición, Pedro fue crucificado boca abajo. Y Pablo, después de tantas pruebas y cárceles, finalmente fue decapitado.

Pues bien, este es el lugar del amor. Roma es el lugar de la fe, porque Roma es el lugar del amor. Es el lugar en donde se funde en una misma caridad aquello que el primero entre los apóstoles y el primero entre los misioneros, han vivido impulsados por el fuego del Espíritu Santo. Que sea esta entonces una ocasión para renovar nuestra propia fe. Con la firmeza de Pedro y con la audacia de Pablo. Testigos de Jesucristo en todas las culturas, en todos los idiomas, en todas las circunstancias y para todas las gentes.

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