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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El gran mensaje de la Fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo: es misión fundamental de la Iglesia transmitir toda la fe a todos los hombres.

Homilía sppd010a, predicada en 20130629, con 5 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, ha llamado la atención en mi corazón hace ya varios años, eso de que celebremos al mismo tiempo a los apóstoles Pedro y Pablo. Nos damos cuenta que cada uno de ellos es un gigante de la santidad y uno podría pensar que merece una celebración aparte. ¿Por qué juntar a estos dos gigantes, a estos dos grandes en una sola fiesta? Probablemente porque la Iglesia necesita recordar esas dos dimensiones fundamentales que están claras en ellos. Podemos ver en Pedro la firmeza y podemos ver en Pablo la audacia, la firmeza de la roca y la audacia del misionero. Podemos ver en Pedro la necesidad de conservar íntegro el mensaje, es decir, todo el mensaje. Pero podemos ver en Pablo la necesidad de llegar a todos los hombres, como lo recuerda la segunda lectura de hoy.

Dice el apóstol San Pablo que él ha llevado el mensaje a todos los gentiles. Y este es el ideal mismo de la Iglesia. No se trata de disminuir el mensaje para poder llegar a más personas. Pero tampoco se trata de conservar íntegro el mensaje y asegurarnos nosotros en un castillo donde nos sintamos suficientemente seguros. Así se pierdan muchos. El verdadero reto de la Iglesia es unir las dos cosas todo el mensaje y al mismo tiempo a todos los hombres. Por eso es una decisión muy acertada y es un mensaje muy profundo el que nos trae esta fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo. Quisiera reflexionar para terminar este momento. Quisiera reflexionar un momento sobre lo que nos cuenta la primera lectura, porque acabamos de decir que Pedro representa la firmeza y sin embargo se nos presenta como una persona débil. Una persona que necesita oración necesita que lo apoye la Iglesia. Es un contraste interesante. Es firme, pero al mismo tiempo es necesitado.

Y aquí hay dos mensajes para nosotros, especialmente cuando pensamos en la vocación al sacerdocio. También nosotros como sacerdotes, estamos llamados a ser muy firmes para que otras personas puedan apoyarse en la seguridad de una doctrina sólida y en la seriedad de una vida coherente. En ese sentido, tenemos que ser firmes. Pero como nos dice el apóstol San Pablo, nosotros somos vasijas de barro, somos débiles y necesitamos continuamente lo mismo que necesitó el apóstol Pedro. Necesitamos que otros oren por nosotros. Somos fuertes, pero también somos débiles. Somos sólidos, pero somos también necesitados.

Y podemos preguntarnos ¿cómo es eso de que Pedro es roca y en qué sentido nuestra oración sigue apoyándose en esa roca? No hay una contradicción, en realidad. Cuando nosotros oramos por el Papa, el sucesor de Pedro, tenemos que apelar. Tenemos que acudir a lo más profundo de nuestra propia fe. Nuestra fe no se vuelve débil, sino se vuelve más fuerte cuando ora por el Sumo Pontífice al protegerlo a Él, al rodearlo a Él con nuestra oración. Estamos al mismo tiempo acudiendo a las fuentes más profundas de nuestra fe cristiana y estamos bebiendo de ellas. Cuando nosotros vamos a esas fuentes y cuando recibimos esa agua purísima para poder orar por el apóstol, no solo le estamos haciendo firme a Él, sino que estamos bebiendo de esa misma firmeza.

Pidamos al Señor entonces, que nuestro amor a la Iglesia en su conjunto, y especialmente nuestro amor al sucesor de Pedro, crezca de día en día. Porque si hay una señal de solidez en la Iglesia, es amar a aquél que Cristo escogió para que fuera símbolo de la solidez dentro de la Iglesia del Señor.

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