Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Estable y dinámica: así está llamada a ser la Iglesia, en fidelidad al testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo.

Homilía sppd009a, predicada en 20130629, con 4 min. y 53 seg.

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Transcripción:

El día veintinueve de junio nuestra Iglesia Católica une en una misma fiesta a los dos más grandes apóstoles que tuvo y tiene nuestro Señor Jesucristo. Sus voces, sus corazones creyentes y el magnífico testimonio de su santidad vive entre nosotros. Estamos hablando, por supuesto, de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Qué importante reconocer en estos dos apóstoles dos dimensiones que la Iglesia nunca puede perder. Al mismo tiempo estable y dinámica. Parece una contradicción. Solemos pensar que lo estable tiene que ser estático, pero la Iglesia tiene que ser estable, con la estabilidad de la roca que es Pedro, y tiene que ser dinámica con ese torrente de gracia, con esa llamarada de espíritu que lleva a Pablo a todas partes, estable y a la vez dinámica.

También es importante recordar juntos a estos dos apóstoles, porque ahí por lo menos una escena que se recuerda en la carta a los Gálatas, una escena en la cual el apóstol Pablo tiene que corregir al apóstol Pedro. Esto es muy importante porque nos está mostrando que dentro del pueblo de Dios, todos, incluidos aquellos que han recibido el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos, todos estamos siempre en un proceso de conversión. Es decir, que el dinamismo no está únicamente en hacer nuevas cosas. El dinamismo está en primer lugar en la conversión permanente. En ese llegar a ser, en ese avanzar en la fidelidad al Evangelio. En aquella oportunidad, por ejemplo, el apóstol Pablo tenía que recordarle a Pedro: estás cayendo en una especie de apariencia, porque antes de que llegaran algunos del grupo de Santiago, tú entrabas en casa de los paganos, pero cuando llegaron ellos, entonces empezaste a hacer como una especie de disimulo, empezaste a hacer una apariencia de que tú nunca te metías con paganos. Esta es nuestra Iglesia.

Una iglesia siempre llamada a ser más ella misma a través de la presencia del Espíritu, a través de la corrección fraterna, a través de una aspiración permanente, una aspiración continua a la verdad. El mismo Pablo tuvo que experimentar también sus propios fracasos. No todo le salió bien siendo quien era. Él tuvo también que beber varias veces del cáliz amargo de la frustración, no solamente la ingratitud o la persecución, sino genuinamente la frustración. Es decir, que una idea que a mí me parece muy buena no me funciona. Cuando llegó Pablo a Atenas. Este es un ejemplo que repito muchas veces, él con un lenguaje muy alambicado y muy sofisticado. Él creía que podía conquistar a esta gente que estaba por la filosofía.

Pero resulta que apenas tuvo que mencionar el juicio de Dios a todas las naciones a través de Cristo, y que Cristo había sido acreditado como juez, habiendo sido resucitado entre los muertos. Pues la cosa se volvió risa y él tuvo que experimentar también la frustración. Y por eso, cuando llega a Corinto saliendo de Atenas, llega a la ciudad de Corinto. Su estrategia de evangelización va a ser mucho más humilde y sobre todo, mucho más fiada del poder del Espíritu y mucho más centrada en la verdad de la cruz. Esa es la enseñanza permanente que nos dejan estos apóstoles. Una Iglesia que está en movimiento exterior e interior. Una Iglesia que tiene que aprender de sus errores, que siempre es discípula, que no por maestra deja de ser discípula. Una Iglesia a la que le hace bien experimentar persecución y frustración y burla. Porque en todo ello, cuando Dios va dirigiendo las cosas, en todo ello se conoce y se aprecia y se crece en la verdadera fidelidad.

Que sea este un día de inmenso amor a nuestra Iglesia y de inmensa gratitud a los apóstoles Pedro y Pablo.

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