Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sabemos de esta hermosa celebración litúrgica por el valor que los primeros cristianos dieron a los restos de los apóstoles.

Homilía sppd008a, predicada en 20120629, con 4 min. y 36 seg.

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Transcripción:

La Solemnidad de los Apóstoles, Pedro y Pablo tiene muchas lecciones para nosotros. No las perdamos. Primera, llama la atención que ya desde el siglo tercero o siglo, cuarto de nuestra era, los cristianos habían agrupado los restos del apóstol Pedro y los restos del apóstol Pablo. Y en eso ya hay cosas para aprender. Trataban esos restos de estos dos grandes apóstoles con cuidado y con enorme veneración. Es el principio de una práctica que luego, a lo largo de la historia de la Iglesia, se ve reflejada en el amor por las reliquias. Literalmente, lo que significa la palabra reliquia es lo que ha quedado y para ellos era precioso aquello que había quedado del cuerpo de Pedro y del cuerpo de Pablo.

Podemos preguntarnos ¿por qué? Y realmente la respuesta a la que uno llega es ésta. Eran preciosos esos restos. No solamente como un recuerdo, sino como un testimonio de la fe en la resurrección. Parece increíble, pero ya en esa época el símbolo de la fe para ellos era el mismo símbolo de la fe que nosotros tenemos. Creemos en la resurrección de la carne. Es decir, los restos están indicando que una vez que una persona muere, su cadáver, su cuerpo, lo que podemos recuperar de esa persona no es basura, más bien es la semilla. Semilla que por supuesto será completamente desbordada por el fruto final, pero es la semilla de la resurrección.

Y esa comparación no me la invento yo, la utiliza el apóstol San Pablo en su primera carta a los Corintios en el capítulo quince. Él hace el contraste entre los restos, entre lo que puede quedar de una persona cuando muere y lo que significa tener un cuerpo glorioso como el de Cristo. O sea que de esta fiesta podemos aprender que los restos de nuestros seres queridos merecen el máximo respeto. No son simplemente una mirada al pasado, son una promesa para el futuro. Y por eso resulta ridículo que algunos cristianos consideren la posibilidad de prácticas absolutamente paganas, cómo esparcir cenizas en el campo, es decir, cenizas, restos humanos en un campo o en un río o al viento. Eso es tratar esos restos humanos como si no tuvieran ningún valor, como si no anunciaran nada para un futuro.

También podemos aprender de ese hecho que los cristianos veían una relación muy profunda entre estos dos grandes apóstoles. Pedro, asociado por supuesto con la roca, Pablo asociado con la pluma, con el escribir, con el predicar, la agilidad de la palabra, la solidez de la enseñanza. Y así ha de ser la Iglesia fundada sobre el testimonio de estos grandes apóstoles. La Iglesia es invitada a permanecer al mismo tiempo muy firme y muy ágil. Parece que estas dos cosas se contradijeran porque la firmeza la asociamos con estar inmóvil y la agilidad con cambiar continuamente. Pero la Iglesia es invitada al mismo tiempo a permanecer firme en la fe y ágil en el anuncio del Evangelio, ágil también en la profundización de la enseñanza de Cristo.

Así lo conceda Dios por bondad de su corazón y por la intercesión de estos gigantes de la fe.

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