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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué se celebran en una misma solemnidad a San Pedro y a San Pablo?

Homilía sppd001a, predicada en 19970629, con 7 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Nada de extraño tiene que haya una celebración para aclamar, para reconocer la obra de Jesucristo en un santo como Pedro. Nada de extraño tiene que haya una celebración litúrgica para celebrar la obra de Cristo en San Pablo. Lo que sí puede parecer extraño es que, habiendo por decirlo así, tanto que celebrar en cada uno de estos santos, la Iglesia los haya reunido en una misma solemnidad. Y esto desde tiempos antiguos. Por hablar un poco a la manera humana. Si ya había tanto material y tanto que celebrar en San Pedro, es que cuantos pasajes nos lo muestran, nos lo pintan al vivo con su carácter impetuoso. Pero al mismo tiempo e incrédulo, pero al mismo tiempo apasionado y luego cobarde y luego valiente. Si ya había tanto que celebrar en San Pedro, ¿por qué no dejar una celebración solo para él? Creo que se necesitaría muchísima elocuencia y muchísimo amor para decir todo lo que hay que decir sobre San Pedro y no acabaríamos.

Y resulta que junto a él, junto a esta obra gigantesca de la gracia de Dios, otra obra que nos llevaría. Yo no sé cuánto tiempo de predicación para contar quién fue Pablo y todo lo que Dios realizó en Pablo y todo lo que la gracia construyó en él. Por qué si había tanto que celebrar en cada uno de ellos, por qué los unimos porque hay una misma celebración para ambos. Se pueden dar varias explicaciones. Yo voy a comentar dos. La primera, porque precisamente lo que estamos celebrando no es ni a Pedro ni a Pablo, sino la gracia que hizo posible a un Pedro y a un Pablo. Puede decirse hasta cierto punto que en Pedro y en Pablo están como las obras más acabadas de la gracia de Dios entre sus apóstoles. Y por eso, porque lo que queremos celebrar es la gracia que hace apóstoles. Por eso escogemos a estos dos que son como los príncipes entre ese grupo. Esa es una razón.

La otra razón es porque Pedro y Pablo en su complementariedad, nos ayudan a mirar como en conjunto el misterio de la Iglesia. Si uno empieza a ver, se encuentra, por ejemplo, en Pedro, aquel que es el gran predicador que confirma la predicación de Cristo, el anuncio de Jesucristo como respuesta del Padre celestial a las antiguas promesas. Esto para los judíos. Pablo es el que entreabre esas riquezas para que también fluya el manantial de la gracia en medio de los no judíos. De manera que en Pedro encontraríamos como la respuesta generosa del pueblo de Israel a la promesa de Dios cumplida en Cristo. Mientras que en Pablo encontraríamos cómo esa riqueza se riega más allá de las fronteras de Israel. Derramándose en los demás pueblos, incluidos nosotros. Por eso, al celebrar conjuntamente a Pedro y a Pablo, estaríamos celebrando cómo el Evangelio es al mismo tiempo el cumplimiento de lo prometido al pueblo judío y la extensión de esa promesa a todos los pueblos. Los pueblos gentiles, nosotros. Entonces, así, celebrando a Pedro y a Pablo, celebramos la bondad y el poder del Evangelio en todos los pueblos. Pero no solo eso. Pedro recibe de Cristo estas palabras: Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo. Lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. Por esas palabras y por haberlo llamado piedra fundamento, Pedro representa como el aspecto más institucional de la Iglesia.

Pablo en cambio, misionero que se hace todo para todos. Que tiene que aprender a hablar el lenguaje de todos. Predicador del Espíritu de Jesucristo. Representa mejor como el aspecto, llamémoslo así, carismático de la Iglesia, el aspecto no institucional. Celebrando entonces en el mismo día a Pedro y a Pablo. Estamos celebrando el misterio de una Iglesia que al mismo tiempo es jerárquica, institucional, pero también es carismática y está, por consiguiente, más allá de toda estructura. En otro sentido, Pedro representa ese seguimiento de Jesucristo a través del grupo de los Apóstoles y con el grupo de los apóstoles. Pedro fue formado en la escuela, podríamos decir del Jesús de la historia hasta la cruz y hasta la resurrección. Pedro va como de la crudeza de la cruz a la gloria de la Pascua.

Pablo, en cierto sentido, hace el recorrido inverso, es decir, él fue alcanzado por Cristo resucitado y empezó a experimentar en sí mismo la bondad, la fecundidad y la riqueza de la cruz. Pedro entonces, nos recuerda cómo el Resucitado fue crucificado, y Pablo nos anuncia cómo el Cristo glorioso es el mismo de la cruz. Puede decirse que Pedro nos anuncia que no hay resurrección sin cruz, y Pablo nos cuenta cómo no hay cruz de Cristo sin gloria de Cristo. Y así la cruz y la gloria quedan representadas en estos dos apóstoles, en Pedro y en Pablo. Así como son complementarios, también hay otras dimensiones u otros aspectos en los que son parejos, ambos perseguidos, ambos mártires, ambos convertidos, ambos ganados por Cristo, ambos asociados en una misma gloria, en un mismo amor y en una misma veneración por la Iglesia.

Encontremos entonces en Pedro y en Pablo la belleza de la gracia, la complementariedad de las misiones y de las tareas en la Iglesia y la fecundidad del único poder y del único amor de Cristo que todo lo hace para la gloria del Padre y para la extensión de su reino en esta tierra y más allá de esta tierra.

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