Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Oremos para que los obispos comuniquen el fuego del Espíritu, amen al rebaño, aprovechen los talentos de quienes tienen a cargo y estén dispuestos a perderlo todo por Cristo.

Homilía spol002a, predicada en 20170223, con 5 min. y 35 seg.

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Transcripción:

El veintitrés de febrero, la Iglesia Católica recuerda a un gran mártir de la antigüedad. Su nombre es Policarpo. Es posible que a nuestros oídos, acostumbrados a la lengua española, ese nombre nos suene lejano. Proviene de la lengua griega. Policarpo quiere decir mucho fruto y el nombre de Policarpo está en relación directa a aquel hermoso pasaje del Capítulo Quince de San Juan, donde nuestro Señor Jesucristo dice Yo os he destinado para que vayáis y deis fruto, un fruto abundante. Eso es lo que quiere decir en griego karpós, fruto abundante, y llamarse entonces Policarpo quiere decir llamarse fruto abundante, mucho fruto. Aquel que ha dado fruto para la gloria de Dios, aquel que ha dado fruto para el Evangelio de Cristo y para propagar el Evangelio.

Ciertamente eso conviene a este santo que vivió en el siglo segundo. Él fue discípulo del apóstol San Juan y fue obispo en la ciudad de Esmirna, que corresponde a la actual Turquía. Ahí fue obispo San Policarpo. Policarpo fue martirizado y el martirio de Policarpo yo creo que nos da una gran enseñanza en este tiempo. ¿Qué es un obispo? Los obispos, como se nota muy bien. Precisamente en el caso de Policarpo, son los sucesores de los apóstoles. Es decir, cumplen la función de enseñar con su palabra y con su ejemplo, aquella fe por la cual somos salvos, esa fe que nosotros hemos recibido de los apóstoles. Ese es el papel de los obispos. La palabra obispo proviene del griego episkopos, que quiere decir aquel que ve desde lo alto. Aquel que tiene la visión del conjunto. Por eso algunos traducen obispo por inspector. Claro que Inspector viene de mirar adentro, mirar hacia adentro lo que está sucediendo.

Mientras que episkopos quiere decir el que mira como desde arriba, el que mira desde fuera y se da cuenta de lo que está sucediendo. En ambas palabras episkopos o inspector. En ambas palabras está la idea de ver, ver por el rebaño. Indudablemente no se trata del ver pasivo del que simplemente toma nota de cómo están las cosas, sino es un ver para darse cuenta en dónde están las necesidades, en dónde están las fortalezas. Es un ver que protege el rebaño, por donde viene el lobo, por donde viene el mercenario, por donde viene el ladrón. ¿Qué está pasando aquí? Es un ver que también significa buscar los mejores pastos donde la gente se pueda alimentar mejor. Y es un ver que también significa el lugar donde están las aguas limpias y donde están las aguas ponzoñosas. El ver del obispo es un cuidar a partir de ese recorrido por la realidad del rebaño y por lo que rodea el rebaño.

Y por eso los obispos, como sucesores de los apóstoles, son un verdadero don del Espíritu Santo. No se nos puede olvidar que nuestra Iglesia nació en Pentecostés y nació por la fuerza. Nació por el poder del Espíritu Santo. Pues bien, los obispos son particularmente canales de ese espíritu, como se nota por el hecho de que ellos, solamente ellos y a quienes ellos deleguen, que también lo hacen, alguna vez, administran el sacramento de la Confirmación. Lo maravilloso de esta realidad de nuestros obispos es que aquellos que están llamados a ser canales del río de fuego del Espíritu, se supone que han de arder en el amor de Dios. Y Policarpo murió precisamente así, fue quemado vivo. Una gran hoguera, un gran espectáculo, se hizo para matarlo.

Pero la gente, al ver la manera como él había muerto, estando primero incendiado por el fuego del espíritu, descubrió en ese mártir a un verdadero testigo, que es lo que significa la palabra mártir. Martureo en griego quiere decir dar testimonio. Así que pidamos al Señor por nuestros obispos, pidamos que ellos realmente sean canales del río de fuego del Espíritu. Pidamos que tengan amor por el rebaño de modo que les duela cada vez que el lobo llega o cada vez que el agua se envenena. Pidamos que tengan el discernimiento para aprovechar los mejores talentos de las personas que están a su cargo, que somos todos nosotros. Pidamos finalmente que lo mismo que Policarpo, ellos ardan de tal manera en el amor de Dios, que estén dispuestos a perderlo todo, perder privilegios, perder honra, perder bienes hasta perder la vida si se trata de Jesucristo.

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