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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Conocer a Jesucristo crucificado es de alguna manera tener la visión sobre todas las cosas, aprendiendo en Él la ciencia de la humildad y la misericordia.
Homilía spac025a, predicada en 20250125, con 7 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Una vez dijo: San Pablo Sólo conozco a Cristo y a Cristo crucificado. El veinticinco de enero celebramos la conversión de San Pablo. Cada año tenemos dos celebraciones de San Pablo. Una está el veinticinco de enero, que es la fiesta de su conversión y otra el veintinueve de junio, en que celebramos la santidad de Pablo junto a la santidad de Pedro el apóstol. Estos dos, estos dos colosos de nuestra fe, los celebramos juntos el veintinueve de junio. Y quiero volver sobre esa frase porque me parece que describe algo importantísimo de la conversión de Pablo. Sólo conozco a Cristo y a Cristo crucificado. ¿Qué es lo que me llama la atención de esa frase? Pues que Pablo era un hombre muy ilustrado. Pablo era un hombre que tenía muchos conocimientos. Él lo que había hecho en su vida antes de su conversión, lo que él había hecho en su vida era estudiar. Y sabía muchísimo. ¿Sabía muchísimo de qué? sabía muchísimo de la Sagrada Escritura. Cuando en el Nuevo Testamento leemos que se dice la palabra Escrituras se refiere a lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento. Entonces Pablo, lo que había hecho en su vida era eso, estudiar la ley y los profetas y los escritos, que es lo que se llama Tanak, y que significa precisamente eso, la ley o la Torá, los cinco libros del Pentateuco. Luego los profetas, que incluye los libros históricos y los profetas mismos, profetas mayores y menores, y luego los escritos donde entran, por ejemplo los Proverbios, o donde entran los Salmos y por supuesto, otros libros más. Eso era lo que había hecho Pablo. Pablo tenía una formación que podríamos equipararla a lo que hoy es tener uno o más de un doctorado en Sagrada Escritura. Él conocía muchísimo, conocía muchísimo y sin embargo, en un momento dado dijo. Después de su conversión, dijo: Yo solo conozco a Cristo y a Cristo crucificado. Y esa frase de Pablo sucedida después de su conversión, por supuesto, nos enseña tres cosas importantísimas. La primera, que en Cristo, como lo dice el mismo Pablo, en Cristo se resumen todos los tesoros de la sabiduría de Dios. Es decir, que conocer auténticamente a Cristo es como tener todos los tesoros de la sabiduría divina. Y esto es absolutamente bello, absolutamente hermoso. Todos los tesoros de la sabiduría de Dios. Conocer a Cristo de alguna manera es tener la perspectiva de Dios sobre todas las cosas. El mismo Pablo dice: Por Cristo y para Cristo fueron creadas todas las cosas. Por él fueron hechas todas las cosas. Y por eso cuando nos vamos acercando a Cristo, cuando vamos conociendo a Cristo, entonces vamos teniendo la perspectiva divina sobre todas las cosas, fundamentalmente sobre aquellas cosas que atañen a nuestra salvación, a nuestra existencia. Ese es el primer punto de esa frase. Segundo punto. En la sabiduría. La sabiduría humana. La sabiduría puramente humana, tema que desarrolla San Pablo en la Primera Carta a los Corintios y que lo vuelve a desarrollar desde un ángulo diferente pero complementario. El apóstol Santiago en su carta, La sabiduría mundana muchas veces va acompañada de egolatría y va acompañada de esa arrogancia que conduce a despreciar a las demás personas porque no tienen lo que yo tengo porque no saben lo que yo sé, porque yo sí he estudiado. Eso es lo propio de la sabiduría mundana. En cambio, la sabiduría en Cristo nos lleva a una perspectiva totalmente diferente. La sabiduría en Cristo, precisamente porque nos lleva al conocimiento de lo que es el pecado, y eso significa de lo que es mi pecado, y por lo tanto, de lo que es mi miseria. En el conocimiento de mi miseria, pues las cosas cambian, porque entonces conocer a Cristo no es llenarse de arrogancia, sino que el auténtico conocimiento de Cristo nos conduce a la humildad y por el camino de la humildad a la conmiseración, la compasión del prójimo y también la compasión sobre uno mismo, una mirada adecuadamente misericordiosa sobre nosotros mismos, entendiendo que sólo poco a poco y solo paso a paso, podremos realmente responder al Señor. Entonces, ahí tenemos un segundo punto. El primer punto era conocer a Cristo, es de alguna manera tener la visión de Dios sobre todas las cosas y en ese sentido en él se resumen todos los tesoros. El segundo punto conocer a Cristo. Lejos de llevarme arrogancia, conocer a Cristo me lleva a la humildad. Porque conocer a Cristo es conocer el daño que causa el pecado, el daño que me ha causado mi pecado, el daño que yo he causado con mis pecados y todo eso me lleva a la humildad y me lleva a la compasión. Pero es que además Pablo dice: que él conoció a Cristo crucificado. ¿Y por qué es importante ese elemento de la cruz? Porque es en la cruz, es en la bendita cruz de nuestro Señor. Es en esa gloriosa cruz donde se ha revelado el amor que Dios nos tiene. Porque aquella frase: Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, ese le dio a su Hijo único. Eso es lo que se cumple en la cruz. O sea que conocer a Cristo crucificado es conocer la dimensión más profunda, más alta, más amplia, la dimensión infinita del amor que nos redime. Y ese es el conocimiento más necesario. También es el conocimiento más deleitable. También es el conocimiento que da mayor esperanza. Hermanos, en la fiesta de la conversión de San Pablo, acerquémonos a este gigante de la fe para suplicarle que interceda por nosotros, de manera que también nosotros conozcamos a Cristo, conozcamos a Cristo y a Cristo crucificado, y en él conozcamos todas las cosas y en él aprendamos la ciencia de la humildad y la misericordia, y en él nos extasiamos en el océano sin límites del amor divino, que es ya nuestra fuerza y esperanza en esta tierra, y será nuestra causa y recompensa en la gloria del cielo. Así lo conceda el Señor. Amén.

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