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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

San Pablo pasó de ser perseguidor a Apóstol por el don del Espíritu Santo, él encontró el propósito de la ley de Moisés, la perfección, la santidad alcanzada solo por la gracia de Jesucristo.

Homilía spac023a, predicada en 20230125, con 6 min. y 30 seg.

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Transcripción:

Veinticinco de Enero. Nuestra Iglesia Católica celebra la conversión de San Pablo. Ponte a pensar eso. Todo el pueblo cristiano celebrando la conversión de una persona, tiene que haber sido algo muy especial. Y lo fue. Si abres tu Biblia, te das cuenta de que en el Nuevo Testamento hay una gran cantidad de escritos que dependen del ministerio de San Pablo. Empezando por la Carta a los Romanos, las cartas a los Corintios, Tesalonicenses, Gálatas, Colosenses, Efesios, Timoteo y Tito son muchas cartas. Es mucho lo que Dios nos dio, a través del apóstol San Pablo y por eso la conversión de San Pablo, aunque en primer lugar fue una bendición para él, por supuesto.

La conversión de San Pablo es una bendición para todo el pueblo de Dios. De dónde sacamos una primera enseñanza. Y es que cada conversión, en mayor o menor proporción, cada conversión, es siempre bendición para la persona que la recibe, pero es también bendición que se extiende a quienes lo rodean. Si tú recibes la gracia de una auténtica conversión, Dios no está únicamente bendiciéndote a ti, está bendiciendo tu familia, tus amigos, el lugar donde trabajas. Mira, una conversión te convierte en una bendición que camina. Y eso lo vivió de un modo intenso, casi diríamos único, el apóstol San Pablo. Cuando uno habla de conversiones. Yo por lo menos recuerdo siempre, lo que uno encuentra en algunos retiros espirituales, cuando la gente cuenta sus testimonios. A veces durante el retiro, para motivar a otros y a veces al final del retiro, como quien dice en este retiro he tenido un encuentro personal con Cristo, mi vida ha cambiado. Y hay algo que se dice con mucha frecuencia cuando la gente da testimonio. Y es, pues eso, que mi vida ha cambiado, que ahora todo es distinto.

Te invito a que tomemos esa expresión y la miremos un poco más despacio. Todo es distinto. Sí, en cierto sentido. Pero, no es del todo cierto. A ver, que Dios me ayude a expresarme. Tomemos el caso de San Pablo y hagámonos esta pregunta ¿Cambió todo en la vida de Pablo con su conversión? Uno podría decir, pues es que parece que sí, porque él estaba persiguiendo a los cristianos, se volvió cristiano, empezó a predicar la fe cristiana, esa fe que es por supuesto el soporte, que es la columna de nuestra Santa Iglesia Católica. Entonces, uno dice, qué más cambio que ser un perseguidor y después ser un apóstol. O sea, es un cambio total.

En la historia de la Iglesia, recordamos otras conversiones muy notables. Por ejemplo, piensa en San Agustín, un gran convertido, San Francisco de Asís, un gran convertido, Carlos de Foucauld, gran convertido. Pero yo vuelvo a mi pregunta ¿Realmente cambió todo con la conversión de Pablo? No es una curiosidad intelectual solamente. Más bien es una pregunta que nos ayuda a descubrir un aspecto de la enseñanza de San Pablo, que no quiero que te lo pierdas. En su carta a los Romanos, por ejemplo, Pablo trae una afirmación que yo creo que nos ayuda a responder la pregunta y la afirmación es esta. Lo que la ley quería, nos lo ha dado la gracia de Cristo. ¿Cuál era la característica principal de Pablo antes de su conversión? Pues que él era así, súper, súper fanático de la ley de Moisés. Y él mismo lo dice. El grupo casi secta, más fanático de la ley de Moisés eran los fariseos y Pablo pertenecía al grupo de los fariseos. No creas tú, que todos los fariseos estaban viviendo en la tierra santa, en Galilea o en Judea. Pablo era fariseo. Pablo era súper fanático de la ley de Moisés.

Pablo no sigue siendo fanático de la ley de Moisés después de su conversión. Más bien se da cuenta del límite de la ley de Moisés. Pero el límite de la ley de Moisés ¿Cuál es? El límite de la ley de Moisés es que ya no vale la ley de Moisés, ¿Es que ya eso no importa? Hay gente también en nuestro tiempo que interpreta las cosas de ese modo. Como quien dice que ya no importa y que ya no nos deben importar los mandamientos y que ya todo eso quedó en el pasado y que ya olvídate de eso. Ese no es Pablo. Más bien lo que enseña Pablo en su frase famosa de la carta a los romanos, te queda de tarea buscarla. Es eso, lo que quería la ley de Moisés, lo hemos recibido por la gracia de Cristo.

O sea, ¿qué fue lo que no cambió en Pablo? Porque es muy importante saber lo que sí cambió, ya sabemos, cambió de perseguidor a apóstol. De acuerdo, eso fue lo que sí cambió. Pero hay que darle también importancia a lo que no cambió de Pablo. ¿Y qué fue lo que no cambió de Pablo? Pues lo que no cambió de Pablo fue, que lo que buscaba la ley de Moisés es lo mismo que busca, pero ahora sí puede obtener el régimen de la gracia que nos ha traído Cristo, es decir, el propósito de la ley de Moisés. Ese propósito no se ha perdido, eso no cambió. No es que Pablo antes lo buscara y ahora no lo buscaba. ¿Y qué era lo que buscaba esa ley de Moisés? La perfección, la santidad. Y eso es lo que nos ha dado la gracia de Cristo, pero nos lo ha dado con el don del Espíritu Santo. Importante lo que cambió, pero también importante lo que Pablo siguió buscando y encontró en la gracia de Cristo.

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