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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Pablo, testigo excepcional de la obra de la gracia.
Homilía spac022a, predicada en 20220125, con 5 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Esta fiesta de la conversión de San Pablo, tiene un significado especial para nosotros, hijos de Santo Domingo de Guzmán. Efectivamente, nuestro padre fundador, tomó a San Pablo como una referencia permanente en su modo de vida, en su manera de predicar y también de padecer. Y se alimentó con los escritos, con las cartas de San Pablo. Incluso podemos ver una razón más profunda que nos conecta a los dominicos con esta fiesta, y es la importancia que tiene la palabra gracia y sobre todo, la realidad de la gracia divina. Porque podemos decir que, la conversión de Pablo fue ante todo el descubrimiento, no como teoría, sino como experiencia profunda, el descubrimiento de la obra de la gracia en su vida. En este sentido, todos nosotros necesitamos una experiencia como la de Pablo. Necesitamos experimentar la gracia transformante, la gracia que nos infunde confianza en medio de las dificultades, que nos ayuda a vencer los pecados que todos tenemos y que nos vuelve audaces para compartir el testimonio de Cristo con nuestros hermanos.
La manera como sucedió esta conversión también tiene grandes enseñanzas para nosotros. Detallemos un poco algunos elementos de ese acontecimiento de conversión, que se cuenta varias veces en la Biblia. Lo escuchábamos, por ejemplo, en una de las recensiones de los Hechos de los Apóstoles. Ante todo, observemos que Pablo se consideraba Luz. Él hace referencia a este hecho, en Romanos Capítulo Dos, cuando entra como en un diálogo imaginario con un judío y le dice tú te crees luz de todos los demás. Indudablemente, esa era la experiencia que tenía el mismo Pablo. Una experiencia de iluminar, porque su pueblo, el pueblo elegido es el pueblo que ha recibido la luz de Dios. Lámpara es tu palabra para mis pasos. Pero este hombre que se consideraba luz, queda deslumbrado por la luz de Cristo. Él iba guiando a otros.
Él era jefe de ese grupo que tenía un propósito específico, un plan bien detallado desde la llegada a Damasco. Y sin embargo, cuando queda ciego, ya no puede guiar a otros, si no tienen que llevarlo de la mano para que entre a Damasco. De modo que él se creía luz y se descubre ciego. Se creía líder y tienen que llevarlo de la mano. Él quería dar muerte a los discípulos de Cristo. Y la experiencia que él tiene en su conversión es una experiencia como de muerte. Según detalla otro texto de Hechos de los Apóstoles, él queda tres días sin comer, sin beber y también privado de la vista, aislado. Más parece un cadáver en una tumba que un ser vivo. Pero de esta tumba lo saca la gracia del bautismo y la comunidad creyente. De tal manera que Pablo iba a infligir la muerte de los discípulos de Cristo, y es él quien tiene una experiencia de lo que es la muerte. Pero sobre todo una experiencia de lo que es la resurrección.
Finalmente, tengamos en cuenta que el mismo Espíritu Santo, que hizo estas maravillas en Pablo, es el Espíritu que nosotros hemos recibido en el bautismo y en los demás sacramentos. Por eso, encomendémonos a la gracia de Dios para que haga su obra completa en nosotros. Que también nosotros, al final de nuestra vida, podamos repetir las palabras que él dice en segunda Timoteo. He completado mi carrera, he mantenido la fe, ahora me espera la corona que el Señor, Justo juez tiene preparada para mí y para todos los que aman su venida. Que esa sea también nuestra historia y podamos encontrarnos con él, con Domingo y con todos nuestros santos amigos y hermanos, en la gloria de Cristo resucitado. Amén.

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