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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuidado con el exceso de seguridad. Preguntémonos en qué puede tener razón la persona que no piensa cómo nosotros, qué nos puede estar diciendo Dios a través de esa persona.
Homilía spac016a, predicada en 20190125, con 6 min. y 42 seg. 
Transcripción:
El Veinticinco de Enero, en nuestra Iglesia Católica. Recuerda al apóstol San Pablo específicamente en su conversión. La conversión de San Pablo es un acontecimiento fundamentalmente de él. Pero es que hay tanto, pero tanto, pero tanto fruto que ha salido de la obra de la gracia en este hombre. Que la Iglesia entera se regocija viendo el poder del amor de Dios y toda la luz que salió de esa conversión.
¿Cuál era el pecado de San Pablo? Muchas veces, cuando escuchamos la palabra conversión, podemos recordar lo que hemos oído, qué se yo, en Congresos de la Renovación Carismática, en retiros de Emaús, en otros retiros espirituales, en cursillos de Cristiandad. Y muchas veces, lo que oímos en esos lugares cuando se habla de conversión, es el caso de personas que llevaban una vida entregada a los vicios. Personas, por ejemplo alcoholizadas o drogadictos. Personas marcadas por la trampa, por el robo, por el fraude. Hombres infieles a sus esposas o lo contrario. Mujeres infieles en el matrimonio. Y escuchamos cómo estas personas, de esa montaña de pecados, salieron atraídos por la predicación y por el amor de Dios.
Lo que nosotros conocemos de San Pablo parece que no va en esa línea. Es decir, parece que no fue esa la manera de su conversión. Una vida viciosa, una vida entregada a esa clase de malos hábitos o malas compañías. Eso no es lo que tenemos en el caso de San Pablo. Parece que el gran pecado de él, lo podríamos llamar un exceso de seguridad, un exceso de seguridad que finalmente supone una forma de arrogancia. Una forma de soberbia. Él había tenido una educación muy buena. Estaba muy formado en las costumbres de los judíos. Sabía hablar perfectamente el hebreo y el griego porque había nacido en Tarso de Cilicia. Lo cual significa que la lengua que más se hablaba en ese lugar lejos de la Tierra Santa, lo que más se hablaba era el griego. Era el griego llamado koiné. Era la lengua que más se hablaba en toda esa cuenca del Mediterráneo. Tarso de Cilicia queda en la actual Turquía. Entonces, tenía cultura, llevaba una vida moralmente muy correcta, por lo menos en esos aspectos, en lo que tiene que ver con lo que nosotros hoy llamaríamos vicios y cosas parecidas. Por ahí no iba el pecado de él. Había estudiado muchísimo la ley y se había afiliado a la secta de los fariseos. Por consiguiente, buscaba el cumplimiento estricto de la ley de Moisés como camino único para que pudiera llegar el reino de Dios.
Pero es aquí donde las cosas empiezan a tomar un rumbo torcido. Ya hemos oído muchas veces las críticas de nuestro Señor Jesucristo a los fariseos. Y esas críticas caben también cuando hablamos del apóstol San Pablo. Esa interpretación tan estricta, esa interpretación tan dura de la ley, tiene una consecuencia. Y es esa misma dureza para atacar a todos los que no piensen como ellos. Nos hemos encontrado la dureza de los fariseos muchas veces en los Evangelios. Por ejemplo, cuando Cristo va a curar a un hombre que tiene un brazo paralizado. Y los fariseos están ahí, pero están ahí para ver si encuentran de qué acusar a Cristo. Es decir, el drama, la miseria, el dolor de ese hombre no les importa. No les importa. No les duele nada de eso. Lo único que quieren es demostrar que ellos están en lo correcto. Ese exceso de seguridad, esa arrogancia, esa soberbia para tratar las cosas, eso precisamente es lo que se había adueñado del corazón de Pablo, con un problema muy grave.
Y es que la persona que está excesivamente segura, es una persona que no busca, porque cree que ya tiene todas las respuestas. Si ya lo sé todo, ¿qué me van a enseñar? Así de sencillo. Hay otros personajes en la Biblia, que uno se da cuenta que podían estar equivocados, pero estaban buscando. El mismo Tomás, el apóstol, es un buscador. Él busca el tipo de evidencia que le muestre la resurrección. Natanael, a los comienzos del ministerio público de Cristo, tiene gran desconfianza, pero nos damos cuenta que Natanael está abierto, es un buscador. Lo maravilloso de la obra de la gracia en San Pablo es que Pablo no estaba buscando. Estaba persiguiendo. Él perseguía a Cristo, pero no lo buscaba. Parece una ironía, ¿no? Parece un juego de palabras. Él perseguía a Cristo, pero no lo buscaba. No lo buscaba, porque no buscaba que podía haber de verdad ahí.
Enseñanza para nosotros. Cuidado con el exceso de seguridad. Cuidado con esa arrogancia. Siempre debemos preguntarnos ¿En qué puede tener razón la persona que no piensa como nosotros? ¿Qué nos puede estar diciendo Dios a través de esa persona? Preguntas como éstas, hubieran aliviado mucho el camino de Pablo. Pero bueno, aún con su obstinación, fue más obstinado Dios en amarlo, y la obra de la gracia hizo sin duda prodigios. Hizo verdaderos portentos en él. Bendito sea Jesucristo y su gracia Santísima.

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