Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es momento para que nos abramos a creer con mayor convicción y fuerza que el amor de Dios nos puede renovar.

Homilía spac014a, predicada en 20170124, con 6 min. y 5 seg.

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Transcripción:

El Veinticinco de Enero, nuestra Iglesia católica recuerda un acontecimiento que marcó completamente la vida de un hombre, pero que a través de él marcó completamente la historia del cristianismo. Estoy hablando de San Pablo, y el acontecimiento al que me refiero es, por supuesto, la Conversión que él tuvo cuando iba camino de Damasco. ¿A qué iba Pablo a Damasco? Pablo iba a iniciar todo un camino de destrucción del cristianismo. Pablo, educado en el fariseísmo, veía a los cristianos como una especie de perversión de la fe, como una especie de plaga que tenía que ser erradicada.

Los fariseos, lo mismo que anunció Jesucristo, buscaban la llegada del Reino de Dios. Pero los fariseos creían que el Reino de Dios se iba a hacer presente como respuesta a una especie de contrato. Es decir, la alianza que Dios hizo con Moisés, los fariseos la veían como una especie de contrato. ¿Qué quiere decir eso? Que si nosotros cumplimos nuestra parte, entonces la otra parte, o sea Dios, cumplirá lo suyo. Era un contrato. Y para ellos, para los fariseos, si el pueblo se encontraba en una situación de humillación y en una situación de derrota frente al Imperio Romano, era por no cumplir la ley de Moisés. Remedio. Muy sencillo, lo que hay que hacer es cumplir la ley. Si nosotros cumplimos estrictamente lo que manda la ley de Moisés, entonces Dios dará cumplimiento a su alianza y vendrá el Reino. Eso era lo que ellos pensaban.

Pero resulta que, aparece a Jesucristo y resulta que Cristo trae un mensaje diferente. Cristo anuncia la llegada del Reino de Dios, que era el gran anhelo de los fariseos, pero no a través del recurso a las fuerzas humanas, como en una especie de sobreesfuerzo para cumplir hasta el último detalle de la ley, según la interpretación de los escribas de la época. Cristo no propone ese camino, sino Cristo propone el camino de la llegada del Reino, a través de una apertura de nuestro ser. Una especie de abrirle la puerta al amor de Dios en nuestra vida. Abrirle la puerta significa aceptar, acoger lo que Dios ha querido para nosotros y que lo muestra en el mismo Cristo. Dicho en un lenguaje quizás más familiar, abrirnos a la fe para recibir el amor gratuito del Padre. Amor que sana nuestro cuerpo. Amor que limpia nuestra mente. Amor que purifica e ilumina nuestro corazón. Amor que nos hace criaturas nuevas. Eso es lo que Cristo viene a predicar, y eso es lo que Cristo no solamente dice con sus palabras, sino hace con sus obras.

Y bueno, esto era un desastre para los fariseos. Resulta que Pablo tenía una formación amplia de muchísimos años, una formación muy profunda en la Palabra de Dios, es decir, en lo que para nosotros es el Antiguo Testamento, tenía una formación muy amplia. Es decir, una gran solidez en las Escrituras y todo lo que él había aprendido durante esos años, era a leer las Sagradas Escrituras únicamente desde la perspectiva de los fariseos. Es decir, ese era el enfoque que él tenía. Eso era lo único que a él le interesaba. Y desde esa perspectiva, Cristo aparecía como una especie de estorbo, de obstáculo, de distracción, incluso de enemigo.

Recordemos cómo en los evangelios muchas veces los fariseos tratan de hacer caer a Cristo, desacreditar a Cristo y finalmente son parte también de las acusaciones que quieren acabar con Cristo. De hecho, esa es una de las causas. Ese es uno de los motivos por los que Cristo fue crucificado. Entonces Pablo, formado en el fariseísmo, quiere exactamente eso. ¿Y qué hace? Va a Damasco, que es algo así como el límite superior al que ha llegado la predicación del Evangelio, para ir apresando a los cristianos, irlos recogiendo. Es una operación de rodeo y de acoso para traer a los cristianos hacia Judea, hacia Jerusalén. Encarcelarlos, seguramente torturarlos, matarlos. De hecho, ya Pablo ha sido cómplice, por lo menos cómplice por omisión, en la muerte de un cristiano. El primero de los mártires, llamado San Esteban.

Pero este hombre con esa formación escriturística tan profunda y este hombre con esa convicción tan absoluta en las teorías de los fariseos, fue alcanzado por el amor de Dios. Fue alcanzado por un rayo de la misericordia de Cristo, de manera que el que antes era perseguidor, luego puso al servicio de Cristo todo su talento, toda su formación, toda su generosidad. Y de ahí salió ese gran Santo que nos ha legado tan preciosas enseñanzas, que nos ha dejado ejemplos inolvidables, que ha marcado completamente la historia del cristianismo. Ese es el apóstol San Pablo. Y eso es lo que significa esta hermosa fiesta de su Conversión. Un momento para creer, para que cada uno de nosotros se abra a creer con mayor convicción, con mayor amor, con mayor fuerza, en que el amor de Dios todo lo hace nuevo, todo lo puede renovar.

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