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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Convertirse significó para Pablo descubrir que la condición del hombre era peor pero la misericordia de Dios era mayor.

Homilía spac011a, predicada en 20140125, con 9 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Dijo Jesús en alguna oportunidad. Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión. Podemos decir, y nos lo recordaba el Papa Francisco en su exhortación apostólica, que la manera de alegrarle el corazón a Dios es a través de la conversión. No se registra en ninguna otra parte ese tipo de alegría para Dios. Dios se alegra en cada conversión. Y tiene que haber gran alegría entonces, en este día, porque no solo es la conversión de uno, sino la conversión de muchos. La conversión de Pablo, se convirtió en un torrente de gracia que ha despertado multitud de conversiones.

Importante recordar entre esas conversiones, a San Agustín, que en un momento clave de su vida, cuando estaba desorientado y al mismo tiempo angustiado, abrió la Biblia y fue un texto de la carta a los Romanos, el que vino a darle ese último y necesario empujón para que él se arrojara en las manos de Dios, para que pusiera toda su esperanza en el Señor. Ese es un buen ejemplo de lo que significa cómo una conversión despierta otras conversiones. Además, sabemos bien en nuestra familia dominicana, como Santo Domingo llevaba siempre consigo las cartas de San Pablo. Puede decirse que el gran maestro en la predicación para Domingo no fue otro, sino el santo que hoy recordamos, el apóstol Pablo. Así que, hay muchos motivos para estar agradecidos. Hay muchas razones para dar gracias a Dios y para estar felices.

Conviene también recordar, un elemento tal vez descuidado sobre la conversión de Pablo. Y es, esta pregunta muy simple ¿En qué consistió esa conversión? Porque muchas veces se piensa, que la conversión supone el dejar una vida de vicios y el entrar en una vida de virtudes. Con bastante frecuencia, uno escucha testimonios de personas que se convierten, por ejemplo, en los grupos de oración, en las misiones, en las jornadas de predicación. Y la gente dice yo era, yo era un alcohólico, yo era vicioso, yo era mujeriego. He dejado eso. El Señor Jesús, ha llegado a mi vida. Me he convertido. Pero la conversión de Pablo no fue de esa clase exactamente. Él no parece que llevara una vida viciosa. Muy al contrario, el ardor por la fe y el interés por las cosas de Dios, fue algo que acompañó siempre su vida.

Nos lo recordaba la primera lectura de hoy, tomada del Capítulo Veintidós de los Hechos de los Apóstoles. Cómo Pablo ardía de celo por la causa de Dios. Cómo le interesaban las cosas del Señor. Entonces, la conversión de él no fue exactamente el paso de una vida de vicios a una vida de virtudes. ¿Qué fue más bien lo que sucedió? Pablo siguió las enseñanzas de los fariseos. Y los fariseos como la mayor parte de los contemporáneos de Cristo, estaban anhelando el Reino de Dios. Es decir, estaban anhelando que Dios se manifestara como el único y verdadero Rey, por encima de las patrañas de Herodes, por encima de la corrupción de los sumos sacerdotes, por encima de la arrogancia de los romanos. Que se muestre Dios, que se vea que Dios es Dios. Eso es anhelar el Reino de Dios.

Pero los fariseos consideraban, que para llegar a ese Reino de Dios, el camino que había que seguir era la estricta observancia de la ley. En realidad, había algo de lógica en la manera de pensar de ellos. Ellos razonaban de esta manera. Si fuimos nosotros los que nos apartamos de Dios, si fuimos nosotros los que rompimos la alianza y fuimos infieles a Dios. Entonces, en este contrato entre Dios y su pueblo, la parte que falló fue la nuestra. Tenemos que reparar lo que hemos dañado. Tenemos que recuperar la verdadera observancia de la ley. Cumplir la parte de nuestro contrato, cumplir la parte de ese acuerdo para que la Alianza esté nuevamente en vigencia y de esa manera, podamos esperar las grandes bendiciones que Dios ha prometido para los que le son fieles.

Fíjate que no era una posición descabellada, lo que ellos estaban diciendo. Era tenemos que cumplir lo nuestro, porque nosotros no hemos cumplido nuestra parte. Hay que hacer la parte nuestra. Y en esa escuela de fe, en esa manera de ver las cosas, se educó Pablo y esa era su convicción. Y eso explica también por qué él, lo mismo que los demás fariseos, sentían tanto fastidio hacia los cristianos, porque los cristianos utilizaban un lenguaje distinto. Los cristianos hablaban del enorme perdón de Dios, del inconmensurable perdón de Dios, de la gran misericordia que se había manifestado en Jesucristo y que por tanto, lo que había que hacer era aceptar a Jesucristo como Señor. Ahí, Pablo no lograba entender, si nosotros hemos fallado, lo que tenemos que hacer es corregirnos. Si hemos obrado mal, lo que hay que hacer es obrar bien. Es decir, él veía en el cristianismo como una especie de distracción, como una especie de disolución del mensaje que era más importante. El mensaje importante para él, era el mensaje de la restauración de la Alianza a través de la observancia de la ley. Y eso era lo importante. Y vienen estos cristianos, con un asunto de que la misericordia y la bondad de Dios y el perdón de Dios, y están distrayendo la atención de lo fundamental. Lo fundamental es que la gente se porte bien, que obedezca, que hagan lo que tienen que hacer. Eso es lo que es importante. Entonces, Pablo quiere acabar con esa distracción. Quiere acabar con ese ablandamiento de la religión. Esa especie de mediocridad. Seguramente él pensaba eso y por eso, lo mismo que los fariseos. Pablo siente que hay que acabar con esa gente.

Por supuesto que al tomar esa actitud tan drástica, va a cometer unos cuantos pecados de los cuales habla él, en el Capítulo Primero de la primera carta a Timoteo. Él dice Yo era blasfemo, era arrogante y era furioso, perseguidor. Por lo menos hay tres pecados ahí concretos, que él está acusando de sí mismo. El hablar mal del nombre de Dios, el situarse con arrogancia como juez de los otros, el dejarse llevar por la ira. Estos son pecados específicos. Pero lo esencial de la conversión de él fue que, el descubrimiento de que Dios es más grande. El descubrimiento de que la misericordia triunfa sobre el juicio. El descubrimiento de que la imposibilidad del ser humano, la limitación del ser humano, es una cosa mucho más seria de lo que pensaban los fariseos y que por ese camino del simple esfuerzo humano no se llega, hermano, no se llega nunca. Ese fue el descubrimiento. Esa fue la luz esplendorosa que le llegó. No se puede llegar a Dios, simplemente a través del esfuerzo humano, no se llega. Así no es. Entonces, ¿cómo se llega? Se llega reconociendo la propia imposibilidad, humillándose ante Dios, confiando únicamente en Él y recibiendo, con agradecimiento y con fe el regalo descomunal, absolutamente inmenso sobre toda proporción que Él nos ha dado, su propio Hijo Jesucristo. Esa fue la conversión de Pablo, descubrir que el mal del ser humano es más grave de lo que parece. Pero el bien de Dios es mucho más grande de lo que podemos imaginar.

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