Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La obra de Ananías en San Pablo, ejemplo de servicio a la conversión.

Homilía spac003a, predicada en 20030125, con 31 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Cómo son las cosas de la vida. Resulta que Pablo recibió el mensaje central de su vocación a través de Ananías. Y que yo sepa o conozca, no hay una fiesta de San Ananías. Hay dos relatos extensos de la conversión del apóstol Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Son las dos posibilidades de lectura que nos dan para el día de hoy. Uno es en el capítulo noveno, que es el más conocido que aparece descrito en tercera persona. Iba Pablo hacia Damasco, cayó. El otro es en el capítulo veintidós, donde Pablo lo dice en primera persona: Yo iba, me pasó, sucedió En el relato del capítulo noveno, simplemente simplemente se dice de Ananías. Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión Ananías, él respondió: Aquí estoy. El Señor le dijo: Levántate, vete donde Pablo. En el otro relato, en el del capítulo veintidós, se da un pequeño detalle que es muy importante, sobre Ananías. Se nos da un rasgo de Ananías.

Dice Pablo relatando lo suyo en primera persona: Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz. El Señor me dijo: Levántate y vete a Damasco. Allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas. Un tal Ananías. Y viene la característica de Ananías, hombre piadoso según la ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí. Esas dos características de Ananías no aparecen en el primer relato, en el capítulo noveno. Pero resulta que esas dos características son muy interesantes y son muy importantes para esta fiesta. Hombre piadoso según la ley, bien acreditado ante los judíos. Digo que es interesante porque Ananías, evidentemente era cristiano. Ananías conduce a Pablo al bautismo en Cristo Jesús. Y en cierto sentido lo envía en cierto sentido, porque he aquí lo que le dice a Ananías. Le dice Ananías, el Dios de nuestros padres. Es un judío el que habla. Te ha destinado para que conozcas su voluntad y veas al justo y escuches la voz de sus labios, pues le has de ser testigo ante todos los hombres. Le enuncia la misión y lo envía. O sea que es muy importante Ananías.

Ananías es importantísimo por dos razones. Primera, que es la más evidente, Porque Ananías es el que le da un sentido a la experiencia alucinante que ha tenido Pablo. Lo relaciona con el pasado lejano, el Dios de nuestros padres. Lo relaciona con el pasado cercano y lo que está viviendo. Tú, has conocido la voluntad. Has visto al justo y has oído la voz de sus labios. Ese es el momento presente y de una vez lo envía al futuro. Ahora tienes que ser testigo ante todos los hombres de esto que has vivido. Es decir, Ananías es el que le reconstruye el mundo a Pablo. Por favor, entendamos que la experiencia que vivió Pablo camino de Damasco lo fragmentó, lo despedazó. Sus convicciones quedaron rotas. Él creía que estaba sirviendo a Dios y de pronto Dios lo detiene, lo derriba, lo confunde, lo enceguece. El mundo de Pablo ha quedado vuelto añicos. Ananías tiene la labor de un enfermero que en nombre de Dios le reconstruye el mundo. Mira, detrás de esto está el Dios de nuestros padres. Ese es el lenguaje propio del judío. El Dios de nuestros padres es lo mismo que decir el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres. Ah, entonces sí tiene que ver con la fe. Y luego le cuenta qué es lo que ha vivido. Ahora conoces la voluntad de Dios. Ahora sabes qué es la justicia. Ahora tienes la voz de Dios en tu alma. Impresionante.

Le reconstruye. Pablo estaba hecho pedazos. Ananías reúne los pedazos. Le da un sentido a la experiencia, vinculando el pasado lejano y próximo, el presente y el futuro. Ahora tendrás que ser testigo. Ese es el futuro lejano. Pero para ese futuro lejano hay un futuro cercano a bautizarse hermano, a bautizarse, porque usted de aquí en adelante tiene que ser testigo de esto. ¡Qué importante el papel de Ananías! ¡Qué importante! Bueno, pero esa es apenas la mitad. Ananías le reconstruyó el mundo a Pablo. La otra mitad está en las características que Pablo da sobre Ananías. Hombre piadoso según la ley y además bien acreditado. Dice esta traducción dice aquí: bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí. Ananías era un cristiano piadoso según la ley. Analice eso. Ananías era un cristiano bien acreditado por los judíos.

Hemos pensado realmente poco en Ananías. Uno se deslumbra por la conversión de Pablo y no piensa que Dios en ese momento le acercó a un hombre realmente singular. El hombre que podía reconstruirle el mundo y el hombre que podía también darle un testimonio maravilloso. Y esta es la segunda parte, porque la reconstrucción del mundo es solo la primera parte. La segunda parte es esta. Para Pablo había una cosa que era clarísima. Si yo soy fiel a la ley, tengo que luchar contra el cristianismo, tengo que luchar contra los seguidores de Jesús. Para Pablo era evidente que seguir a Jesús era desobedecer la ley. Eso era clarísimo. Seguir a Jesús es desobedecer la ley. Y por eso él, con ese temperamento enérgico, fervoroso y coherente que tenía, sentía que como él era judío y amaba la ley, tenía que perseguir a los que siguieran a Jesús. Porque seguir a Jesús era desobedecer la ley. ¿Y qué hizo Dios? Le puso delante de un hombre que seguía a Jesús y que era piadoso según la ley. ¡Qué lindo, el modo de obrar de Dios! ¡Qué pedagogía maravillosa! Pablo tenía en su interior un conflicto brutal. Ser cristiano significa romper con la ley. Significa ser infiel a las promesas, significa rasgar la alianza, significa darle la espalda a Dios.

Esa era una cosa que Pablo tenía aquí, aquí metida, y por eso sentía que tenía que perseguir a los cristianos a como diera lugar, porque seguir a Jesús era desobedecer la ley. Y Dios le presenta a un hombre que es piadoso según la ley y que sigue a Jesús. Pero esa no era la única. No era la única dialéctica, no era el único conflicto que tenía Pablo en su cabeza. Para Pablo, hacer amistad con Jesús era hacer enemistad con el judaísmo. El que fuera amigo de Jesús era enemigo de los judíos. Y resulta que Dios le pone delante a uno, amigo de Jesús y bien acreditado ante los judíos. Para Pablo, seguir a Jesús era desobedecer la ley, y Ananías es uno que es piadoso según la ley y que sigue a Jesús. Para Pablo, ser amigo de Jesús era ser enemigo del judaísmo y Dios le pone delante a uno que es amigo de Jesús y que es bien acreditado por los judíos.

Entendemos el papel tan importante de Ananías. Ananías fue la respuesta viva a toda la inquietud de Pablo. Esa visión, ese deslumbrarse en Damasco o de camino a Damasco. Ese momento fue importantísimo. Pero ese momento no hubiera sido nada sin este otro momento, sin el encuentro con Ananías. Ananías fue el instrumento divino para dos cosas entonces. Primera, para darle un sentido a la experiencia que había vivido Pablo.

Y segundo, para contestar a las grandes preguntas de su vida. Y las dos cosas eran importantísimas. Dios tenía que mostrarle a Pablo que lo que él andaba persiguiendo con ese ardor incomparable, lo que él estaba buscando, esa perfecta fidelidad a la ley, eso solo podía ser posible. Eso solo alcanzaba plenitud, según nos enseña el evangelio de Mateo en Cristo. Porque él no vino a derogar la ley, No vino a destruir la ley, sino vino a darle plenitud. Esa es la conversión de Pablo. Descubrir eso que Cristo no vino a invalidar o a derogar la ley, no vino a invalidar o a quebrantar las promesas, vino a darle plenitud a la ley y vino a cumplir las promesas. Y Dios, con ese instrumento maravilloso que fue Ananías, le mostró eso a Pablo: Mira, yo no vengo a destruir lo que tú has creído siempre. Hay un acto de tanta misericordia en este encuentro, no solo la compasión de Ananías que sentía un temor apenas explicable. No. Si ese Señor vino aquí a perseguirnos, no solo la compasión de Ananías, sino por encima de eso, la compasión de Pasión de Dios que le da a Pablo un instrumento para que Pablo comprenda que su vida sí tiene sentido, que su lucha sí tiene sentido. Y en el fondo Pablo va a seguir luchando antes de encontrarse con esa luz en Damasco, era un luchador. Y después de esa luz, pues más luchador. Dios, a través de Ananías, reconstruye y le da un cauce al alma generosa, ardorosa, de Pablo.

Esta reflexión sobre Ananías ¿cómo la podemos aplicar a nuestra vida? De más de una forma, creo yo. Por ejemplo, nosotros podemos ser Ananías para otras personas. Tal vez es de lo más bello que se puede hacer. Aunque no tenemos más detalles de Ananías, no sabemos qué pasó con él, ni cómo murió, si quedó en el ancianato de Damasco y finalmente un día le dio un ataque y se acabó Ananías. No sabemos si fue mártir realmente. A él le correspondió un servicio muy específico, muy hermoso. Después desaparece discretamente, como tantas figuras en la Escritura. Pero Ananías realizó una misión que es tal vez lo más lindo que puede hacer un ser humano. Ayudó a que otro se encontrará con Jesús. Y aquí vienen a cuento aquellas palabras del apóstol Santiago: El que convierte a un pecador cubre la multitud de sus pecados. ¡Qué hermosa misión la de Ananías! Nosotros de alguna forma podemos también ser Ananías para otras personas. De acuerdo con eso, ¿qué hay que hacer? A ver vocaciones para ser Ananías. ¿Cómo es el perfil de una vocación, Ananías? ¿Cómo tiene que ser una vocación de Ananías? Mira lo que hizo Ananías. Ananías fue fiel al mandato de Dios. Fue fiel. Eso se presupone, en cierto sentido, fiel a la voz de Dios, dócil y obediente ante Dios, número uno.

Número dos no escoge a quién servir. Si a él le hubieran preguntado. ¿Tú sientes simpatía por Pablo? Ananías hubiera dicho ni cinco, ni cinco. Muchas veces las mejores conversiones, las más bellas y las que le dan mayor gloria a Dios, no son con la gente que nos cae bien. A veces uno cree que hay que tener empatía para poder servir y eso no es cierto. Muchas veces nuestros mejores servicios los realizamos a personas que no nos caen muy bien y muchas veces gente que no nos cae muy bien nos hace grandes servicios. O sea que uno no puede hacer la ecuación. Primero logremos la empatía y cuando ya haya la empatía, la simpatía y no haya llegado la antipatía, y cuando haya todo eso, entonces ahí sí podremos trabajar. La evangelización no es un asunto de simpatía ni de empatía. No digo, no digo que no pueda ayudar en algunos momentos, pero ya vemos que no siempre y uno no puede esperar a que la gente le caiga bien para servirla, porque si uno esperara a que la gente le cayera bien para servirla, uno pondría primero el afecto según la carne y la sangre, y eso no es lo que Dios quiere.

Además, si uno está esperando a que le caigan bien y a que sean empáticos y simpáticos y nunca antipáticos con uno, pues uno se va a perder de grandes bienes que Dios le quiere dar. Yo personalmente, cuando recorro mi historia vocacional, encuentro que una cantidad de gente que me hizo un bien maravilloso fue gente que no me caía muy bien y a la que yo no le caía muy bien, pero me hicieron un bien inmenso, porque Dios está por encima de eso, por encima de las previsiones y por encima de los afectos y las simpatías humanas. Y cuanto más pronto uno se levante de ese nivel de los afectos y si me cae o no me cae bien, si me gusta o no me gusta, cuando más, cuanto más pronto uno se levante de ahí, más pronto puede obrar Dios en el alma de uno.

Llevamos dos cosas .Primero, que Ananías fue fiel, obediente, dócil. Segundo, que Ananías dejó de lado el tema de la simpatía o de la empatía y fue a servir porque estaba haciendo un encargo de parte de Dios. En esto también sirven de testimonio los santos ángeles. Yo no sé qué tan simpático seamos nosotros para nuestros ángeles. Es probable que a veces seamos más o menos simpáticos y muchas veces no seamos tan simpáticos. Queda interesante puede encontrar un ángel en un ser tan inconstante, tan tibio, tan voluble y tan sucio como suele ser un ser humano. Un ángel que conoce la belleza de Dios y de todos sus santos, Un ángel que se regocija en los cantos de adoración al Señor en los cielos. Qué puede encontrar de simpático y qué puede encontrar de agradable estando con nosotros, que somos tan inconstantes que además somos tan tibios que además retrocedemos tantas veces y que además estamos tan manchados. Y sin embargo, ahí están nuestros ángeles, ayudándonos, inspirándonos, intercediendo por nosotros, dándonos ejemplo. Bueno, Ananías le reconstruyó el mundo a Pablo. Esta es una labor muy linda que se puede hacer. Muchas veces la gente con que nos encontramos es gente que siente desarmado el mundo, ayudar en el nombre del Señor a reconstruir el mundo, ayudarle a una persona a descubrir que Dios sí estuvo presente. Si está presente y si va a estar presente.

Ese es un ministerio maravilloso porque la cantidad de gente que siente. Pero ¿dónde estaba Dios cuando? puntos suspensivos. ¿Qué se hizo Dios cuando se murió mi padre? ¿Qué se hizo Dios cuando secuestraron a mi hermano? ¿Qué se hizo Dios? Muchísima gente siente que Dios desapareció de la escena. Ayudar a encontrar. Ayudar con cariño, con compasión. Encontrar el lugar y el momento de Dios y la presencia de Dios, incluso en las horas más oscuras. Es una labor de máxima compasión. Y es algo que no se olvida jamás, jamás. Cuando se puede encontrar la presencia bendita de mi Dios ahí. Y eso hizo Ananías. A veces uno piensa que la conversión es como mochar. Lo que había, como quien dice borrón y cuenta nueva, borrón y cuenta nueva. Y las personas humanas no somos así.

Mira, uno necesita no que lo corten del pasado, sino que le ayuden a superar el pasado. Aún en los cambios más drásticos, Dios deja siempre unos hilos. A mí por lo menos me parece tan tierno que cuando Jesús le iba a cambiar por completo la existencia a Pedro, Andrés, Santiago y Juan, los iba a llevar a un mundo completamente distinto y a pasar unos trabajos completamente diferentes. Cuando les iba a cambiar todo el mundo, sin embargo, dejó un hilito y les dijo: Mira, tú vas a seguir siendo pescador. Lo que pasa es que ahora vas a pescar hombres. Es decir, hay una continuidad. Necesariamente uno tiene que encontrar cómo el pasado de uno tuvo un sentido. Lo que tú has vivido en el pasado no lo has perdido. Todo eso que te sucedió, todo ese dolor era una preparación para que tú pudieras. Mira esas pruebas, esas dificultades, esas caídas. Míralas como manifestaciones de que Dios es el único que permanece siempre. Fíjate cómo uno necesita a veces desprenderse de cosas. En fin, hay mil argumentos que el Espíritu Santo va dando, pero uno nunca le puede aplastar el pasado a una persona. Para Ananías hubiera sido muy fácil llegar donde Pablo y decirle: Bonita la vida suya. No, no haga más, no haga más, sino perseguir inocentes. Y con esa cara lavada se va a presentar donde Dios. Pero Ananías no hizo eso. No le machacó el pasado, no lo mutiló del pasado. Más bien le mostró: Mira, el mismo Dios de los padres ahora te ha dejado ver al justo tú lo que estás es deslumbrado por la justicia, algo que buscaste, algo que predicaste pero que no conocías. Ahora ya lo conoces. Qué caridad, qué suavidad, qué delicadeza para que la persona no sienta que perdió la vida.

Es que uno no puede llegar donde una persona y decirle: ¿Usted cuántos años tiene? Yo conocí un predicador que era así. ¿Usted cuántos años tiene? Supongamos que la persona dijera treinta y ocho, treinta y ocho años. Usted no tiene treinta y ocho años, usted tiene treinta y ocho años. Tendrá uno o dos años, lo que hace que se convirtió. El resto es perdido, hermano. Siente y entonces perdido. Entonces todo perdido. No, miren la sabiduría de Dios. Todo, todo se va preparando, todo se va gestando, todo sirve de abono, todo es que pensemos que aún en el orden natural, hasta los cadáveres sirven de abono. Hasta los cadáveres sirven de abono. Cómo le va uno a mutilar el pasado de una persona y a decir: Usted ha perdido toda su vida. No, Dios lo venía preparando. Esa caridad de Ananías es maravillosa, porque eso le permitió a Pablo sentir que ahora más que nunca iba a ser fiel a sus ideales de juventud. Fíjate cómo él recordaba con cariño el tiempo que había sido educado con Gamaliel a los pies de Gamaliel. Dice él. Él recordaba con cariño. Uno se imagina ese Pablo fervoroso poniendo todo su empeño, tratando de entender hasta el último detalle de la ley admirándose de todo eso ardiendo de amor y de celo por Dios. Eso no se puede perder. Ayudar a las personas a rescatar el pasado y ayudar a la gente a encontrar una misión. Eso es muy lindo. Eso es muy hermoso.

Hay una hermana de nombre Susana, pero el apellido no lo conozco. Que fundó una obra que se llama: Misioneros por el sufrimiento o algo parecido Comisu. Bueno, esta hermana es una hermana muy enferma. Ha tenido una cantidad de dolencias. Y el gran don que tiene ella, que es tan bello. Ella entra en comunicación con enfermos, les escribe, les habla, utiliza toda clase de recursos y es tan linda porque todo el objetivo de ella es lograr que la persona, cuando se siente más en el piso se siente rastrillada contra el polvo. En ese momento esta hermana busca de mil modos como darle un sentido a eso y cómo decirle mira, tú puedes ser misionero, tú puedes ayudarme. Vamos a orar. Esta semana estamos orando por la conversión en África. Estamos pidiendo al Señor ven, únete conmigo, vamos a pedirle a mi Dios y tiene sus programas de radio. Ella es como una Ananías. Ella ayuda a la gente a que reconstruya la vida. Pero el reto más grande de la vocación annianka es ser nosotros respuestas vivas. Ananías fue una respuesta viva. Claro que él no lo sabía. Eso lo sabía Dios que lo envió. Pero Ananías era una respuesta viva. En la mente de Pablo no cabían dos cosas a la vez. Seguir a Jesús y ser piadoso con la ley. Eso no puede ser. No puede ser. Ananías, con su sola presencia, era una respuesta para Pablo. ¿Cuántas veces la gente tiene ese tipo de dicotomías? ¿Tienen esos conflictos interiores?

Le voy a mencionar, por ejemplo, unos dos o tres de esos conflictos que la gente tiene ya. Por ejemplo, no se puede, no se puede buscar amor y guardar la pureza. No se puede. No se puede tener amor y tener pureza a la vez. La inmensa mayoría de los jóvenes sienten que eso es un imposible. Eso no se puede, porque si me pongo con mucha pureza, mucha pureza, mucha pureza, no me nadie me va a querer, no voy a recibir amor y por consiguiente voy a ser una frustrada. Otros, en cambio, dicen bueno, si yo le apuesto al amor, pues me toca. Pues como son las relaciones hoy y cómo se viven hoy, me toca someterme a todo eso. Son dos cosas que son irreconciliables. No se puede sentir amor, tener amor y tener pureza, Eso no se puede. Eso siente la gente. Qué bonito, qué bonita obra. Pueden presentar, por ejemplo, una pareja de verdaderos novios que vivan en el amor y en la pureza. O desde otro punto de vista, cuánto amor puede irradiar una vocación consagrada que muestre al mismo tiempo el amor que siente, el amor que vive y la pureza que irradia. ¡Qué lindo! Ahí está haciendo un Ananías le está resolviendo un problema que la otra persona tiene.

Le voy a dar otro ejemplo de otra cosa que yo he visto que la gente tiene aquí como irreconciliable. Uno no puede ser, no puede ser humilde y al mismo tiempo defender los derechos. Uno no puede defender sus derechos y ser humilde. Eso siente muchísima gente, porque si defiendo mis derechos me toca ser agresivo y aplastar al otro. Y si soy humilde, entonces soy menso y entonces me aplastan a mí. Así siente la gente y muchísima gente siente eso. Uno no puede ser humilde y luchar por sus derechos. No. Toca ser sagaz, agresivo, artero. O si no, ser humilde, bobito y perdedor, esas dos cosas no se pueden juntar. Hubo gente. Ha habido gente que ha mostrado que sí se puede juntar un caso no cristiano interesantísimo el de este, el de este líder indio Gandhi, un hombre de una humildad y con su humildad, un liderazgo y con su liderazgo, transformó la historia de su país humilde y luchando por sus derechos. Cuando un líder reúne cosas que parecen imposibles, adquiere un atractivo, adquiere el carácter de un regalo, de una respuesta maravillosa. Eso fue Ananías para Pablo, porque Pablo no veía cómo juntar esas cosas. Bueno, queda de tarea buscar otras, otras dicotomías, otros conflictos, porque son muchos los conflictos que la gente tiene, muchos con respecto al dinero, con respecto al descanso, con respecto a las amistades, con respecto al estudio.

Pero yo voy a mencionar la tercera. Dije que dos o tres. La tercera, mucha gente piensa que no se puede ser un buen intelectual y ser piadoso. No si uno es piadoso, entonces si es piadoso, todo se le va en suspiros, en lágrimas, en sensiblería, pero no es intelectual. En cambio, si uno es intelectual, entonces es escéptico, es distante, es duro y hay una cantidad de intelectuales que piensan que por ser intelectuales no pueden creer en milagros, no pueden creer en los Ángeles. No pueden creer. No. Estas son devociónsillas, devociónsillas. Hay para la gentuza. Pero, por favor. Yo soy un intelectual. Estoy preparado. Estoy sumamente preparado. Estoy también preparado que yo mismo me asombro de la preparación que tengo. Fíjate ese caso. La intelectualidad en guerra con la piedad. Esas dos cosas no se pueden juntar. Pero cuando uno se encuentra, por ejemplo, con un Tomás de Aquino. Ah, qué hombre más intelectual y qué hombre más piadoso y delicado con las cosas de mi Dios. Tomás hace la labor de un Ananías le muestra a la gente que lo que parecía irreconciliable era mentira. Es maravillosa la obra de Ananías. Y yo le pido a Dios que nos conceda ser Ananías.

Hemos visto cuatro características de Ananías fiel y dócil, fiel, dócil y obediente ante Dios. La primera, la segunda, no pone en primer lugar la carne, ni la sangre, ni la simpatía, ni la antipatía. No, no, no, no. Todos tenemos antipatías y simpatías. Pero quién va a poner eso en primer lugar. No. Primero. Primero, el servicio a Dios. Estar por encima de eso. Por encima de la carne y la sangre. En tercer lugar, ayudar a reconstruirle el mundo a las personas. No podemos aplastar una historia así. Haya sido una historia de pecado. No podemos aplastarla. Hay que ayudar a encontrar los hilos conductores que lancen a la persona hacia un futuro mejor. Y en cuarto lugar, ser una respuesta existencial a esas cosas que parecen irreconciliables y en las cuales suele estar el quicio de una vocación.

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