Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Descubramos el plan de Dios en el hermano.

Homilía spac002a, predicada en 20020125, con 18 min. y 14 seg.

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Transcripción:

En la conversión de San Pablo, Jesucristo se hace sentir. Podríamos decir de una manera directa. Pero también se hace sentir a través de su pueblo, a través de los suyos. Es interesante ver cómo Pablo recibe una gracia singularísima, pero a la vez es enviado donde otros hombres. En este caso donde Ananías. Es puesto, podríamos decir en manos de Ananías. ¿No podía Cristo que le quitó la vista haberle devuelto la vista? Claro, pero Cristo quiso devolverle la vista a través de la presencia, la intercesión y la palabra de un hombre de Ananías. Esto es lo primero que quiero destacar hoy.

¿Cómo se combina lo inmediato y lo mediado? Inmediato es ese resplandor que se apodera de Pablo y que viene como de Cristo a Pablo. Mediado es lo que tiene un puente, lo que tiene un instrumento, lo que tiene un mediador. Ananías sirve de puente, de mediador. Y verdaderamente es una enseñanza para nosotros. Cristo quiere obrar en nosotros inmediatamente, es decir, directamente, y Cristo quiere obrar en nosotros, mediadamente. Y hay que saber reconocer a Cristo a través de los Ananías que nos envía. Pero también hay que saber esperar a Cristo directamente. Las dos cosas no se oponen. La gracia de lo inmediato y la gracia de lo mediado no se contradicen. ¿De qué maneras se puede dar esto en nuestra vida? Por ejemplo, leo la escritura y siento una inspiración en mi corazón. Algo comprendo, eso es casi inmediato, es muy valioso. Dios como que me habla ahí.

A veces los católicos somos muy recelosos, yo no sé si demasiado recelosos para creer que Dios puede así mostrar. En un momento, en un cuadro, en un paisaje, en un niño, en un pobre, en una, en tantas cosas Dios puede hablarnos así. O también Dios puede hablarnos a través de mediaciones. Alguien me llama aparte y me dice: Espérate, te explico esto. Fíjate que está sucediendo esto ahí, está preocupación. Ten en cuenta este detalle. Estemos abiertos a la acción inmediata y estemos abiertos a la acción mediada, porque de ambos modos sobra Cristo. Miremos qué le dice a Ananías, a Pablo: Hermano Saulo. Eso es lo que me parece más lindo a mi. Hermano. La palabra que le devuelve la luz es la palabra hermano. Porque Pablo no iba a Damasco para recibir consejos de Ananías, ni para recibir oraciones de Ananías. Iba a Damasco a encadenar a Ananías, a llevarse precio Ananías, para que Ananías seguramente le sucediera, como le había pasado a Esteban. Pablo iba a apoderarse de Ananías. Ananías iba a quedar en poder de Pablo. Pero Dios da la vuelta y es Pablo el que queda, por decirlo así, en poder de Ananías. Y lo más bello es, esa docilidad Ananías, Señor, he oído que es un hombre terrible. Es mi enemigo. Bueno, tu enemigo es ahora tu hermano. Esa palabra, hermano. Reconocer el hermano en el que había sido enemigo.

¿No es verdad que nosotros vivimos en un mundo donde a veces el perdón parece imposible? Donde la gente queda marcada como de por vida. ¿Usted a cuántas personas tiene marcadas ya de por vida? Ese morirá así, ella es así, yo la conozco, eso es así. Yo sé. Es que yo conozco. Es que yo hace muchos años. Que gran milagro la conversión de Pablo. Pero qué gran milagro que obra del espíritu la docilidad de Ananías hasta llegar a llamar hermano al que era enemigo. Y yo creo que el compromiso para nosotros es grande. ¿A cuánta gente tienes marcada? Cuánta gente está excluida casi para siempre. Yo sé cómo es. Yo sé, yo sé cómo es. Ay, no la conociera, yo. Es que yo sí sé ¿cuantas razones nos damos para creer imposible que las personas cambian? Ananías llama a Pablo hermano, hermano.

Y hay otra cosa que me admira de Ananías. Lo primero, la docilidad al espíritu y lo segundo la humildad. Hermano, el Señor Jesús, que se te apareció por el camino. Me ha enviado para que recobres la vista. ¡Qué cosa tan maravillosa! ¡Qué cosa tan maravillosa! ¡Eso que le dice, eso que le dice Ananías! El Dios de nuestros padres te ha elegido. Para que conozcas su voluntad. Para que vieras al justo. Porque vas a ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ustedes han leído o han oído alguna vez que se diga: Lectura de la carta de Ananías. No. El que brilla es Pablo. Carta de Ananías a los Colosenses. La carta Tercera carta de Ananías a los Efesios. Eso no existe. Ananías hizo su obra y desapareció en la penumbra. Supo desaparecer. Se dio cuenta de la obra de Dios. Yo hasta veo un parecido entre la manera como obra Ananías con Pablo y la manera como obró Juan Bautista con Cristo. Dejar que el otro surja. Dejar que el otro nazca.

Algunas veces a uno le toca de paisaje. En este teatro del mundo a veces el papel de uno es el de árbol, roca, nube. A veces creemos que tener al Espíritu Santo es ser centro de algo o de alguien. Aquí estoy yo, en el centro y en torno a mí nace una historia. Tal vez no es así. Tal vez Dios me llama a ser Ananías. Pregunta: ¿Te llama la atención? ¿Estás dispuesto a ser esa persona que le ayuda a otro a descubrir su vocación? Tendrías tú la generosidad de decirle a un hermano o a una hermana. Dios te amó tanto. Dios te eligió de tal manera que vas a brillar y sentir que por dentro en tu mente dices: Tú vas a brillar como yo nunca voy a brillar. Esa sí es virtud, esa sí es virtud heroica. Tú vas a brillar. Fíjate que Ananías no era ningún, no era ningún aparecido. Es que hay dos lecturas propuestas para la fiesta de hoy. Una es la del relato de la conversión en el capítulo noveno y otra el veintidós. Yo tomo textos de una y otra. Fíjate cómo. Está Ananías no era ningún tonto devoto de la ley recomendado por todos los judíos de la ciudad. Era un personaje en Damasco, Ananías.

¿Tú estás dispuesto a ayudarle a otro a descubrir su vocación? Uno dice: Pues sí, no. Yo le puedo ayudar a alguien a que descubra que es un gran pintor, porque como yo soy poeta. Pero tú que eres poeta, le podrías ayudar a otro poeta a que descubra su vocación y a que sea mejor poeta que tú. Eso es lo que cuesta trabajo ayudarle a otro. A otro. Que Ananías era un personaje dentro de esa comunidad. Y lo que le está diciendo a Pablo es Pablo, tú vas a ser un personaje entre comillas, en todas las comunidades. Luego eso, traducido a nuestro caso, significa poder decirle a otra persona tú tienes la misma vocación que yo, pero tú la vas a vivir con más brillo. Tenemos el corazón dispuesto para llegar allá. Es que es muy fácil festejar a otro que crece en otra matera, en otro jardín. Pero admitir que otro al lado mío, con el camino mío y con la vocación mía, ese sí va a brillar y yo no, y sentir con esa mansedumbre, con esa humildad de Ananías el Señor te eligió. No pierdas tiempo. Brilla, te llamó, ve y brilla, cosa, que cosa maravillosa. Y desapareció.

Hoy en miles de iglesias se predicó de la conversión de San Pablo. Será demasiada vanidad mía. Será demasiado orgullo pensar que casi nadie habló de Ananías. Cuántas cosas se habrán dicho de Pablo y Pablo, y Pablo y Ananías allá en la penumbra. ¿Estás dispuesto? ¿Estás dispuesta a admitir eso? Acercarte a otra persona de tu propio camino, de tu propia vocación, y decir tú vas a brillar, tú vas a brillar aquí y en muchas partes se necesita verdadera unión con Dios para eso. Porque lo que ha faltado en las almas consagradas, almas sacerdotales, almas de religiosas, almas de vírgenes, lo que ha faltado muchas veces es ese tamaño de amor que es el amor que verdaderamente pone a Dios primero. Ese tamaño de amor. Eres tú quien va a brillar.

La Biblia tiene unos ejemplos conmovedores de esto. Juan Bautista cuando le dice: y mira, mira el que tú bautizaste, figúrate que está allá en el Jordán y está bautizando también. ¿Y ahora qué vamos a hacer? Ya empezó la bautizada allá y dice Juan: Nadie toma nada si no le viene de lo alto. Es que él tiene que crecer, yo tengo que disminuir. Y añadió: Y ahora mi gozo es completo. ¡Ay! ¡Hay almas santas en esta tierra! Una persona que sea capaz de eso, que era Juan, lo único que era profeta, y le sale otro profeta y que va a brillar por los siglos. Y Juan ante el profeta que nace dice: Yo tengo que disminuir, pues muy grande. Eso es muy lindo. O el ejemplo de Jonatán y David. Ustedes saben que Jonatán era hijo de Saúl y era el heredero y David era la competencia. Es que eso es grande. Es que ahí es donde se ve cuando entra la competencia, cuando el otro me puede opacar ahí es que es grande Ananías y es grande Juan Bautista y es grande Jonatán. Y le dice Jonatán a David: Mira reina, tú y yo voy de segundo. Y Jonatán era el heredero, el heredero y el heredero le dice a su amigo reina tú, tú vas a ser el rey, yo voy de segundo. Eso es virtud, eso es grandeza. Ese es un llamado hermoso. Ese es un llamado santo de mi Dios.

Por eso pidamos al Señor. Primero que nos abra a sus inspiraciones inmediatas y a sus acciones mediadas. Y segundo, pidamos al Señor que nos colme de su Espíritu Santo para saber reconocer la obra de Dios en ese otro o en esa otra que tiene mi mismo camino, que si crece me va a disminuir y si brilla, me va a opacar. Ayudar a descubrir esa vocación. Bueno, yo no puedo dejar de mencionar un caso en la Orden Dominicana, el de San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino. San Alberto brillaba, brillaba y tuvo de alumno a Santo Tomás. Y ustedes saben que de Santo Tomás se burlaban, que le llamaban el buey mudo, el buey mudo y San Alberto, el gran profesor de París y de Colonia, dice: Ustedes le llaman el buey mudo, pero cuando empiece a mugir, su voz se oirá en todas partes. Lo mismo de Juan Bautista, lo mismo de Jonathan, lo mismo de Ananías. ¿A quien podía opacar Tomás? Alberto y de hecho, Santo Tomás de Aquino muchisisimo más conocido que San Alberto. Es así. Pero San Alberto ayudó a construir la vocación que lo iba a opacar a él. Esa es gente grande. Yo veo un amor tan grande ahí, en la persona que es capaz de reconocer. No es que primero el plan de Dios, esto no es que yo o que tú. Primero, el plan de Dios y el plan de Dios está contigo. Eres tú como Jonatán. Reina tú, yo voy después, yo voy de segundo. Eso es grande, eso es santo.

Y esa es señal no solamente de humildad, sino sobre todo de amor a Dios. Porque esta gente, Ananías, Juan, Jonatán, Alberto Magno, hace eso, no solamente por disminuirme, porque yo como he cometido tantos pecados, porque yo soy chiquito. No, no es por eso, es por una claridad sobre el plan de Dios, es por un amor a Dios, es por darse cuenta, no, aquí lo que importa es que brille la gloria de Dios.

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