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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Martín nos muestra que el amor es una resolución profunda que brota del inagotable amor de Cristo.
Homilía smtp015a, predicada en 20251103, con 6 min. y 52 seg. 
Transcripción:
El tres de noviembre recordamos y celebramos a San Martín de Porres, un religioso de mi propia comunidad religioso dominico. Varias veces he comentado dos anécdotas personales y permítanme que les repita aquí. Primera, que la primera biografía de Santo que yo leí fue precisamente la de San Martín de Porres, así como la primera biografía de Santa fue la de Santa Laura Montoya, colombiana, felizmente ya canonizada. Así que desde mi infancia la historia de Martín de Porres quedó grabada como un ejemplo sorprendente de amor y de valentía en mi corazón. Luego comentaré por qué esa valentía, por qué uso esa palabra. Lo segundo que comento es que aquí en Bogotá, en la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá que queda en Chapinero para los que conocen esta ciudad. En esa Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá ha habido desde hace mucho tiempo una gran devoción a San Martín de Porres. Un sacerdote recordado por muchos, el padre Alberto María Madero, realmente promovió con todas sus fuerzas esa devoción a San Martín, especialmente los días martes, de tal manera que se hablaba de los martes de San Martín y una de las señoras piadosas que iba con frecuencia a la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá para hacer oración y pedir la intercesión de San Martín de Porres. Una de esas señoras era mi mamá. De manera que también en la infancia era para mí muy frecuente escuchar el nombre de este santo y saber que mi mamá iba a esa capilla, a esa nave de la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá, para pedir la intercesión de San Martín de Porres, pues según las necesidades que había en mi hogar, lo mismo que estoy seguro, hay necesidades materiales, emocionales, laborales en tantos otros lugares. Así que San Martín de Porres dejó en mi familia una certeza de amor, de protección, lo cual no es en absoluto extraordinario, porque este santo precisamente se caracterizó por esa caridad, por esa generosidad. Él es Martín de la Caridad, así le llamaba mucha gente. Y es impresionante saber que San Martín de Porres vivió hace cuatrocientos años y en este tiempo, cuatro siglos después, su ejemplo de caridad sigue impactándonos tanto y las obras de amor a nombre de San Martín de Porres siguen sucediendo en primer lugar en la propia ciudad donde él vivió en Lima, Perú. Allí la casa donde estuvo San Martín de Porres. Podríamos decir su casa materna se conserva y es precisamente un centro de caridad. Prolongando a lo largo de los siglos lo que había en el corazón de este religioso. Él no fue sacerdote. Por eso insisto en la palabra religioso. Él era lo que usualmente llamamos un hermano. Él era un hermano, un religioso. Y desde su condición humilde de hermano, él tuvo la valentía de superar grandes batallas. Cuando uno piensa en batallas, casi siempre piensa en lo que está afuera. Pero las batallas de San Martín de Porres fueron sobre todo interiores. ¿A qué me refiero con esto? Este fue un hombre que conoció pobreza, que conoció marginación, que conoció humillación y desprecio. Y yo creo que todos estaremos de acuerdo en que esas circunstancias realmente son un reto para el corazón. Por ejemplo, ser humillado y no llenarse de amargura no es fácil. Ser marginado y no llenarse de rebeldía o rabia es bastante difícil. Es un combate muy, muy duro. Pues San Martín de Porres vivió ese combate y triunfó en ese combate. A veces se piensa que las personas que han practicado mucho la misericordia, la caridad, como Martín de Porres, eran personas que tenían una vida, digamos, suave en la dulzura, porque su trabajo era básicamente amar y distribuir amor. Pero es que yo quiero contarte que amar es un combate. Que verdaderamente amar, sobre todo cuando no somos amados, cuando no se reconoce el esfuerzo, cuando no hay agradecimiento, cuando al contrario de lo que te encuentras es desprecio. Requiere un coraje, requiere una fuerza interior. Utilizo la palabra coraje en ese sentido, como esa fuerza interior. Y sin esa fuerza, sin esa valentía interior, no eres capaz de amar, porque se te acaba el impulso, porque se te acaban las ganas. Y eso fue lo que nos mostró Martín de la Caridad. Eso fue lo que nos mostró San Martín de Porres, que el amor no es simplemente un sentimiento bonito para cuando yo tenga ganas de ser bueno. El amor es una resolución profunda que brota precisamente del inagotable amor de Cristo. Porque es que San Martín de Porres, del inagotable amor de Cristo, recibió su capacidad de amar a todos, amar a sus hermanos de comunidad, amar a los enfermos por los que hizo tantas cosas, amar a su familia que muchas veces no lo entendía, amar a los que lo despreciaban, amar a aquellos que por su condición de hijo ilegítimo o por su condición de mulato, es decir, por la característica de su piel, pretendían hacerlo a un lado. Yo quiero hoy que celebremos la valentía de alguien que se arriesgó a amar con todas las consecuencias. Que bebió abundantemente de las fuentes del amor divino y luego hizo realidad ese amor en su vida como religioso, pero ante todo como hombre de Cristo. Dios nuestro Padre, nos permita seguir las huellas de San Martín de Porres, beneficiarnos de su intercesión, como lo entendió muy bien mi Señora Madre, y por supuesto, ser transmisores también de esa bondad para muchos otros. Así lo conceda el Señor. Y tú, San Martín de Porres, ruega por nosotros. Amén.

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