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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

San Martín de Porres nos muestra que las polarizaciones en la Iglesia y en la sociedad se vencen con la humildad, la caridad y el servicio que recibió de Nuestro Señor Jesucristo.

Homilía smtp013a, predicada en 20221103, con 5 min. y 45 seg.

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Transcripción:

San Martín de Porres es el santo que puede enseñarnos cómo se vencen las polarizaciones en la Iglesia y en la sociedad. Recordemos qué es una polarización, un polo, un eje. Es como el punto de referencia y de fuerza que toma una persona o que toma un grupo y que considera esencial para su supervivencia, para su éxito, para su desarrollo. Un eje, un polo. No es malo que uno tenga ejes claros en su vida. El problema está en la polarización. Es decir, cuando yo empiezo a creer que todo lo que yo sé y solo lo que yo sé, es lo que importa y es lo que es verdad. Y el otro, el que no piensa como yo, está totalmente equivocado. Es decir, cuando pongo toda la verdad de mi lado y pongo toda la mentira y la trampa del lado del otro, eso se llama polarización. Eso se llama división. Y estamos viviendo eso en términos de política y estamos viviendo eso también dentro de la Iglesia.

El mundo que conoció San Martín de Porres, es decir, tiempo de Colonia en la época de la llegada del Imperio español a tierras americanas, el tiempo que conoció San Martín es un tiempo precisamente marcado por grandes, por muy serias polarizaciones. Entre otras cosas por diferencias entre ricos y pobres, por diferencias entre los europeos, los criollos y los nativos, por diferencias raciales, los blancos, los negros, los mulatos. Todas esas diferencias y todas esas tensiones coexistían en el tiempo de Martín. Y él tuvo que vivir esas tensiones. Qué digo yo vivir. Tuvo que sufrir esas tensiones. Es impresionante lo que le tocó a él. Pero Martín mostró que hay un camino inesperado, un camino que está marcado por tres palabras que definen muy bien su corazón y su alma. Esas tres palabras son la humildad, la caridad y el servicio.

Porque la manera como nosotros solemos abordar las polarizaciones en nuestro tiempo es exactamente lo contrario. Martín nos habla de humildad, caridad y servicio, y lo que solemos ver en nuestro tiempo es, en vez de humildad, arrogancia en forma, por ejemplo, de empoderamiento. Es decir, cómo hago para ser más fuerte yo. Cómo hago para ser más fuerte yo. Empoderamiento. Segundo, en lugar de caridad, resentimiento, odio. Ya conoces todos esos movimientos políticos que lo primero que hacen al llegar al poder es establecer barreras de odio dentro de la sociedad. Los culpables de todo son, qué se yo, los ricos o los comunistas, o los Estados Unidos o quien sea. En vez de caridad, odio. Y en vez de servicio, astucia para lograr lo propio. Entonces, el gran desafío que nos plantea Martín de Porres es ese. Vencer la arrogancia con la humildad, vencer ese resentimiento y ese odio con la caridad y vencer esa astucia y ese egoísmo con el servicio.

Pero ¿cómo va a ser posible esto para nosotros? ¿cómo llegaremos a eso? No es algo que esté en nuestras fuerzas. Si Martín pudo ser un testimonio de la victoria, de la humildad, de la caridad y del servicio, fue porque él encontró a uno más humilde, más caritativo y mayor servidor que se llama Jesucristo. Porque Jesucristo estaba reinando en su vida. Por eso Martín pudo vivirlo. Por eso Martín pudo hacerlo realidad. No es simple acto de voluntad, no es simple fuerza nuestra. Es Cristo, es Cristo reinando en nosotros. Es sentirnos abismados, asombrados por la presencia y la victoria de Cristo en nosotros. Es eso lo que hace que nuestro corazón como una especie de reflejo, como una especie de prolongación del corazón de Cristo, pueda ser también servidor, servidor humilde, servidor caritativo de los hermanos. Y así las divisiones y las polarizaciones empiezan a caer. Y la auténtica fraternidad, que es mucho más que estrategia política, que es mucho más que simple cortesía, que es mucho más que simple tomarnos fotos juntos. La verdadera caridad empieza a reinar. Por algo la gente lo llamaba San Martín de la Caridad. Que se haga realidad en nosotros su bendito amor. El amor a Cristo. Amén.

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