Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El lenguaje de la caridad es el lenguaje que todos podemos entender.

Homilía smtp005a, predicada en 20121103, con 4 min. y 44 seg.

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Transcripción:

El Tres de Noviembre de Mil seiscientos treinta y nueve. Después de una vida llena de méritos, pero sobre todo llena de amor, fraternidad, servicio y alegría, fallecía Martín de Porres. Este santo verdadero modelo de generosidad, modelo de entrega sin reservas al plan de Dios, sigue siendo una referencia en lo que quiere decir amar. Cuando hablamos de amor, tal vez la primera imagen que viene a nuestra cabeza es la de una pareja. No está mal. Dios ha querido que el amor tenga una expresión privilegiada en el hombre y la mujer que se aman. Pero eso no quiere decir que ese sea el único rostro del amor. De hecho, nosotros los cristianos tenemos una imagen más perfecta del amor. Es Cristo en la cruz. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos, dijo Cristo. Lo dijo y lo hizo. Por eso el amor más grande es el amor de la cruz. Y también Cristo nos dijo: En esto conocerán que ustedes son mis discípulos, en que se aman unos a otros.

El gran distintivo del seguidor de Cristo no es el que tiene más conocimientos, no es el que tiene la posición más elevada, el que tiene más poder, el que maneja más gente, el que utiliza más recursos. Aquél que más ama ése es el que refleja mejor el mensaje de Cristo. Y esa fue la vida de Martín de Porres. La gente le llamaba Martín de la Caridad. El amor fue su lenguaje dentro y fuera del convento. Fraterno y servicial. Para los dominicos de su convento, allá en Lima, se desbordaba en detalles, cuidados, bienes, limosnas. Limosnas para los pobres, los indígenas, los enfermos y todos aquellos que sentían como una especie de derecho de pedirle porque sus recursos parecían inagotables y tenía y vivía el voto de pobreza. Pero sus recursos eran inagotables porque estaba unido a la inagotable bondad de Dios.

Hay algo que conviene recordar sobre Martín de Porres, en Lima se conserva la casa donde él nació. Jamás olvidaré la dulce experiencia que Dios regaló a mi corazón cuando pude hacer unos minutos de oración en la habitación misma donde él nació. Y esa casa, la casa de Martín, sigue siendo una casa que distribuye, que regala, que comparte de mil formas solidaridad, amor, bondad, alegría. ¡Cuánto bien hacen a la Iglesia estos santos! ¡Cuánto bien hace esa sonrisa! He tenido ocasión de recorrer distintos sitios en el mundo y desde Irlanda hasta Estados Unidos, desde el Paraguay hasta el Canadá he encontrado que ese lenguaje, el lenguaje de este mulato, es el lenguaje que todos podemos entender. Que Dios lo grabe profundamente en nuestras almas. Amén.

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