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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María es madre de la Iglesia porque cuida la vida de Dios en cada bautizado y guía hacia la santidad. Ella protege a la Iglesia y nos conduce a la conversión y al respeto por la vida.
Homilía smmi001a, predicada en 20250609, con 7 min. y 38 seg. 
Transcripción:
El lunes después de Pentecostés, según voluntad y decreto expreso del Papa Francisco, celebramos la memoria de Santa María Virgen como Madre de la Iglesia. Este es un título relativamente nuevo, pero no inmediatamente reciente. No se nos olvide que el Papa Pablo Sexto utilizó este título también en la clausura del Concilio Vaticano Segundo. Y puede decirse que esta manera de mirar a la Virgen se da ya con mucha claridad en los Padres de la Iglesia. Así, por ejemplo, San Agustín nos enseña que así como Cristo es cabeza de su cuerpo, que es la Iglesia, pues una sola ha de ser la Madre de Cristo y de la Iglesia. Además, los cristianos de todos los tiempos han encontrado en María el modelo, la referencia, la protectora, la amiga. Y todo esto se resume muy bien en la palabra Madre.
Con la ayuda del Señor vamos a detenernos en dos o tres puntos sobre lo que significa ver a María como Madre de la Iglesia. Primer punto María quiere engendrar la vida de Dios. Quiere que venga la vida de Dios y que se realice la vida de Dios en cada uno de nosotros los bautizados. Y en ese sentido ella es Madre de la Iglesia. Ese es el primer punto.
Observemos que Cristo es el gran Amor del Corazón Inmaculado de María. Es la razón de su existencia, es el tesoro de todo lo que ella es y es su alegría definitiva en el cielo. Ese tesoro que es Cristo para el Corazón de María. Ella quiere que se realice también en nosotros, porque nos ama. Además, la gloria de Cristo crece con cada persona que acepta el Evangelio, con cada persona que rinde amorosamente su voluntad al amor que abundantemente se derramó en el mundo con la Pascua de Cristo. De manera que por amor a nosotros y por amor a Cristo, María es Madre de la Iglesia. Amor a nosotros, porque no quiere que quedemos privados del tesoro que es la vida de Jesús en nosotros. Amor a Cristo porque quiere que la gloria de Cristo crezca y se extienda a medida que hay más conversiones, a medida que hay más vida de los sacramentos y sobre todo, a medida que hay más santidad. Entonces María es Madre de la Iglesia porque quiere realizar, quiere que se realice esa obra del Evangelio en cada uno de nosotros.
Segundo punto María es Madre de la Iglesia también porque es madre de cada uno de nosotros. Y esto lo podemos conectar con aquel momento de la Pasión de Cristo. Cuando el Señor le dice al discípulo amado, ahí tienes a tu Madre y le dice a la Santa Virgen ahí tienes a tu Hijo. En persona de ese discípulo amado, cada uno de nosotros puede volver los ojos hacia María y decir ahí tengo a mi Madre. Especialmente en Latinoamérica, tenemos una referencia incluso más cercana, si se quiere, de lo que es esta enseñanza, de lo que es esta palabra que dejó Cristo en la cruz.
Recordemos que cuando se dio ese milagro precioso de las apariciones en el Tepeyac, en el querido México. María le dice a Juan Diego, tratándolo como el más pequeñito de sus niños, le dice ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?. Así que María es Madre de la Iglesia también en ese sentido, en el sentido de que ella, siguiendo la huella, el camino que le marcó Cristo en la cruz, ella nos trata como Madre a cada uno de nosotros. Así como le habló a Juan Diego, aquel indígena que recibió el regalo de las apariciones de Guadalupe. Pues así como le habló a Juan Diego, así también nos dice a nosotros ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?.
Y el tercer y último punto que quiero compartir es que María, como Madre de la Iglesia, adopta el presente y el futuro de la Iglesia. ¿Qué quiero decir con esto? La Iglesia renace continuamente. Renace cuando se respeta el don de la vida y renace a la vida sobrenatural a través de los sacramentos y particularmente del bautismo. O sea que María cuida por el bien íntegro de la Iglesia, protegiendo, arropando, custodiando el respeto a la vida humana. Hoy, gracias a Dios, hay millones de personas en el mundo que se declaran como todos tenemos que hacerlo, yo creo, se declaran provida, pro life. Nos declaramos pro vida. ¿Por qué? Porque entendemos que el designio de Dios no se acaba en nosotros y que nuevas generaciones harán cumplimiento, darán cumplimiento a aquello que encontramos en el Génesis. Cuando Dios le dice a la primera pareja humana crezcan y multiplíquense. Cada vida humana es preciosa y nadie lo entiende mejor y nadie lo vive más en su corazón que la Santa Virgen María. O sea que María es la gran protectora del movimiento provida en la Iglesia Católica.
Pero además de la vida natural está la vida sobrenatural y por eso ella custodia la vida de los bautizados. Ella cuida de esa Iglesia que renace sin cesar a través de los bautizados. Aún más, ella cuida, como se lo pedimos en el Ave María. Ella cuida de nosotros los pecadores. Fíjate que siempre le decimos ruega por nosotros los pecadores. ¿Para qué? Para que nosotros nazca nuevamente, para que nosotros se haga fuerte, muy fuerte, la vida de Dios. Eso anhela María de cada uno de nosotros.
Así que María es Madre de la Iglesia, porque María cuida la vida que tiene la Iglesia. En primer lugar en el movimiento provida. En segundo lugar, en los bautizados. Y en tercer lugar, en todos aquellos, todos aquellos de nosotros que a través del Sacramento de la Confesión recuperamos la vida sobrenatural y la hacemos cada vez más fuerte según el beneplácito divino. Así que alegrémonos en esta celebración de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, y que ella custodie toda la gracia que hemos recibido en Pentecostés. Amén.

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