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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Grandes rasgos del Evangelio de San Mateo: se habla del Reino de los cielos para no llamar de manera inadecuada a Dios, muestra a Jesús como Maestro, camino a seguir y definitivo Moisés y el gran encargo misionero de expandir el Evangelio.

Homilía smat027a, predicada en 20240921, con 8 min. y 46 seg.

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Transcripción:

El Veintiuno de Septiembre celebramos con toda la Iglesia al apóstol y evangelista San Mateo. Personalmente, esta fiesta litúrgica me trae una hermosa memoria, porque un Veintiuno de Septiembre, hace ya bastantes años, recibí la gracia del diaconado. Yo fui ordenado diácono el Veintiuno de Septiembre de Mil novecientos noventa y uno. Pero bien, en esta oportunidad quisiera que aprovecháramos la fiesta de San Mateo para subrayar algunas de las características más notables del Evangelio según San Mateo. Porque él es apóstol, pero es también evangelista. Es uno de los doce, pero además es uno que nos dejó ese hermoso, ese precioso escrito de veintiocho capítulos que lo conocemos como el Evangelio de Mateo. Además, no sé ustedes, pero para mí es emocionante cuando uno está pasando las páginas de la Biblia y termina toda la sección del Antiguo Testamento ¿Y con qué se abre el Nuevo Testamento? Con el Evangelio según San Mateo. Muy bien, ahora volvamos a lo nuestro.

Vamos a mencionar unas cuatro características de este Evangelio según San Mateo. La primera, que parece muy externa, pero que es muy interesante, es que en los demás evangelios se habla del Reino de Dios. En griego se dice Basileía tu theú, Reino de Dios. Resulta que en el Evangelio según San Mateo no se habla del Reino de Dios, aunque la expresión si aparece alguna vez, sino se habla de Reino de los cielos, es Basileia ton ouranon, Reino de los cielos. Parece un detalle muy pequeño. Todos entendemos que hablar del Reino de los cielos, hablar del Reino de Dios, debe ser igual. ¿Por qué Mateo habla del Reino de los cielos? Al expresarse así, Mateo está siguiendo una costumbre que era muy propia de los judíos de aquel tiempo y de muchos judíos piadosos a lo largo de los siglos. Y esa costumbre es que se trata de nombrar lo menos posible a Dios. Porque el nombre de Dios es tan santo. Y la boca humana es tan propicia a equivocarse que podría estarse nombrando a Dios de una manera inadecuada o no suficientemente piadosa. Entonces por eso muchos judíos tomaban la decisión de utilizar otras expresiones para referirse a Dios. Por ejemplo, en vez de decir Dios, decían el Reino de los cielos. No estaban refiriéndose a que los cielos de alguna manera nos están gobernando o están reinando, sino están aludiendo de una manera respetuosa, oblicua, podríamos decir, están refiriéndose a Dios. Y esto nos está indicando un dato muy importante, y es que Mateo escribe a una comunidad en la cual seguramente había un componente de convertidos del judaísmo bastante amplio. Por eso utiliza la expresión Reino de los cielos en vez de Reino de Dios.

Segundo. Mateo hace mucho énfasis en las palabras de Cristo. El Evangelio de Mateo está estructurado de tal manera que hay como unas colecciones de predicaciones de Cristo. En algunas Biblias, como la Biblia de Jerusalén. A esas colecciones se les llama discursos. Por ejemplo, tenemos el discurso o Sermón de la Montaña, que ocupa tres capítulos del Evangelio según San Mateo. Los Capítulos Cinco, Seis y Siete. Entonces, esas colecciones de palabras son varias. Son como cinco discursos. Tenemos el discurso o Sermón del Monte. Tenemos el discurso misionero, cuando Cristo en el Capítulo Diez, los envía a predicar. Tenemos un discurso eclesiástico que habla un poco de cómo vivir la fe en comunidad. Tenemos un discurso escatológico que habla del final de los tiempos. Es decir, que Mateo, es el evangelista que nos presenta con mayor frecuencia y con mayor abundancia a Cristo como maestro.

Tercera característica que queremos mencionar es el papel de Cristo como maestro. Es decir, como aquel que está indicándonos el camino a seguir. Hace que Cristo en Mateo esté en paralelo con lo que hizo Moisés. Así, por ejemplo, en el Sermón de la Montaña todo sucede en una montaña y desde la montaña Cristo sentado, que es un gesto de autoridad propio de un maestro, en aquel tiempo. Cristo, sentado y con autoridad, da unas líneas, da unas directrices, da unas guías a sus discípulos. Es el nuevo Moisés. Esto también se nota en la expresión que aparece varias veces en el Sermón de la Montaña cuando Cristo utiliza esta frase que es única de San Mateo. Habéis escuchado que se dijo pero yo os digo que Él es el nuevo Moisés. Moisés, de hecho, había predicho esto en el libro del Deuteronomio. Moisés había dicho Dios les va a dar otro profeta como yo. Hagan lo que Él les diga. Entonces ese es Jesús en San Mateo. Es el definitivo Moisés.

Y el último elemento que quiero destacar es que Mateo, junto con Marcos, en esto se parece a Marcos. Incluye ese gran impulso misionero que brota del Resucitado. Lo mismo está de otras maneras en todos los evangelios. Y repito, el paralelo más cercano lo tenemos en San Marcos. Pero es bien interesante ver cómo en el Capítulo Veintiocho, en el último capítulo de su Evangelio, Mateo nos muestra la misión que tienen los apóstoles y que detrás de los apóstoles tenemos todos los discípulos. Ese expandir el Evangelio, es decir, la gran misión y el gran encargo misionero, aparecen claramente en San Mateo. Estos rasgos nos ayudan a apreciar este Evangelio que ha sido tan amado a lo largo de los siglos como de los demás. Pero personalmente, como dominico, tengo un amor especial a San Mateo, porque cuentan las crónicas hablando del origen de la Orden de Predicadores a la que pertenezco. Cuentan que nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán, a todas partes iba llevando este Evangelio de Mateo. Es algo muy bello. ¡Bendito sea Dios!

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