Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús ha tomado riesgos por nosotros y su mayor riesgo se llama la cruz; desde la cruz Él sigue amando y llamando. Nuestro Señor ya se arriesgó por ti ¿Ahora cuál es tu respuesta?

Homilía smat026a, predicada en 20230921, con 6 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Hablemos de riesgos. Hay dos tipos de riesgos. Uno es el riesgo irracional, que también se llama temerario. Por ejemplo, si una persona sin ninguna clase de entrenamiento dice voy a tender un cable entre dos edificios y me voy a ir caminando como un funámbulo, voy a caminar ahí, voy a atravesar ese espacio entre esos dos edificios a sesenta metros sobre la calle. Podríamos decir que está llamando a gritos a la muerte. Ese es un riesgo temerario. Ese es un riesgo irracional. Pero démonos cuenta que no se puede vivir sin algún nivel de riesgo. Uno tiene que tomar algún riesgo. Por ejemplo, cuando una persona dice quiero ingresar a tal universidad, pues eso supone una pequeña inversión o gran inversión económica haciendo la aplicación respectiva y es posible que fracase. Eso es un riesgo, pero lo más posible es afirmar que ese fue un riesgo razonable, es decir, un riesgo que suponía la posibilidad de crecer, la posibilidad de avanzar. Y yo creo que todos estamos llamados a crecer y avanzar. Uno podría decir que la vida consiste en un gran discernimiento entre cuáles son los riesgos apropiados, razonables, los que hacen crecer, los que llevan al bien y cuáles son los riesgos absurdos, los riesgos destructivos o destructores que finalmente lo único que van a traer, por supuesto, es calamidad.

¿Por qué estamos hablando de riesgos? Porque hoy, Veintiuno de Septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra al apóstol y evangelista San Mateo. Efectivamente, es el mismo Mateo del Evangelio según San Mateo. Y estoy hablando de riesgos porque uno que tomó riesgos fue Cristo. Y el gran riesgo de Cristo fue amar. Porque el amor, el amor es un riesgo terrible. Cuando uno se pone a pensar la manera como nos ha amado Cristo, uno dice realmente arriesgó muchísimo. Y ese riesgo, por supuesto, es el riesgo más razonable y más amoroso del mundo. Ese riesgo, pues algunas veces parece que salió bien. Porque hay muchísimas personas, millones y millones de personas que hoy contemplamos a Cristo y le decimos gracias, gracias, gracias por todo lo que hiciste. Pero también hay personas que siguen blasfemando de Cristo. También hay personas que tienen una muralla de hielo y de indiferencia frente a Cristo. Eso también existe. Ese fue un riesgo que Él tomó, el riesgo de amar.

Pero junto al riesgo de amar está el riesgo, que se dice con una palabra parecida, el riesgo de llamar. Y esos dos verbos amar y llamar, esos dos verbos tan parecidos, fonéticamente, tan unidos en el corazón de Cristo, son los que aparecen en la vocación de San Mateo. El pasaje del Evangelio que hemos oído Cristo ama y Cristo llama. Y así como hay un riesgo en amar, porque el amor puede ser rechazado, también hay un riesgo en llamar, porque el llamado puede ser pospuesto o puede ser también rechazado. El mismo Evangelio nos cuenta en otros pasajes de cómo Cristo perdió discípulos, gente a la que Él había llamado y gente que le dio la espalda, gente que no respondió. Tal vez el caso más notable es el de aquel joven rico al que Cristo le dijo si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres. Le dijo las mismas palabras que le dijo a Mateo ven y sígueme. Ven y sígueme. Y San Marcos, al contar este pasaje del joven rico, dice lo miró con amor. O sea, Cristo se arriesgó a amar a ese muchacho y se arriesgó a llamar a ese muchacho. Pero no funcionó. Todo perfecto del lado de Cristo. Pero le ganó. ¿Le ganó qué? No sé. No lo tengo completamente claro. Nadie lo sabe. Probablemente la comodidad. Probablemente un cierto egoísmo. Probablemente no tuvo la suficiente confianza. Lo que sea.

Lo que quiero destacar es cómo Cristo ha tomado riesgos por nosotros. Y el riesgo más grande que ha tomado Cristo se llama la cruz. Ese es el riesgo más grande. Y desde la cruz Cristo sigue amando. Y desde la cruz Cristo sigue llamando de muy diversas formas, porque son muy diversas las vocaciones. Cristo sigue llamando, Cristo nos llama. Podemos tomar el camino del joven rico y darle la espalda al amor de Cristo y al llamado de Cristo. O podemos tomar el camino de Mateo, agradecerle y aunque supone un riesgo tan grande seguir al Señor. También nosotros, movidos por el Espíritu, le podemos decir sí. Cristo ya se arriesgó por ti, ahora ¿Cuál es tu respuesta?

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