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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Palabra de Cristo vence, llega directo al corazón y hace el prodigio; si Cristo lo hizo con San Mateo lo puede volver hacer con esa persona por la que estas orando, no pierdas la esperanza.
Homilía smat022a, predicada en 20200921, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Te pido que vivamos esta fiesta del apóstol San Mateo en clave de oración. Concretamente, te voy a invitar a que pensemos en cuál es esa persona que tú conoces y que tal vez está más necesitada de conversión, pues está claro que todos necesitamos conversión. Está claro que todos necesitamos avanzar en nuestro camino hacia Dios, pero tal vez tienes entre tus amigos. Tal vez tienes en tu propia familia alguna persona que tú dices es una pena como está desperdiciando su vida. Es una pena como esta persona se deja dañar por tal o cual vicio, por tales o cuales amistades, por tal o cual trampa del enemigo. Si tienes una persona así, te invito a que vivamos en clave de oración esta reflexión sobre San Mateo.
Piensa que Mateo estaba, como dice la Escritura, sentado a la mesa de los impuestos. Esa era la raíz. Esa era la mata de su infidelidad. Es decir, mira, de ahí le salía su codicia. De ahí le salía su arrogancia. Y de ahí le salía la dureza de su corazón. Porque claramente los publicanos, los cobradores de impuestos, hacían la mayor parte de su ganancia oprimiendo a los que menos podían defenderse. Según la terminología de la Biblia, especialmente las viudas y los huérfanos. Esas eran las personas de las que se aprovechaban de una manera más cruel los publicanos. O sea que esa mesita, cuántas veces he pensado en esa mesa. Esa mesa de los impuestos era el lugar del pecado, era lo que tenía atrapado a Mateo, era lo que tenía poder sobre Mateo. Te repito, era el lugar de su codicia. Era el lugar de su arrogancia, porque era lo que le daba importancia. Era lo que le daba un lugar en aquella sociedad, era lo que le daba la fuerza del Imperio Romano que lo estaba respaldando a él. Entonces su codicia, su arrogancia y su dureza estaba como impermeabilizado este hombre, porque Dios hace llover el agua bendita de su gracia sobre todos. Pero algunos tontamente nos ponemos un paraguas, nos ponemos un impermeable, y no llega el amor de Dios a nosotros. Es culpa nuestra, claramente. Eso se llama dureza de corazón. Y Mateo tenía esa dureza de corazón. Mateo tenía ese impermeable y tenía esa arrogancia y tenía esa codicia, esa mesa más parecía un altar donde él ofrecía sus sacrificios al pecado. Y sí lo voy a decir hasta el fondo, sus sacrificios al demonio.
Pero la palabra de Cristo, de la cual dice la carta a los Hebreos, es como una espada que penetra hasta el fondo. La palabra de Cristo llegó a Mateo. La Palabra de Cristo venció a esa inmunda mesa. La Palabra de Cristo venció a ese asqueroso altar. La Palabra de Cristo llegó directo al corazón de Mateo e hizo el prodigio. Si Cristo lo hizo una vez, Cristo lo puede volver a hacer con esa persona por la que tú estás orando, con esa persona por la que yo estoy orando. No perdamos nuestra confianza en el Señor, no perdamos nuestra alegría para servirlo y no perdamos sobre todo nuestra esperanza. Porque nuevos Mateos y Mateas, debo decir, nuevos Mateos y Mateas, serán la gloria de Cristo. Y también ellos, como Mateo, llegarán a ser apóstoles, llegarán a ser evangelistas. ¿Lo crees? ¿Lo crees de verdad? ¿Lo crees de corazón? Esa es la manera de vivir esta hermosa fiesta.

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