Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús se compadeció de San Mateo, lo eligió, lo envió y lo hizo fecundo hasta el fin de los siglos.

Homilía smat021a, predicada en 20190921, con 6 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Un gran comentador de la Biblia, se llama Beda. Beda, es conocido como Beda el Venerable. Este gran monje predicador de las Islas Británicas fue maestro de la Escritura durante muchos años y quienes pudieron beneficiarse de sus enseñanzas dan testimonio de la santidad de su vida. Menciono a Beda el Venerable en el día de San Mateo, porque en su comentario al Evangelio de Mateo, Beda tiene una expresión que se ha convertido como en un lema para esta fiesta preciosa. Porque hoy, Veintiuno de Septiembre, recordamos a San Mateo.

La expresión que utiliza Beda se dice en latín Miserando atque eligendo. Miserando quiere decir teniendo misericordia. Eligendo quiere decir eligiendo, haciendo una elección. De manera que Cristo con respecto a Mateo, al mismo tiempo le manifiesta su misericordia y lo elige, se compadece de él y lo elige. Esta expresión es tan preciosa que para muchos de nosotros es el mejor resumen del pasaje del Evangelio que cuenta precisamente la vocación de San Mateo, el pasaje que se escucha en esta fiesta del día de hoy. Jorge Mario Bergoglio, conocido hoy como el Papa Francisco, tomó ese lema para sí mismo Miserando atque eligendo. Esto quiere decir que en la fiesta de San Mateo nosotros podemos reflexionar y debemos reflexionar ¿sobre qué? Pues ante todo sobre la misericordia. Y si vamos a profundizar más sobre la relación entre la misericordia y la elección, miremos, sigamos con los ojos del alma, la escena preciosa que nos presenta el Evangelio y vamos a ver lo que allí sucedió. Miserando atque eligendo.

Mateo ¿Dónde se encuentra? Mateo se encuentra en el lugar del pecado. Esto tenemos que subrayarlo. Cuando Cristo se encuentra con Mateo, lo encuentra en el lugar del pecado. Es decir, Mateo no había empezado a salir del pecado. Mateo no había dado un paso todavía. Más bien tendríamos que decir que el primer paso lo ha dado Cristo al acercarse a la mesa de cobro de los impuestos, porque esa mesa, ese mostrador de los impuestos, era precisamente el lugar del pecado, ¿Por qué era pecado cobrar impuestos? porque el Imperio Romano tenía un negocio absolutamente detestable, asqueroso, con aquellos que cobraban los impuestos, que eran conocidos como los publicanos. Y el negocio consistía en que Roma ponía una cierta tasa. Mira, tú vas a cobrar los impuestos en esta ciudad o en este sector, o en esta zona. Y lo que nos tienes que dar a nosotros los romanos es esta suma. Este es el dinero que nos tienes que dar. Y lo que hagas de ahí en adelante es para ti. Como quien dice tu sueldo te lo pones tú. Por supuesto, esta manera astuta de obrar del Imperio Romano despertaba las peores codicias en los publicanos, que por consiguiente se convertían en explotadores de sus hermanos. Por eso decimos que la mesa del cobro de los impuestos era el lugar del pecado.

Mateo no había empezado a salir del lugar del pecado, sino que fue Cristo el que se acercó a la vida de Mateo. Cristo se hizo próximo al pecador. Cristo se acercó al pecador, se acercó al lugar del pecado. Él, el Cordero Inmaculado, el Cordero sin mancha, aquel que no conoció pecado ni encontraron engaño en su boca, se acerca al lugar del pecado. Es parte de la misericordia del Señor. Y luego allí está Mateo y entra una palabra, una palabra que rompe ese ambiente, en ese ambiente de pecado donde sólo se habla de explotación y de aprovecharse de la gente en ese ambiente. Una palabra nueva. Así como Cristo es el hombre nuevo, es el comienzo de la nueva creación que ha llegado a esta tierra. Así también la palabra de Él es palabra nueva, y esa palabra nueva es el Sígueme, que deja caer en los oídos y en el corazón de Mateo una palabra portentosa, una palabra que como espada, penetra en el corazón de Mateo, una palabra que llega a lo más profundo de su ser y que lo cambia para siempre. Esa palabra es expresión de misericordia, el Sígueme, que esa elección es también expresión de misericordia.

Y aquí tenemos otra lección para nosotros. Si Dios me ha mostrado compasión, es también para darme una misión. Si Dios ha cambiado mi vida, es para que unido a Él, yo ayude a cambiar otras vidas. Si Dios me ha elegido es porque quiere enviarme. Si Dios se ha compadecido de mí, es porque quiere elegirme. Y si Dios me ha elegido es porque quiere enviarme. Y si Dios quiere enviarme es porque quiere que mi vida tenga sentido y tenga fruto. Y es tan grande el fruto de Mateo. Mira en la Biblia los veintiocho preciosos capítulos de San Mateo. Son la voz del Espíritu Santo a través de la vida de este gran Santo, de este hombre transformado. Son voz de Dios. Hay un salmo Hermosísimo el Salmo Cien que habla de cómo un día Dios recogerá los cielos. Así como el nómada, cuando ya no necesita quedarse en un lugar, recoge su tienda de campaña. Un día se recogerán los cielos, dice el Salmo Cien. Y cuando se recojan los cielos, y cuando desaparezca esta creación visible, todavía su palabra seguirá siendo válida. Lo mismo dijo Jesucristo. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. Es impresionante el nivel de elección, el nivel de ternura, el nivel de santidad que Dios le concedió a Mateo y a los demás evangelistas. Cuando todo se haya acabado, cuando todo haya terminado, la palabra preciosa de Dios seguirá siendo palabra preciosa de Dios. Dios se compadeció de Él, lo eligió, lo envió y lo hizo fecundo hasta el fin de los siglos.

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