Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo en el camino de su compasión nos sigue eligiendo y en el camino de su elección nos sigue compadeciendo.

Homilía smat016a, predicada en 20170921, con 6 min. y 38 seg.

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Transcripción:

El Veintiuno de Septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda al apóstol San Mateo. No podemos mencionar a este apóstol sin recordar aquel comentario bíblico tan precioso que hizo un gran santo británico San Beda. Beda, refiriéndose al llamado que la misericordia de Cristo le hizo a este apóstol, dice Miserando atque eligendo. Esas son palabras de San Beda, el Venerable. Es decir, al mismo tiempo se compadeció de él y lo llamó, le tuvo misericordia y lo eligió. Estas palabras, como bien sabemos, fueron escogidas como lema episcopal de Jorge Mario Bergoglio hoy el Papa Francisco. Y como Papa, él ha querido conservar estas mismas palabras, no solamente para que sean un lema, un lema suyo, sino en cierto sentido, para que sean un programa de gobierno.

Meditemos un poco en la escena Cristo, que llama a Mateo guiándonos por las palabras tan sabias, tan hermosas de San Beda, el Venerable. Fíjate cómo aparecen dos verbos ahí. Un verbo es tener misericordia, compadecerse. Otro verbo es elegir. Compadecerse y elegir son los dos verbos. Examinemos cómo estos dos verbos parecen oponerse, porque parece que aquellas personas de las que nos compadecemos únicamente las hacemos destinatarias de nuestra ayuda. Como quien dice este no hay nada que se le pueda pedir. Simplemente vamos a ayudarle. Por ejemplo, al que está muerto de hambre, al que no tiene ni siquiera ropa que ponerse, al que sufre por una enfermedad. Para nosotros la compasión es como un acto unidireccional. Es decir, esta persona no puede dar mayor cosa, entonces vamos a apoyarle, vamos a ayudarle de esta manera.

Pero la elección parece que va en la dirección opuesta, porque la elección, lo que parece estarnos indicando es mira esta persona yo la quiero para que me ayude. Fíjate que en la compasión queremos ayudar, mientras que al elegir queremos ser ayudados. Uno elige sus colaboradores y el mismo Señor Jesucristo dijo en el Evangelio de Juan. Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Y esa expresión, colaboradores de la gracia divina, la utiliza el apóstol San Pablo para referirse al misterio de la elección. Entonces, fíjate la riqueza que hay en esas palabras de San Beda. Palabras que ha escogido el Papa Francisco Miserando atque eligendo. Tener compasión y elegir, compadecerse y elegir. Compadecerse es como ayudar. Elegir es ser ayudado. Y fíjate que estas dos palabras, aunque parecen en ese sentido como opuestas en nuestro modo usual de hablar, están unidas en la acción de Cristo. Al mismo tiempo, Cristo ayuda y quiere ser ayudado, no porque lo necesite de una manera absoluta, de un modo absoluto. Cristo no necesita la ayuda de nadie, pero Cristo quiere ser ayudado. Y Cristo quiere ser ayudado, porque Cristo, a través de la ayuda que nos pide, nos sigue compadeciendo. Es decir, que el camino de nuestra vocación, el camino de nuestro servicio, no es el camino de unos perfectos, de unos santos, de unos superhéroes. No, no es por eso por lo que Cristo nos llama. Nos llama, porque en el camino de nuestra elección Él nos sigue compadeciendo y en el camino de su misericordia nos sigue eligiendo. Ahí encontramos otro nivel de relación entre estos dos verbos. Repito esa frase. En el camino de su compasión nos sigue eligiendo y en el camino de la elección nos sigue compadeciendo.

Entonces, el camino de elección, por ejemplo, para un sacerdote, supone todas esas etapas de formación los distintos lugares, destinos, parroquias, servicios. En cada uno de ellos Cristo se sigue compadeciendo de ese ser humano que tiene sus limitaciones, que no es perfecto, que tiene indudablemente grandes necesidades. Entonces, en el camino de la elección, Cristo lo sigue compadeciendo, pero en el camino de la compasión Cristo lo sigue eligiendo. O sea que la elección no es únicamente un punto. La elección es un camino que se va recorriendo. Y por supuesto, esto nos indica algo muy bello y es que el mismo Cristo en el despojo de sí, nos ha mostrado en donde brilla la gracia divina. De modo que luego el apóstol San Pablo escuchó estas palabras. Te basta mi gracia, porque en la debilidad se muestra perfecta mi fortaleza. Esto quiere decir que aquellos que son compadecidos, aquellos que somos compadecidos, tenemos una participación en el despojo de Cristo en la nada de Cristo. Solo que la nada de Cristo fue un acto voluntario, un acto de su entrega voluntaria. Y muchas veces la nada nuestra es la gran limitación que tenemos como seres humanos. Pero la nada de Cristo ha querido comulgar con mi nada. Mi propia nada se une a la nada de Cristo, y desde ahí se vuelve ofrenda para la gloria del Padre. Que este sea nuestro estilo, nuestra manera de vivir el cristianismo desde la misericordia, desde la gracia y desde la palabra bendita de Aquel que nos ha elegido.

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