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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Toda conversión es llamado a ponerse en camino, tras las huellas de Cristo; es una peregrinación que empieza por tu entorno inmediato.
Homilía smat011a, predicada en 20130921, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Nuestra Iglesia Católica. Recuerda el día de hoy al apóstol y evangelista San Mateo, junto con la conversión de Pablo y junto con otras famosas conversiones, por ejemplo, la de San Agustín o la de San Francisco, está la conversión de Mateo. Es uno de los más grandes testimonios del poder del amor de Dios. Dios manifiesta su gloria de muchas maneras, por ejemplo, en la naturaleza, pero donde su gracia se luce de un modo más esplendoroso, es allí, allí donde el pecado es vencido, donde Satanás tiene que huir en derrota, donde las pompas del mundo se muestran ineficaces, allí donde el llamado de Dios es capaz de atraer un corazón, liberarlo de las tinieblas y llevarlo a la luz admirable de la gracia. Eso es lo que encontramos en el caso de Mateo. Se trata de un llamado. Lo acabo de decir. Toda conversión es un llamado y toda conversión es un llamado a seguir, es decir, a ponerse en camino. Mateo llevaba su propio camino. Ese camino estaba marcado por la codicia, marcado por la dureza, marcado por el robo. Pero es atraído por el poder de la Palabra de Dios. Es atraído por el ejemplo de Jesucristo para llevar una vida diferente. Y en esa nueva vida ya lo que interesa no es el quitar a otros para enriquecerme yo, sino el ofrecer a otros la riqueza que yo mismo he recibido primero en lugar de esa dureza propia del cobrador de impuestos que no se conmueve ni siquiera por las necesidades del prójimo. Ahora Mateo va a tener un nuevo corazón y ese nuevo corazón es capaz de sentir el dolor del hermano y es capaz de ponerse en camino para sanar las miserias del prójimo. Esto es lo que significa convertirse. Convertirse no es simplemente dejar de obrar mal. Decían en alguna ocasión al profeta Isaías: Dejen de obrar el mal, aprendan a obrar el bien. Convertirse no es solo dejar de hacer las cosas que estamos haciendo mal. Es aprender a hacer el bien y luego empeñarse en ese bien. Pero hay un último aspecto que quiero subrayar de la conversión de Mateo. Él recibe de Cristo el llamado a seguirlo. Y sin embargo, Mateo luego tiene una invitación junto con algunos de sus amigos, seguramente publicanos como él, seguramente pecadores públicos como él, una invitación para acoger a Cristo. Y uno puede hacerse esta pregunta si se supone que se trata de un seguimiento y se trata de seguir a Cristo, ¿por qué Mateo todavía permanece en su casa? Y la respuesta yo creo que es interesante es que también ahí también en tu casa, aunque tu casa no se mueve, tu corazón sí se vuelve peregrino también cuando estás en tu casa. Tal vez tu primer lugar de peregrinación, tal vez los primeros y esenciales pasos que has de dar en tu conversión son aquellos que tienen que acontecer ahí, en tu propio sitio, en tu propio lugar. Quizás es ahí en lo que es tu mundo, en lo que ha sido tu mundo. Es ahí donde, en primer lugar, tiene que resonar tu testimonio. Cuando Pablo se convirtió, los primeros que recibieron el testimonio de su conversión fueron los de la comunidad cristiana y los de la sinagoga, es decir, los mismos que seguramente compartían ese celo exagerado, deforme por aplastar el cristianismo, los mismos que en cierto sentido eran solidarios en el pecado de Pablo, son los primeros que le tienen que escuchar la buena Nueva. Jesús es el Mesías, es decir, tu conversión empieza por ahí. Tu primera misión está ahí. Tu primera tarea es dar testimonio del Señor allí donde Él te ha llamado. No lo olvides y que Dios te bendiga.

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