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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La sinceridad y la verdad son hermanas de la misericordia.
Homilía smat004a, predicada en 20000921, con 25 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Afortunadamente para nosotros, vivimos en un tiempo en el que mucha gente dentro de la Iglesia ha tomado conciencia de algo fundamental. La palabra misericordia. Podemos decir que eso que mandó nuestro Señor Jesucristo, incluso en tono de reproche, como que por fin estamos aprendiendo. Dios quiere misericordia más que sacrificios. Más que cualquier otra cosa que podamos ofrecerle. Dios quiere misericordia. Y hay varias maneras de descubrir por qué Dios quiere esta misericordia. A nosotros dominicos, nos encantan las listas, las enumeraciones, porque dentro de una lista uno va haciendo diferencias, distinciones, va separando, va aclarando y lo que sea, claridad y lo que sea luz tiene mucho que ver con nuestra orden dominicana, porque también a nuestro fundador, a Santo Domingo, lo llamaron Luz. Luz de la Iglesia. Y por eso a nosotros nos gusta la precisión y la claridad, el esclarecimiento, la aclaración, las listas. De manera que vamos a iniciar nuestra reflexión en este momento. Deteniéndonos en esa frase de Cristo, que no es otra cosa sino una cita de los antiguos profetas. Ya el profeta Oseas había dicho esta frase: Yo quiero misericordia más que sacrificios. ¿Por qué les dice esa frase? ¿Cómo podemos aplicarla a nuestro caso? ¿Y qué significa eso para nuestro camino? Son más o menos las tres preguntas que queremos hacernos en este día de San Mateo. Y el primer punto entonces, es: ¿por qué Dios dice esa frase? los sacrificios de los que habla ahí el profeta Oseas, y que son los mismos de los que habla Cristo. Son sobre todo esas ofrendas religiosas que se presentaban en el templo, sacrificios de corderos de cabritos, sacrificios de tórtolas, de pichones, de palomas. ¿Qué es un sacrificio de esos? Es lo que yo le presentó a Dios. La idea era que un hombre tenía muchos corderos y entre esos corderos seleccionaba uno y ese se lo ofrecía a Dios, lo ofrecía en sacrificio a Dios. Esa era la idea. Bueno, ¿y por qué ahora Dios dice que prefiere la misericordia a esos sacrificios? Vamos a hacer una lista de razones. No menos de cuatro razones importantes nos resultan. La primera es esta. Cuando nosotros presentamos los sacrificios, ya se tratara de esas obras del Antiguo Testamento o de otras cosas que nosotros queremos presentarle a Dios, incluidos los momentos o actos de penitencia. Cuando nosotros presentamos ese sacrificio, son cosas indudablemente muy pequeñas, porque son a nuestra medida. En cambio, la misericordia nos habla de la medida de Dios. Si yo le entrego a Dios el mejor de los corderos de mi rebaño, le estoy dando todavía poco, porque me queda el resto del rebaño. Es solo según mi medida. Es un corderito mío, es mi manera de amar. ¿Qué es lo que yo hago cuando ofrezco un sacrificio de esos? Tomó el cariño o esa era la idea en el Antiguo Testamento. Tomó el cariño, tomó la alegría que me da el pequeño animalito y de alguna manera renunció a esa alegría y digo bueno, está bien, será para Dios. Ahí la medida la da mi amor, el amor que yo tengo. En cambio, cuando yo realizo misericordia, cuando ejerzo misericordia. La medida la tiene el amor de Dios. Primer motivo por el que es preferible la misericordia a los sacrificios, porque la misericordia funciona según la medida de Dios. Esto es maravilloso. La misericordia me abre al sentir de Dios, me abre al infinito de Dios. Es maravilloso. Segundo lugar, cuando yo ofrezco mis cosas, mi corazón puede estar retirado de la ofrenda. Precisamente el profeta Oseas y tantos otros profetas hablaban mal de esos sacrificios y los criticaban porque eran cosas externas. La gente hacía las cosas, pero su corazón estaba lejos. Por eso se quejó también por boca del profeta Isaías Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Ese tipo de ofrendas, como los sacrificios de la antigua ley, se pueden ofrecer sin el corazón. En cambio, en la misericordia tengo que implicar el centro de mi vida, el centro de mi cuerpo, el centro de mi alma. Tengo que meterme yo. Eso es maravilloso. Cuando yo hago, cuando ejerzo misericordia, tengo que implicarme yo. Como quien dice, la misericordia es preferible a los sacrificios, porque los sacrificios son como dar cosas, mientras que la misericordia es como darse uno mismo. Porque tengo que implicar en mi corazón. Usted no puede sentir misericordia sin implicarse usted. El ejercicio de la misericordia es un ejercicio que hace que usted mismo de alguna manera se vuelva sacrificio. O sea que cuando ejercitamos misericordia, estamos ofreciendo un sacrificio mejor que el Cordero, porque ya no es una cosa afuera de mí, es mi corazón, es el amor que hay en mí, es lo que está dentro de mí lo que estoy ofreciendo, es mejor la misericordia, mucho mejor. Esta es la segunda razón por la que vemos que es mejor la misericordia y no el sacrificio. En tercer lugar, que es muy parecido al segundo, pero que quiero destacarlo aparte, la misericordia es profundamente sincera. Sentir misericordia es cosa que o se tiene o no se tiene, es cosa que me pone frente a la verdad de mi propio corazón. Es cosa que sucede dentro de la verdad. La misericordia me obliga a llegar a la verdad de mi propio ser. Precisamente porque los sacrificios exteriores se pueden hacer con el corazón en cualquier parte del mundo, el sacrificio exterior puede ser mentiroso. La ofrenda de la misericordia es una ofrenda verdadera. Es una ofrenda verdadera. Es en la verdad, es sincera. La sinceridad y la verdad son hermanas de la misericordia. En cuarto lugar, la misericordia es mejor que el sacrificio, porque los sacrificios fácilmente se convierten en actos individuales, algo que sucede un poco en todas partes. Que Dios me salve y que yo sea salvo. Que Dios me cuide. Que todo lo mío salga bien y yo le dé gloria y Él me siga bendiciendo. Todo queda entre él y yo. Es profundamente individualista ese punto de vista. En cambio, la misericordia es un maravilloso aglutinante que va haciendo que yo, una mi vida a la vida del hermano, que pueda también engendrar misericordia en él y que Él pueda unirse a otros. Es decir, la misericordia es el verdadero cemento, es el vínculo, es la unión, es la fuerza coaccionante. Que hace que todos nosotros seamos uno solo. El sacrificio es algo que yo pago. Cómo pagar los impuestos. Fui pagué mis impuestos y me retiré. Resolví mi problema. En cambio, la misericordia. La misericordia hace que tenga que meterme con la otra persona. En el sacrificio, eventualmente resultó bendecido yo. Mientras que en la misericordia resulta bendecido tanto el que la da como el que la recibe. Y de esa manera la misericordia hace como una especie de gancho que une las vidas, un gancho que va cohesionando el cuerpo de Cristo, que va uniendo, que va fortaleciendo al pueblo de Dios y lo va levantando y lo levanta junto, lo levanta reunido. La misericordia tiene fuerza cohesionante. Fuerza cohesionante. La misericordia es preferible a los sacrificios por estas razones. Jesucristo es el gran espejo de misericordia que nosotros tenemos. Jesucristo, a través de su misericordia, nos abre al misterio del amor infinito de Dios. Jesucristo, que es hombre como nosotros, a través de la misericordia, hace que nuestros ojos, que también son finitos, puedan ver lo infinito. Esta es como una quinta razón por la que es maravillosa la misericordia, que no es otra cosa sino volver sobre el primer tema de amar con el corazón de Dios. La misericordia abre a un infinito. ¿Cómo puede mostrarse el Dios infinito en un hombre finito? El Dios poderoso. ¿Cómo puede mostrarse en un hombre que es tan frágil? El Dios que es eterno. ¿Cómo puede mostrarse en el ser humano que es tan breve? El Dios que es absoluto ¿Cómo puede mostrarse en un ser que es tan contingente como somos cada uno de nosotros? Pues no se desespere, porque usted, con todas sus limitaciones, usted con toda su finitud, usted puede ser el infinito tablero en el que aparezca la infinita palabra, el mensaje inagotable, el mensaje de Dios. Dios puede ser pronunciado en una vida humana. Dios puede ser revelado en una vida humana. Eso es lo que muestra Jesucristo. Precisamente la vida de Cristo es eso. La vida de Cristo es la muestra de que lo infinito si cabe en lo finito, y que lenguaje que traduce una cosa con la otra, el lenguaje que compila esa infinitud en esta finitud, ese lenguaje maravilloso, ese lenguaje de la misericordia, es el único. Yo no puedo tener todos los conocimientos que tiene Dios, no puedo durar todos los años que Dios dura, eso no lo puedo hacer, no puedo resistir lo que Él resiste, no puedo hacer lo que Él hace. Nada de eso puedo hacer. Pero aunque no pueda hacer todo eso y en eso no puedo presentar a Dios, hay algo en lo que sí puedo presentar el Infinito de Dios y es en la misericordia. Yo no puedo ser infinito en las ideas, no puedo ser infinito en los años, no puedo ser infinito en las fuerzas, no puedo ser infinito en las riquezas, pero sí puedo ser infinito en la misericordia. La disposición para perdonar siempre, para amar siempre para acoger siempre esa disposición que es infinita. Es del tamaño de Dios y se puede realizar en tu corazón y se puede realizar en el mío. Y eso fue lo que apareció en el corazón de Jesucristo. Entonces, nosotros sí podemos verdaderamente alcanzar eso que ya se nos decía desde el Génesis si podemos alcanzar esa verdadera imagen y semejanza con Dios. ¿En qué voy a ser semejante a Dios? Ni siquiera en la santidad. Cuando uno se mira a sí mismo, uno piensa no en la santidad, y qué menos al contrario. Dios es el Santo, el Santísimo y yo tristeza, vida la mía. En la santidad, no en las riquezas, No en los años, no en las fuerzas, no en los conocimientos, no en la misericordia si. La misericordia es el lenguaje que compila el infinito en lo finito y por eso dónde va Jesucristo. El evangelio de hoy dice Jesucristo pasaba por ahí. A dónde va Jesucristo. Dónde está caminando Jesucristo. Está apareciendo el tamaño de esta misericordia. Es el lenguaje de Jesucristo. Es un lenguaje eficaz, un lenguaje poderoso. Eso es lo otro que quisiera yo comentar de este evangelio. Una palabra le dice Jesús a este hombre: Sígueme, sígueme. ¿Y qué fue lo que siguió Mateo? Mateo era cobrador de impuestos en su calidad de cobrador de impuestos, que es lo mismo que decir publicano. Los publicanos de la época eran gente que reunía bastante dinerito, bastante dinerito, porque había un sistema del que ya hemos hablado otras veces. El Imperio Romano no cobraba directamente los impuestos en esas provincias conflictivas como la de Palestina, sino que delegaba a una gente, de manera que ellos le hacían el favor al imperio de reunir la plata de sus propios compatriotas y el Imperio le daba un jugoso sueldo lo que pudiera recibir de comisiones. O mejor dicho, las comisiones eran el sueldo y las comisiones es hasta donde usted logra ahorcar a la gente. Eso es lo que le queda para usted. O sea que el Imperio le decía a un publicano mire, lo que nosotros queremos recibir de este sector es esto. Y de ahí en adelante lo que usted reúne es suyo y nosotros cuidamos de la vida suya. Ese era más o menos el negocio del publicano. Mateo tenía plata, tenía plática, seguramente tenía inversiones, cuentas en otros países. Mateo tenía platica, tenía platica, buena platica, Mateo tenía, Mateo tenía lo que no tenía Cristo. Examinemos por un momento mis hermanos, este encuentro y notaremos que Cristo tenía lo que no tenía Mateo y Mateo tenía lo que no tenía Cristo. Se encuentran los dos, se cruzan dos mundos, dos lógicas. Se encuentran ahí, en esa mirada de Cristo y la mirada de Mateo se encuentran dos lógicas. Resulta que Gloria a Dios ganó la lógica de Cristo. ¿Qué fue lo que se fue a buscar Mateo? Se fue a buscar la pobreza que tenía Cristo. El anonimato. La vida sufrida de Cristo. Anonimato según los criterios de este mundo, porque Cristo no era nadie según los criterios de este mundo. ¿Qué se fue a buscar Mateo? Podemos responder Mateo no se fue a buscar lo que tenía, sino se fue a buscar lo que no tenía y lo que tenía Cristo y no tenía Mateo era este lenguaje, el lenguaje de la misericordia. Esto era lo que tenía Cristo, y Mateo no tenía eso. O sea que este lenguaje, el lenguaje del amor en estos tamaños, en estas dimensiones, este es el lenguaje más poderoso y este es el lenguaje que tiene Jesucristo. Este es el lenguaje maravilloso con el que Cristo llega verdaderamente a nuestras vidas. Por eso podemos buscar una aplicación ahora de esta lectura a nuestra vida. Vamos a intentar esa aplicación en tres sentidos porque a los dominicos nos gustan las listas. El primer sentido es todo el tema de la misericordia que ya hemos hablado, lo podemos aplicar a nuestra vida. ¿A cuántos de nosotros nos ejercitan en la misericordia? Yo quisiera encontrar antes de morirme. Tal vez lo funde alguno de ustedes un colegio, institución, universidad, donde a la gente la ejercitaran en la misericordia. Es decir, que no solo le afinen las garras a las personas. Hoy toca pulimiento de garras. A ver, saquen las garras, porque en este mundo es a derecha y a izquierda. Mucha de la formación que reciben los jóvenes me da la impresión de que va en esa línea. Nadie nunca le dará nada. De manera que, como todo el mundo, va a ser sin piedad con usted. Cuanto más pronto usted afile esas garras, mejor. Es más o menos ese lenguaje. Bueno. ¿Qué tal una institución? ¿Qué tal un colegio que hiciera ejercicios de misericordia? ¿Quien sabe dar clases de misericordia? ¿Quien tiene ese don? ¿Quien tiene esa gracia? Para mí, para mí es de lo más bello, lo más grande, lo más humanizante que hay gente que supiera. Se imagina una institución, un colegio que tuviera énfasis. Los colegios tienen énfasis. Nosotros tenemos énfasis en matemáticas y ustedes en inglés y los demás allá tenemos énfasis en Humanidades y su colegio. Hacemos énfasis en misericordia. ¿Qué? ¿Qué? ¿Hacemos énfasis en misericordia? Aprendemos a dolernos, a compadecernos, a sentir con el otro y sufrimos mucho. Ah una locura. No, no le cae una en la cabeza. Pero en todo caso, ahí está. Como una aplicación. Ejercitarse uno en la compasión. Ejercitarse en la misericordia. Así como es verdad que usted puede aprender de todas las personas, también es verdad que usted se puede compadecer de casi todas las personas. No hay nadie tan pequeño que no le puedan enseñar a usted algo, y no hay nadie tan grande que no necesite de la misericordia suya. Todo ser humano puede ser maestro suyo en algún sentido. Todo ser humano necesita la compasión suya en algún sentido. Aprender a compadecernos de las personas, incluso del que parece fuerte, del que parece sólido, del que parece que tiene todo resuelto. El que tiene todas las respuestas, el que nunca le pasa nada. Ese, seguramente algo bien feo está tapando. Nada como hacerse amigo de Rambo. Háganse amigos ustedes de Rambo de o de Terminator o de ¿cómo se llama este señor? No me acuerdo. Cómo se llama el señor de de de misión imposible. Que de todo se salva y todo lo logra. Háganse amigos, no amantes, porque todos esos personajes lo que tienen son amantes. Háganse amigos de una persona de esas de las que parece tener todo resuelto. Ustedes descubrirán que en alguna parte tiene su pozo de lágrimas. Todo el mundo lo tiene. Todas las personas necesitan misericordia en algún sentido. Hay que ejercitarse en la misericordia. Usted puede ser infinito de una manera. ¿Cuál? ¿Cómo voy a ser infinito? Infinito en la misericordia así lo podemos aplicar a nuestra vida. Una segunda aplicación que podemos hacer pensemos en lo que Cristo tiene y yo no tengo. Pensemos en lo que yo tengo y Cristo no tiene. Apliquémonos también así la lectura a nosotros y dejémonos cautivar por la mirada de Cristo y digámosle a qué mares quieres llamarme, a qué historias quieres conducirme. No se puede ser generoso sin la mirada de Cristo. Acuérdese que Pedro empezó a caminar en el agua y cuando le quitó la mirada a Cristo porque se puso a mirar las olas y el viento se empezó a hundir. La fuerza de la generosidad suya está en quedarse mirando a Cristo. Usted le quita la mirada a Cristo y todo le parece difícil. No, yo. Cómo voy a perdonar. Y yo cómo voy a trabajar, yo. No, yo no puedo. Yo no puedo. Claro, usted tiene toda la razón. Usted no puede. Nadie puede. Pero si usted permanece en la gracia particular, si usted permanece en ese evento, en ese cruce de Inseguridad. Si usted permanece en ese cruce de miradas, usted lo puede todo. Permanezca en ese cruce de miradas y usted lo puede. Permanezca ahí. En tercer lugar, y es la última aplicación que quiero compartirles. Hay que ser generosos, no solo en darle espacio a Cristo para que haga algo con nosotros, sino darle espacio a Cristo para que haga algo con las otras personas. Cristo tiene derecho también de salvar a otros. Acuérdese usted la famosa parábola del hijo pródigo y acuérdese el hijo mayor. Todos tenemos algo de ese hijo mayor y muchas veces problemas espirituales y crisis que entran en nuestra vocación y en nuestra vida no son otra cosa sino celos. Celos. Señor, porque ya no me tratas como me tratabas al principio y ahora entonces estás tratando de esta gente así. Dios tiene derecho a salvar a otros, a convocar a otros, para decirlo de una manera positiva. Una dimensión interesantísima, importantísima de la misericordia es. Alégrate del bien que le suceda a los otros. No todos los bienes tienen que caer en ti, y toda la lluvia no tiene que ser sobre tu jardín. Alégrate. La expresión última y bella de la misericordia es Alégrate del bien que el otro también recibe. Vamos a seguir nuestra celebración, que es la expresión máxima de la misericordia. Vamos a quedarnos en ese cruce de miradas. A levantar la hostia oculto bajo las especies eucarísticas. Hay un Jesús que nos mira. Hay una mirada que nos aguarda. Hay una salvación, hay una expresión de amor que es hoy para ti y para mí.

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