Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El encuentro y el servicio a Nuestro Señor no es algo individual, sino que siendo personal a la vez es comunitario y familiar.

Homilía smar022a, predicada en 20240729, con 7 min. y 12 seg.

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Transcripción:

El 29 de julio, nuestra Iglesia Católica celebra ahora una familia santa. Es un cambio que ha habido en años recientes, el 29 de julio siempre celebrábamos a Santa Marta, Marta la de Betania. Pero en esta pequeña reforma que se ha dado en el calendario litúrgico, ciertamente seguimos recordando a Marta, pero también recordamos a su hermano Lázaro y a su hermana, que se llamaba María. Está María, pues conviene llamarla María de Betania, no confundirla, por supuesto, con María Magdalena. La fiesta de María Magdalena es el 22 de julio, la tuvimos no hace mucho.

¿Por qué antes no había una celebración de María de Betania? Pues no había celebración de María de Betania, porque ya desde el tiempo del Papa Gregorio Magno, había como una confusión en el sentido de que se pensaba que María Magdalena era la hermana de Marta y de Lázaro. Por supuesto, una lectura muy, muy atenta de los textos que aparecen nos hace ver que no, que no es ese el caso. Es decir, que una es María Magdalena, de la que el Señor expulsó 7 demonios, la que le ayudaba con sus bienes, la que estuvo junto a la Cruz, la que después junto al sepulcro, tuvo la aparición del Resucitado, esa es María Magdalena. Y otra es María, la de Betania, la que estamos recordando hoy.

Toda esta explicación me parece muy interesante, porque estamos celebrando a tres hermanos. Estamos hablando de santidad en familia y estamos hablando de ese modelo de santidad que yo creo que hoy es tan necesario, porque quizás demasiadas veces se ha enfatizado en una santidad o en un modelo de santidad demasiado individualista, una santidad que se queda únicamente como para cada persona, como una especie de lucha, como que aquí voy yo, yo trepando, yo subiendo para la santidad. Y es verdad que en muchos aspectos la santidad es una lucha que sucede en soledad, entre otras cosas, porque lo que es una gran tentación para mí, quizás no es una gran tentación para ti. El pecado que tú más repites y que más te acecha, tal vez no es el pecado que yo más repito, no es lo que más me hace daño a mí. Entonces, uno tiene que entender que precisamente nuestras historias son distintas y por eso, pues también el camino que Dios lleva con cada uno de nosotros y nuestra búsqueda de servirlo a Él también es algo muy personal.

Pero atención, personal no quiere decir individual. El hecho de que la santidad es algo personal no significa que es algo individual. Individual ya me suena a mí como aislado, como que aquí yo, buscando mi santificación, algo así como yo contra el mundo. Y no hay una dimensión comunitaria demasiado importante en la santidad. Nosotros buscamos la santidad y trabajamos por la santidad, pero, al mismo tiempo, vamos con nuestros hermanos, caminamos con nuestros hermanos. Es muy hermoso lo que enseñan los santos a este respecto. Yo estoy recordando, por ejemplo, cómo Santa Catalina de Siena dice que nosotros tenemos que trabajar cada uno en la propia viña, pero al mismo tiempo cómo ese trabajo que yo hago en mi viña, es decir, mi propio esfuerzo, mi propia búsqueda, la lucha contra mis pecados, mis tentaciones, eso beneficia a mis hermanos. Y también le dice Dios a Santa Catalina de Siena, que toda virtud se prueba en el prójimo.

Entonces, esta celebración que tenemos ahora de Marta, María y Lázaro, nos está recordando que el encuentro con el Señor y el servicio al Señor no es algo individual, sino que siendo personal a la vez es comunitario, a la vez es familiar. Y por eso, tenemos que desear que para este siglo XXI y para los tiempos que sigan según la voluntad de Dios, la santidad, la trabajemos en familia. Tenemos que buscar la santidad en familia, como esas familias santas de las cuales ya tenemos algunos ejemplos. Acuérdate, por ejemplo, de Luis y Celina, ese matrimonio canonizado, los papás de Santa Teresita, de apellido Martin, que se escribe Martin, Luis y Celina Martin, un matrimonio santo. Santidad en familia, esta idea ya estaba también en el en el magisterio del Papa San Pablo VI, él hablaba de la familia como Iglesia doméstica, como una realización de la Iglesia. Y si la Iglesia está llamada a ser una santa, católica, apostólica, pues la familia está llamada a vivir también a su propia manera, en su propia proporción, unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad.

De manera que alegrémonos con esta fiesta de los hermanos de Betania, alegrémonos con esta fiesta, pensando que Jesús los amaba, Jesús amaba esta familia, Jesús amaba estos hermanos, y es tan bello pensar que ellos se encontraron con Jesús, aprendieron a amar a Jesús y hacer discípulos de Jesús desde su condición de hogar. Marta, María y Lázaro no fueron apóstoles que iban detrás de Cristo, no eran discípulos que estuvieran junto a Cristo, como muchos otros, otros tuvieron otro camino. Marta, María y Lázaro, desde la sencillez de su hogar, al que convirtieron en un lugar de acogida, vivieron espíritu de Evangelio, vivieron un espíritu de santidad, como aparece precisamente en el episodio de la resurrección de Lázaro. ¡Qué hermosura cómo brilla el don de la fe en esta familia! Y ¡qué frutos tan preciosos los que alcanzaron! Así que alegrémonos, hermanos, en esta celebración y pidamos al Señor el regalo de familias verdaderamente santas. Amén.

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