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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La hospitalidad me permite recibir a Cristo y la fe me permite hospedarme en Cristo.
Homilía smar014a, predicada en 20170729, con 6 min. y 46 seg. 
Transcripción:
El 29 de julio, nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa Marta, la de Betania. Betania es una población que queda a pocos kilómetros de Jerusalén, un lugar que nuestro Señor Jesucristo conoció muy bien. Y precisamente, recordamos en esta santa, la hospitalidad. La verdad es que se trata de tres hermanos que se llamaban Marta, María y Lázaro. Ese Lázaro es el que, según el capítulo 11 de San Juan, se enfermó y murió, a lo que hace alusión el pasaje del Evangelio de hoy. Marta, María y Lázaro hospedaron a Cristo y seguramente a los discípulos de Cristo. Las tres virtudes que brillan en esta familia, y particularmente en Marta, son la hospitalidad, el servicio y la fe.
Hospitalidad para recibir a Cristo y a sus discípulos. Servicio para atenderlos, no es simplemente darles un lugar, sino atenderlos, hacer algo por ellos. La fe brilla en el pasaje del Evangelio de hoy, cuando Marta le reclama dulcemente, pero con toda sinceridad a Cristo: «Si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. Pero aún ahora, sé que lo que le pidas a Dios te lo va a conceder». Es decir, que Marta no ve en Cristo solamente el destinatario de una caridad, sino que ella misma se considera receptora, destinataria del amor y del poder de Dios.
¿Cómo podemos aplicar estas tres virtudes en nuestro tiempo? Esa hospitalidad para Cristo y para los discípulos de Cristo, ¿cómo la podemos practicar? He pensado mucho que se trata, sobre todo, de nuestro tiempo y de nuestros espacios. Lo que uno tiene mientras vive en esta tierra es básicamente tiempo y espacio. Y es bueno preguntarse en mi agenda, qué espacios, qué tiempos tengo para Cristo y para sus discípulos. Son ante todo los espacios que damos para la oración, para la escucha. Cuando oímos con atención, con fe, con amor a nuestros legítimos pastores, cuando leemos la Palabra divina, cuando gastamos tiempo, alguien podría decir, perdemos tiempo, cerca de la casa de Dios, estamos diciéndole al Señor: Este tiempo es para ti, podemos decir que esa es una manera de hospedarlo.
Otras dos maneras de hospedarlo son éstas, hay personas que han dedicado su vida particularmente al servicio de Dios. Yo mismo he tenido la experiencia de servicio misionero en muchos sitios y realmente me emociona ver que hay personas que siguen teniendo la delicadeza de servicio y de hospitalidad con una persona como yo, simplemente porque soy servidor del Evangelio. No hace mucho me decía una señora, en un país en el que yo estaba en misión, me decía: Para mí es un gran negocio que usted venga. Es una de las mejores inversiones que yo puedo hacer. La señora que esto decía es una persona que tiene, podríamos decir, un buen éxito en el campo de los negocios. Pero me decía esas palabras: Es un buen negocio para mí hospedarlo a usted porque el Evangelio dice que no quedará sin recompensa el que dé, aunque solo sea un vaso de agua fresca a alguien por ser discípulo de Cristo. Cómo usted es discípulo de Cristo y como yo lo estoy recibiendo aquí, estoy segura, decía esta señora, que no me voy a quedar sin mi buena paga.
Bueno, con ese sentido del humor estaba indicando la jovialidad, el cariño con el que quería recibir a una persona que estaba en ese país simplemente para predicar. O sea que eso también cuenta, las atenciones que tenemos, el tiempo que dedicamos, las bondades con las que recibimos a los discípulos y las discípulas de Cristo. Cristo andaba con mucha gente y yo no me imagino cómo serían las circunstancias, por ejemplo, en la casa de Marta, María y Lázaro, para acoger tantos discípulos del Señor, pero lo hacían. Entonces, ese es otro modo de ejercer la hospitalidad.
El tercer modo nos lo da el mismo Cristo en el capítulo 25 de San Mateo, cuando dice: «Cada vez que hicisteis esto a mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis». Es decir que, no solamente aquellas personas que expresamente están o queremos estar sirviendo al Evangelio, somos portadores de una presencia del Señor, en cierto modo, todos y especialmente los que tienen mayor necesidad, dentro de los cánones de la prudencia y dentro de un buen sentido común, esas personas, esas personas son también presencia de Él, y eso también es hospedar a Cristo, y eso también es servir a Cristo.
Pero que no se nos olvide la última virtud de la fe, que no se nos olvide en el día de Santa Marta, no se nos olvide, por favor, lo que significa en medio de la noche, en medio del desierto, en medio del fracaso, decirle al Señor: Todavía sé que lo que tú digas, lo que Tú pidas a tu Padre se va a cumplir. Esa manera de aferrarse a Cristo es como la contrapartida de la hospitalidad que he dicho. Porque si en la hospitalidad, nosotros recibimos al Señor a través de la fe, le pedimos que nos acoja: Acógeme a la sombra de tus alas. En ti quiero habitar, quiero pegarme a ti, quiero aferrarme a Ti, no me dejes. ¡Qué hermoso! La hospitalidad me permite recibir a Cristo, y la fe me permite hospedarme en Cristo. Así nos lo conceda Santa Marta de Betania.

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