Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En Martha de Betania se deja ver la riqueza de a vida cristiana: acogida, fe, servicio y evangelización.

Homilía smar010a, predicada en 20140729, con 6 min. y 8 seg.

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Transcripción:

La Sagrada Escritura nos da varios datos sobre esta santa mujer que recordamos hoy, Marta, la de Betania, por ejemplo, nos dice que Jesús era bienvenido en la casa de Marta, María y Lázaro. Ahí tenemos una primera palabra, la acogida, la capacidad de acoger, de recibir. En segundo lugar, el texto que hemos proclamado del Evangelio de San Juan, nos recuerda que Marta es una persona de fe muy firme. Las expresiones que ella utiliza cuando se refiere a su fe son: «Yo sé», así dice, por ejemplo: «Aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Y luego dice: «Yo sé que mi hermano resucitará en la resurrección del último día». Así que tenemos una fe sobresaliente, consistente, una fe madurada. Hay una tercera característica que tal vez ha hecho bastante popular a Marta y es la capacidad del servicio. Podemos decir que se excedía, incluso en este don del servicio, por eso Jesús tiene que corregirla con cariño y le dice: Te ocupas de demasiadas cosas.

Entonces, llevamos que es una persona que acoge, es una persona que cree, es una persona que sirve. Y hay otro rasgo, el cuarto y último, que también aparece en el Evangelio según San Juan, en el mismo capítulo 11, Marta le indica en un momento dado a su hermana: «El Maestro está aquí y te llama». De ese modo, Marta parece cumplir la función de lo que tiene que hacer un misionero, un evangelizador. El evangelizador no dirige la atención sobre sí mismo, sino que apunta hacia Jesús, puede decirse que toda predicación y que toda misión es un eco de las palabras de Marta de Betania: «El Maestro está aquí y te llama». Jesús está cerca, viene por ti, viene porque le interesas, viene porque le importas. Esta es la actitud propia de un buen apóstol, de un buen misionero. Así que hay bastante riqueza en la figura de Marta de Betania. La persona que acoge, la persona que cree, la persona que sirve y la persona que evangeliza, es una figura bastante completa que se convierte en todo un modelo para la vida cristiana.

Pero lo más hermoso es darnos cuenta que estas cuatro características se dan en una misma persona, lo cual nos parece indicar que, cuando una persona entra por cualquiera de esas cuatro puertas, tarde o temprano empieza a descubrir las otras tres. Por ejemplo, si una persona empieza realmente a vivir su fe, a tomarse en serio su fe, pues tarde o temprano se da cuenta que esa misma fe le lleva a evangelizar. Entra por la puerta de una fe firme y se da cuenta que necesita otra puerta que es la del compartir de la fe, es decir, la evangelización.

O lo mismo, la persona que empieza por acoger se da cuenta que no basta con recibir a las personas, es necesario hacer algo por ellas y por eso, de la acogida al servicio hay solo un paso. Pero también la persona que empieza por el servicio, si es consecuente, se da cuenta que el verdadero y gran servicio está en que la persona se sienta no solo aliviada en sus necesidades temporales, sino que pueda encontrar a aquél que le quiere alimentar y le quiere aliviar y le quiere sanar para la eternidad, y por eso, el verdadero servidor termina evangelizando.

Yo me acuerdo, por ejemplo, el caso de la Madre Teresa de Calcuta. Mucha gente recuerda entrevistas que le hicieron a esta santa mujer, declaraciones que ella hizo, por ejemplo, sobre la soledad en la que vive el mundo hoy o sobre la necesidad de luchar contra el aborto. Y uno dice, pues esta religiosa se convirtió en una gran evangelizadora, los micrófonos fueron un instrumento importante de su tarea en esta tierra, pero a ella no le interesaban los micrófonos. Es decir, cuando ella empezó su misión como misionera de la caridad precisamente, lo que ella le interesaba era dedicarse a los indigentes, dedicarse a aquellas personas que no cuentan para el mundo, eso era lo que ella quería hacer. Pero por el camino del servicio, Dios la llevó al camino de la evangelización.

Así que la figura de Marta, Marta de Betania nos invita a reconocer esta hermosa unidad que tiene la vida cristiana y nos invita también a descubrir que, si ya hemos entrado por alguna de esas puertas, pues tenemos que descubrir las otras para que la presencia del Señor en nosotros llegue completamente a su plenitud. Eso fue lo que sucedió en Marta, y es lo que esperamos que, con la bondad de Dios, suceda en nosotros.

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