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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Marta de Betania es uno de los primeros rostros de lo podemos llamar una santidad laical.
Homilía smar007a, predicada en 20130729, con 4 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Nuestra Iglesia Católica celebra hoy a Santa Marta. Esta mujer debemos recordarla por un lugar llamado Betania, lugar muy querido para Cristo. Ella, junto con una hermana que tenía que se llamaba María y otro hermano, llamado Lázaro, eran amigos de Cristo. Debemos tener especial afecto por estos tres hermanos Marta, María y Lázaro, hermanos que le dieron acogida a Cristo, hermanos de los cuales se puede decir que fueron amigos del Señor. Y esto significa dos cosas, significa que cuando pensamos en discípulos del Señor, no debemos creer que los únicos discípulos eran los apóstoles, esos eran unos. Pero Cristo tenía muchos otros discípulos entre los que nosotros podríamos llamar laicos en nuestra época, es decir, traduciendo a nuestra realidad de Iglesia hoy, son discípulos del Señor y son servidores del Señor, sacerdotes y religiosos que dejan, que dejamos nuestros hogares y que realizamos un servicio dentro de la Iglesia, está bien, religiosos y sacerdotes representamos una manera de servir a Cristo y de ser discípulos de Cristo.
Pero Marta, Marta de Betania, no dejó su casa. María de Betania no dejó su casa. Lázaro no dejó su casa. Ellos permanecieron en su lugar, permanecieron seguramente en sus oficios, en sus ingresos, los que tenían, qué sé yo, algún trabajo, quizás tenían algún rebaño. Quizás tenían algún trabajo, algún dinero ganaban. Bueno, ellos permanecieron así. Lo que estoy tratando de decir es que Cristo necesita los dos tipos de discípulos. Necesita gente como los apóstoles, que vaya con Él, que deje todo y que se ponga a su servicio, eso los necesita.
Pero Cristo también necesita Martas y Marías y Lázaros que, permaneciendo en su casa, le den acogida al Señor y sean testigos suyos, hombres y mujeres llenos de fe que en medio del pueblo están manifestando el reinado de Cristo. O, dicho también de otra manera, Cristo necesita sus sacerdotes y religiosos por una parte, pero necesita laicos santos, por otra parte. Cristo necesita gente que, desde la realidad del trabajo, del estudio, de la vida cotidiana, desde la realidad probablemente del matrimonio y de los hijos, desde las realidades que llamamos de este mundo, muestre el reinado de Cristo.
Fue especialmente la Constitución Apostólica Lumen Gentium del Vaticano II, la que declaró de un modo más abierto esa vocación de los laicos, vocación de los laicos a la santidad. Y me gusta muchísimo lo que dice esta Constitución, porque muestra que hay una definición positiva del laicado. El laico es aquél que está mostrando el reinado de Jesucristo en las cosas de este mundo. Eso, entre otras cosas, podemos aprender de una mujer como Marta de Betania, que supo acoger y amar a Jesucristo, que supo proclamar su fe en Él, como se cuenta en el Evangelio de hoy. Que supo hacerlo visible por medio de la caridad, como lo sugiere la primera lectura que hemos escuchado en la primera carta de Juan en el capítulo cuarto. Muchos discípulos del Señor, algunos itinerantes como Él, otros desde su hogar y desde sus realidades de este mundo, proclamando el reinado del Señor.

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