Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Quién es el que puede venir a mi vida?

Homilía smar005a, predicada en 20090729, con 8 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Lo que destaca particularmente en este Evangelio de hoy es la profesión de fe que hace esta mujer Marta, Marta de Betania. Esa afirmación que ella hace, nosotros somos invitados a hacerla nuestra, a repetirla desde el corazón: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». La palabra Mesías es una palabra hebrea que significa ungido. O sea que Marta le estaba diciendo a Jesús, a este profeta de Nazaret, que tenía más aspecto de mendigo que otra cosa, le estaba diciendo: Yo creo que a ti te ha ungido Dios, que tú eres el ungido de Dios. En el pueblo de Israel, los ungidos eran los reyes y decirle a alguien: Tú eres el ungido, es decir, el Mesías significa: a ti te ha puesto Dios para que seas cabeza de este pueblo, para que seas el rey, para que lo conduzcas a la victoria, para que lo purifiques, para que renueves la Alianza.

Es un título que tiene muchas y muy profundas connotaciones. Tú eres el Mesías, casi es lo más grande que se le podía decir a una persona. Y Marta se lo está diciendo a este hombre que, repito, tenía el aspecto de un mendigo, un hombre controvertido que también sabemos cómo terminará su existencia en esta tierra, torturado y luego clavado en una cruz. Es decir que, lo que Marta está afirmando implica profundamente ese salto que solamente la fe puede dar, reconocer en la humildad, en la mansedumbre, en la pureza., reconocer ahí el paso de Dios, reconocer que ese es el estilo de Dios, reconocer que esa es la manera de Dios. Muchas veces uno quiere un Dios que se imponga por su majestuosidad, por su potencia, pero aquí Marta es capaz de reconocer el estilo y el paso de Dios en la sencillez, en la humildad, en el servicio continuo de Jesús, servicio a sus hermanos.

Le dice también: «Tú eres el Hijo de Dios», que era otro título real. Era una de las maneras de dirigirse al rey en Israel, llamarlo así, Hijo de Dios. Y, sobre todo, añade esta expresión que me parece que nos puede servir a nosotros, le dice: «Tú eres el que tenía que venir». Este también era un título mesiánico para los judíos de esa época: El que tenía que venir. A mí me parece muy bello apropiarse ese título, aplicarlo a la propia vida: Jesús es el que tiene que venir a mi vida. Y esto ¿qué significaba para los judíos? Significaba, en lenguaje coloquial significaba: Tú eres el único que puede solucionar esto. Tú eres el único que puede cambiar las cosas. Tú eres el único que tiene las respuestas. Cualquier otro que venga será un impostor, dejará las cosas igual o las empeorará. Tú eres el que puede realmente tener una palabra, tener una luz.

Y esta es una hermosa confesión de fe que yo, personalmente, quiero hacerla mía, y os invito a que la hagáis vuestra. Decirle eso a Jesús: Tú eres el que tiene que venir a mi vida. Tú eres el que tiene que venir para que mi vida tenga, tenga luz, para que tenga amor, para que tenga paz, para que mi vida tenga sentido. Tú eres el que le puede traer un sentido a mi existencia. Tú eres la respuesta, siempre pendiente en todas mis preguntas. Tú eres lo que estoy buscando, aunque yo mismo no lo sepa. Y esa profesión de fe pues tiene una fuerza también de mucha alegría, porque entonces encontrarse con Jesús es como lo dice el Evangelio, como encontrar esa perla que estaba escondida, encontrar ese tesoro que estaba en el campo y yo no lo sabía. Que la fe y que la alegría de Marta, de Santa Marta, de Betania, lleguen a nuestro corazón y que nosotros podamos irradiar esa alegría, esa certeza a otras personas, que Jesús es el que tiene que venir.

Un último pensamiento que quiero compartiros es esta frase, la fuerza de esta frase en el tiempo que estamos viviendo. Si yo examino lo que ha sido este último año, más o menos desde agosto del año pasado 2008, que se empezaron a oír las malas noticias de la crisis financiera en todo el mundo. Lo que ha sucedido en este último año ha sido una decepción tras otra, escándalos de corrupción en cantidad de gobiernos, no sabe uno con cuál quedarse. Ya no sabe si, si preferir a los laboristas en Gran Bretaña con todo el dinero que se han robado, o preferir a Berlusconi con sus historias con chicas casi adolescentes o si preferir a Chávez y te vas por el socialismo radical y a insultar a Estados Unidos como si fuera el demonio. O si te vas por Putin, que no termina de encontrar la manera de estar siempre mandando, entonces sale de primer ministro para ser presidente y luego presidente otra vez para primer ministro. Y esos son nuestros gobernantes y estamos decepcionados de ellos.

Y te vas a la Iglesia y hay tantas decepciones. Este país, ésta Irlanda, ha sufrido un montón, un montón a medida que se destapan heridas y heridas con complicidad de obispos, escándalos de sacerdotes. Luego, pues, miramos a nuestros artistas, a nuestros científicos, a nuestros pensadores y cada vez les creemos menos. Una de las realidades que nos encontramos en la juventud y me imagino que entre vosotros, pero también gente más joven, es una sensación de no creerle a nadie y de que nada importa realmente. ¿Cuáles son los grandes escritores? ¿Cuáles son los grandes actores? No, la gente pues alguna atención le pone al deporte, alguna atención le pone al entretenimiento y ya, eso es. Para muchos adolescentes su única alegría es conseguir el último juego para la PlayStation y ya, eso me basta. O conseguí el último CD del artista que me gusta y ya, eso me basta.

Es un mundo con metas cortas, es un mundo, es un mundo que no se atreve a soñar. La mayor parte de nuestra juventud, no sé si estoy dogmatizando demasiado, generalizando demasiado, pero bueno, algo he podido viajar y conocer. Y en todas partes, lo que veo es que la juventud poco cree, no digo creer en Dios, sino poco cree en instituciones, en partidos, en cualquier cosa que pretenda presentarse como autoridad. Y yo creo que en ese, en ese ambiente de decepción, en ese ambiente gris, en ese ambiente de penumbra, vuelve a surgir esto: ¿Quién es el que puede venir, quién es el que puede venir, quién puede ser un verdadero líder, quién puede ser una referencia en mi vida? Yo le pido a Dios que, por la intercesión de Santa Marta, nosotros encontremos una respuesta y esa respuesta sea Jesucristo.

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