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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las virtudes teologales en Santa Marta.
Homilía smar001a, predicada en 19980729, con 7 min. y 40 seg. 
Transcripción:
Generalmente asociamos a esta Marta de Betania con aquel pasaje en que se la compara con su hermana María. Y en esa comparación, Marta recibe una corrección del Señor porque se le invita no tanto a ocuparse de atender a Cristo, sino de dejar que Cristo la atienda a ella. Parece que es más perfecto lo que Dios hace en nosotros, que lo que Dios hace con nosotros. Pero, la declaración de santidad que hace la Iglesia en este día no es por lo que Marta no es, sino por lo que Marta es, por lo que ella es y por lo que ella representa. Con esto quiero decir que, si el único dato que tuviéramos de Marta fuera el del pasaje en el que se le compara con María, entonces no había una razón particular para creer en la santidad de ella.
Pero son otros pasajes, y, particularmente, el que hemos escuchado en el Evangelio, los que llevaron a la Iglesia a hablar y, sobre todo, a celebrar la santidad de esta mujer. Dos virtudes teologales, sobre todo, sobresalen en el breve diálogo que tiene Marta con Jesús, cuando Él llega con motivo de la muerte de Lázaro: «Yo sé que resucitará en el último día», este es un acto propio de la virtud de la esperanza. «Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo», este es el ejercicio propio de la fe teologal. Una fe y una esperanza que ella proclama en público. Muchos judíos habían ido a darles el pésame, es en medio del duelo y en medio de la gente, una proclamación abierta de fe y de esperanza en Jesucristo, allí presente. «Aún ahora sé que lo que le pidas al Padre Celestial, lo concederá». Las frases que dice Marta a Jesucristo en este diálogo, son cada una de ellas, cada una de ellas, un tesoro de meditación, una jaculatoria, una escuela de espiritualidad para nosotros.
Ante un caso completamente perdido, sobre todo, sobre todo si es de 3 días, como es un muerto, Marta dice: «Aún ahora sé que lo que le pidas a Dios, Él te lo concederá». Le pregunto qué le será negado a una serie de ese tamaño. Puede haber algo grave en nosotros, entonces está enfermo, supongamos que es demasiado grave, algo que se haya muerto en nosotros, algo que esté así, como Lázaro en el sepulcro. Pero Marta no era ilusa, sabemos por el diálogo que ella le dice a Cristo cuando Cristo dice que está en la tumba. Ella no era ilusa: «Ya debe tener mal olor», ella sabe que eso está muerto.
Pero entonces digo, ¿será que habrá algo tan grave en nosotros que no solo esté muerto, sino que ya apeste? Entonces, necesitamos la fe de Marta para decirle a Cristo: Ante esa realidad de nuestra vida, decirle a Jesucristo: Señor, esto está muerto, esta parte de mi vida, esta parte de mi vocación, esta parte de mi fe, esta parte de mi afecto, esta parte de mi pureza, esta parte de mi sinceridad se enfermó, Señor, se agravó. Si tú hubieras estado ahí, no se hubiera muerto, pero se ha muerto. Hay una parte de mí que está muerto, Señor, y ya apesta. Y quizás, quizás la gente lo nota, que se ha muerto la ilusión en mi vida, que se ha muerto la esperanza en mi vocación, que se ha muerto el ardor en mi predicación. Eso está muerto y apesta. Apesta, es que la gente ya lo nota. Pero aún ahora, Señor, si tú se lo pides a Dios, lo que tú le pidas, Él te lo concederá.
Esto es una fe monumental, esta es una fe gigantesca. Esta es la fe que se pone completamente al alcance del poder de Dios. Y esta es la fe que logra los milagros verdaderamente notables. Pero no para aquí la grandeza de esa alma iluminada por la gracia: «Yo sé que resucitará en la resurrección del último día», dice ella, con lo cual estaba diciendo también su esperanza. En cierto sentido, la esperanza es casi más grande que la fe, porque la esperanza sabe que no alcanzará el objeto de su anhelo, sino después. En cambio, ante una fe gigantesca como esta, las obras aparecen, por decirlo así, inmediatamente. Bueno, la fe tiene su conexión profunda con la esperanza, pero, repito, en cierto modo la esperanza gana, en cierto modo, la esperanza es mayor porque la esperanza ni siquiera necesita la victoria ahora, es como una seguridad que vence, incluso al tiempo.
Ejercicio, ir al Evangelio de Juan, tomar estos textos, repetir las frases de Marta, unirnos a esa fe y a esa esperanza. Pero bueno, de las tres teologales quedo faltando una, quedo faltando el amor, no porque le faltara a Marta, sino porque en esa virtud del amor seguramente tenía que ser aún más enseñada por la contemplación y por la escucha, como lo dice el famoso pasaje de Marta y de María. Pero yo creo que si aprendemos de una fe gigantesca y de esta esperanza inmensa, el Señor, por su gracia, nos concederá el Espíritu, porque Él mismo dijo que cómo iba a negar el Padre Celestial al Espíritu Santo, a quienes se lo pidiéramos.

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