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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hoy nos reunimos en la Iglesia para agradecerle a Dios por darnos a la Santísima Virgen como madre, porque a través de ella viene a nosotros su Santo Espíritu, por traernos a Jesús prenda de salvación y para recibir el banquete celestial en nombre suyo.
Homilía sman021a, predicada en 20220908, con 6 min. y 7 seg. 
Transcripción:
El Ocho de Septiembre, nuestra Iglesia Católica celebra el nacimiento de la Santísima Virgen María. Para quienes poco a poco, a lo largo de nuestra vida, hemos ido labrando y también construyendo, disfrutando una relación personal con la Madre de Cristo. Una fecha como ésta no puede pasar desapercibida. Digamos que en términos del mundo estamos hablando del cumpleaños de la Virgen. Y cuando amamos a una persona, amamos todo lo que significa su vida, lo que Dios le ha dado. Las fechas importantes. Hoy estamos recordando el cumpleaños de la Virgen María.
Y yo me estaba acordando de algo que me han comentado varios amigos, una costumbre que es muy frecuente en Europa, particularmente en Italia. Y es que en un país como el mío, Colombia, cuando llega el cumpleaños, usualmente son otras personas las que le celebran el cumpleaños a uno. Pero en varios sitios de Europa y sobre todo en Italia, repito, es la persona que cumple años, la que hace la fiesta, la que invita, la que comparte la alegría de vivir, seguramente con algunos platos especiales, con algo de música, unas bebidas escogidas. Y yo pienso en esa costumbre europea y pienso que en el cumpleaños de la Virgen es ella la que hace la fiesta, es ella la que nos invita, es ella la que nos congrega para que nos alegremos en el don de su vida. ¿Qué suele haber en los cumpleaños? Suele haber música, bueno una reunión, música, algo de comida especial y algunos regalos. Pues miremos cómo se cumple eso en esta fecha, que es el cumpleaños de la Virgen.
Es una reunión, esa parte se cumple porque nuestra Iglesia agradecida, agradecida con ella, se reúne, nos reunimos, le damos gracias a Dios por María. Le damos gracias a Dios especialmente porque su Hijo Jesucristo, cuando estaba pendiente en la cruz, nos dijo en la persona de Juan ahí tienes a tu hijo, le dijo a ella y luego a nosotros ahí tienes a tu madre. Y esa maternidad espiritual de María pronto se hizo sentir cuando ella acompañó, custodió, enriqueció la oración de los apóstoles y de otros discípulos, esperando Pentecostés. De tal manera que la reunión existe, nos reunimos y nos reunimos agradecidos.
Hay música, decía San Agustín, es propio del que ama cantar y hay mucho que cantar. Todos los días nosotros cantamos con María, en la Iglesia Católica tenemos todos los días en las vísperas, en la oración de la tarde, tenemos el cántico de María y todos los días recordamos las palabras que ella dijo como repitiéndoselas con amor. Me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Si todos los días le cantamos y cantamos con ella. Muy especialmente, por supuesto, en el día de su cumpleaños nos unimos a esa alegría de su corazón, porque ella dijo Proclama mi alma la grandeza del Señor y nosotros nos unimos a su cántico.
Hay comida en los cumpleaños. Bueno, pues ya sabes cuál es la comida nuestra. Es el pan del cielo. Y al reunirnos en la Eucaristía y al recibir este pan del cielo, estamos anticipando el banquete del Reino celestial.
Y luego decimos, hay regalos. Y yo sé que el gran regalo que ella nos dio, además del ejemplo de su santidad, además de su oración indeficiente, el grandísimo regalo que nos dio María es, por supuesto, su Hijo Jesucristo, que ella recibió de Dios y que entregó para gloria de Dios y para salvación nuestra. Ese es el gran regalo de ella. Pero ahora yo te quiero dejar una pregunta ¿En este día tú qué le vas a regalar a la Virgen? ¿Qué le vas a regalar a la Virgen? No te voy a dar pistas, solamente te digo no la dejes sin regalo hoy. Piénsalo, piénsalo, piénsalo y ora. Pídele al Espíritu Santo. Y piensa qué podría hacerla feliz. Qué podría darle alegría a ella. Piénsalo. Y no digo más. Pero que no pase este día sin darle un regalo a la cumpleañera. Bendita su memoria entre nosotros. Bendita la Madre de Cristo Dios.

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