Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El hogar de San Joaquín y Santa Ana es el resultado de un largo camino de todo un pueblo que llegó a descubrir la verdadera confianza humildad y fidelidad a Dios. Esta espiritualidad de los pobres de Yahvé es la que hace posible que lleguen nuevas Marías a los hogares del mundo

Homilía sman019a, predicada en 20200908, con 31 min. y 15 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, estaba acordándome de una pregunta que me hicieron una vez en clase de teología. Y con la ayuda del Espíritu Santo, quiero relacionar esa pregunta con la fiesta que tenemos el día de hoy, la Natividad de la Santísima Virgen. La pregunta era ésta ¿Por qué pasó tanto tiempo entre el pecado de Adán y la llegada de Cristo? ¿Qué hizo que Dios tardara tanto tiempo en enviar a su Hijo que es remedio de nuestros males, perdón de nuestros pecados y faro clarísimo que muestra el camino? ¿Por qué tanta tardanza? En general, hacer preguntas de ¿Por qué? Por qué hizo o por qué no hizo Dios puede llevarnos por un camino un poco extraño, incluso arrogante, como si nosotros tuviéramos el derecho de cuestionar a Dios. Pero quitemos ese aspecto de arrogancia y mantengamos viva la pregunta. Es decir, hagamos la pregunta con humildad y como quien quiere aprender, no como quien quiere cuestionar a Dios, sino como quien quiere aprender de Dios. Hagámonos esa pregunta.

Y entonces la pregunta cómo es ¿Por qué tardó tanto tiempo en llegar Jesucristo? Esa pregunta se concreta en la Biblia cuando nosotros miramos toda esa cantidad de páginas del Antiguo Testamento. Efectivamente, el pecado de nuestros primeros padres se cuenta en el primer libro de la Biblia y bastante al comienzo, Capítulo Tercero. Mientras tanto hay que atravesar todo ese camino de los patriarcas Moisés, Josué, los jueces, los profetas, los reyes, el destierro. Todo ese camino hubo que recorrer para que llegara la aurora de nuestra salvación, que es María Santísima, y de ella naciera el día glorioso de Cristo. Por lo pronto, cuando uno mira ese camino y empieza a darle nombre a esas etapas, eso se llama historia de la salvación. Cuando uno mira todo ese camino, uno va aprendiendo. Uno va aprendiendo que por decirlo de alguna manera, Dios no estaba con las manos cruzadas o como un simple espectador de la miseria del hombre. ¿Qué estaba haciendo Dios? Pues claramente Dios estaba preparando la llegada de su Hijo. Pero la llegada de su Hijo tiene unas grandes etapas. Y lo más interesante de estudiar estas etapas es que la llegada de su hijo a la historia humana se parece mucho a la llegada de su hijo a nuestras vidas. Es decir, la manera como llegó Cristo a la humanidad se parece mucho y me enseña mucho de la manera como llega Cristo a mi humanidad, es decir, a mi historia, a mi situación particular, a lo que yo estoy viviendo o he vivido.

Entonces tenemos todas esas etapas que hace un instante las dije como en una rápida lista. Los patriarcas, el tiempo en Egipto, el Éxodo con Moisés y luego Josué, los jueces, los profetas y los reyes, el destierro a Babilonia. Luego viene un largo periodo, como de unos cuatro siglos, que podemos identificar como el tiempo de los pobres de Yahvé. Y luego nace María y luego nace Jesús. Fíjese que hay un recorrido, pero ¿qué era lo que estaba pasando en ese recorrido? ¿Qué era lo que Dios estaba haciendo? Ya está pregunta nos interesa demasiado, porque esa pregunta luego la podemos aplicar a nuestra propia vida. Repito, la manera como Dios llegó a la humanidad se parece mucho a la manera como Dios quiere llegar a tu vida y a mi vida. Se parece mucho. Y digamos esta lista que ya he dicho dos veces, es una lista que podemos llamar histórica. Fueron como las etapas históricas.

Pero no hablemos de las etapas, hablemos de las enseñanzas. ¿Cuáles fueron las enseñanzas o cuáles fueron los grandes pasos de revelación que Dios estaba haciendo? ¿Durante todo ese tiempo qué estaba sucediendo? No en términos de personajes o de siglos, sino en términos de preparación para la llegada del Mesías. Y nos podemos dar cuenta que, por ejemplo, una gran etapa, algo muy importante, fue el llamado de Dios. Lo cual nos recuerda que Dios es el que toma la iniciativa. Entonces, primer dato importante en toda auténtica conversión, Dios es el que toma la iniciativa. Esta es una gran diferencia entre el proceso de la fe y el proceso del discurso sobre Dios, por ejemplo, en la filosofía. Porque en la filosofía es el ser humano el que se pregunta ¿cuál es la causa de esto, cuál es el motivo de esto? Y entonces, con el esfuerzo de su inteligencia, intenta subir hacia Dios. En la filosofía, que no es un camino perdido, pero tiene sus límites. En la filosofía es el ser humano el que tiene la iniciativa de preguntarse, cuestionar y tratar de depurar sus respuestas. Así, por ejemplo, un hombre como Aristóteles llegó a la conclusión de que sí tenía que haber un Dios. Que Dios existía, ese era un dato importante y que se podía llegar a Dios usando la cabeza racionalmente.

Pero en la Biblia no encontramos a Abraham estudiando filosofía o haciendo filosofía. Más bien encontramos a Abraham sorprendido, visitado por algo que él no se esperaba, por alguien a quien él no aguardaba. Hay una visita de Dios. La iniciativa es de Dios. Primer dato importante. Segundo dato importante nos damos cuenta que todo lo que tiene que ver con Moisés tiene que ver con la ley. ¿Y qué quiere decir esto de la ley? ¿Para qué servía la ley? La ley servía para contarnos qué es lo bueno y qué es lo malo. Es decir, para que un día Cristo pueda hacer algo en nuestra vida, se necesita que primero tengamos claridad sobre que existe el bien y existe el mal, y que uno puede escoger hasta cierto punto. Uno tiene muchos condicionantes, pero uno puede escoger hasta cierto punto entre lo bueno y lo malo. Nadie está condenado a ser perpetuamente malo y nadie está programado para ser perfectamente bueno.

Entonces la ley nos enseñó a distinguir el bien del mal. Pero aprender a distinguir el bien del mal es una cosa que toma tiempo. Ahí vamos entendiendo por qué hubo tanto tiempo. Por qué se requirió tanto tiempo antes del Mesías. Pero qué actitud tomaron los israelitas cuando recibieron la ley de Moisés. La actitud de ellos fue empezar a ver todo lo malo que tenían los demás pueblos, que era mucho, que son idólatras, que son depravados sexualmente, que practican todo tipo de brujería. Entonces los israelitas empezaron a utilizar el criterio entre lo bueno y lo malo, pero para aplicarlo hacia afuera, para acusar a otros. Entonces tuvo que venir un largo periodo, que fue el periodo de los Reyes y de los Profetas. Y en ese largo período el pueblo aprendió que el problema del mal no está simplemente en los otros, sino que yo, yo también soy pecador. Yo también cometo pecado. El mal también está dentro de mí.

Fíjate cómo van estas etapas. ¿Qué se necesita para que una persona se encuentre con Cristo? Primero se necesita que esa persona aprenda a diferenciar el bien del mal. Si todo le da lo mismo, no tiene ningún sentido Cristo en esa vida. Primero se necesita que la persona pueda distinguir que hay cosas buenas y cosas malas. Segundo, la tendencia de la mayor parte de nosotros es acusar afuera. La culpa es de mi mamá, la culpa es de mi papá, la culpa es de los vecinos, de los ricos, de los pobres, del presidente, de la guerrilla. Siempre la culpa está afuera. Nos encanta echar la culpa afuera. Entonces hay que dar otro paso importantísimo. Y ese paso supone descubrir uno su propia indigencia ante el mal. Es decir, descubrir que el mal sí tiene poder, que no es fácil de vencer y que está también dentro de uno. Mientras la persona no haya dado ese paso, siempre tendrá a quien echarle la culpa y siempre tendrá manera de decir si no me hubiera sucedido esto, si no me hubieran dicho esto, si no me hubiera pasado lo otro, si no estuviera este tipo, si no estuviera este gobierno, siempre estará mirando hacia afuera.

Luego hay que llegar a otra etapa que es la más complicada, la etapa más crítica. ¿Cuál es esa etapa más crítica? Es la que corresponde al destierro. Es decir, no es sólo que el mal tiene poder, y no es sólo que existe el mal dentro de mí, que yo cometo pecado, sino que el desenlace del pecado es la muerte. Entender que el camino por el que me lleva el pecado, por el que nos lleva el pecado, es el camino de la muerte. Porque uno puede darse cuenta de que uno hace cosas malas. Pero piense usted, por ejemplo, en la persona que tiene un problema con un vicio, digamos el alcohol. Tú hablas con esa persona y ¿qué te dice? Bueno, yo si me tomo unos traguitos de vez en cuando me tomo unos traguitos. Entonces viene ese otro problema, que uno disimula su propio mal. Ya se dio cuenta que si lleva pecado adentro, pero lo disimula, lo minimiza, lo atenúa.

Las grandes etapas, estas las podemos llamar etapas teológicas en la historia de la salvación, porque son los pasos de la gracia que va iluminando progresivamente un alma o va iluminando progresivamente a la humanidad. Repaso estas etapas. Primero, distinguir el bien y el mal. Segundo, no solo tienen errores y pecados los otros yo también lo tengo. Tercero, la cosa es tan grave que lo que quiere el pecado es arruinar mi vida, llevar mi vida al desastre. Eso fue lo que ellos descubrieron en el destierro. Cuarto descubrimiento. Y cada descubrimiento de estos toma tiempo. Cuarto descubrimiento. Que a pesar de todo, a pesar de todo, todo, todo, Dios sigue amando y ese llamado que hubo al principio Dios no lo destruye, Dios lo renueva, Dios vuelve a tender la mano. Es un gran descubrimiento. Es descubrir la misericordia salvadora de Dios. Y ahora sí casi estamos llegando a la Virgen, ya casi tranquilos, que ya casi llegamos a la Virgen. Cuando uno ha descubierto que uno tiene pecado adentro, cuando uno ha descubierto que el pecado quiere llevarlo al desastre, a la ruina, es decir, que un pecado no es una verruguita, que un pecado no es un problemita, no es un poquito de cáspita que me la sacudo del hombro. El pecado quiere arruinarme hasta el fondo, hasta más allá de la muerte. Si uno no ha descubierto eso, es muy difícil. Pero cuando la persona descubre esto y descubre que Dios sigue siendo misericordia y salvación, entonces se abre una etapa nueva.

Y esa etapa nueva es la que se caracteriza por la humildad, por la desconfianza hacia los poderes de este mundo, por la desconfianza hacia las propias fuerzas y por la confianza en el poder salvador de Dios. Esta, queridos amigos, esta es la espiritualidad de los pobres de Yahvé. Personas que desconfían de los poderes del mundo, desconfían de sus propias fuerzas y en cambio se refugian con amor y alegría en el poder de Dios. ¿Por qué tardó tanto la llegada de Cristo? Porque había que hacer todo este camino, porque Cristo es pan del cielo. ¿Pero de qué sirve pan al que no tiene hambre? La demora, que se expresa muy bien en todo el Antiguo Testamento, la demora se debió solo a una cosa. Había que lograr que la gente y la gente somos nosotros, llegara a tener hambre de Cristo. Solo así, cuando se llega a tener hambre de Cristo. Entonces lo que hemos descrito hasta ahora, esos grandes pasos que he llamado pasos teológicos, corresponden a los pasos que nos dan hambre de Cristo.

Cambiemos la pregunta ¿Cómo puede llegar uno a tener hambre de Cristo? Respuesta, teniendo claro el bien y el mal. Teniendo claro que el mal no solo sucede afuera, sino que uno lo lleva adentro y uno es pecador. Teniendo claro que el mal no llega a mi vida como una verruga, como un problemita, sino que realmente quiere destruirme y destruir todo lo que yo amo y destruirlo hasta el fondo y para siempre. Teniendo claro que a pesar de eso Dios es misericordia y salvación, y a partir de ahí ponerse en el camino de la obediencia humilde al Señor. Esa es la espiritualidad de los pobres de Dios, de los pobres de Yahvé. Este camino, entonces, no es tan cortico. No es un camino corto, pero este es el camino que demuestra lo que había en el corazón de hombres como Joaquín y Ana. Joaquín y Ana y otros de aquella época eran precisamente de los pobres de Dios, de los pobres de Yahvé. Eran así, eran de los pobres de Yahvé. Y si eran de los pobres de Yahvé, ¿qué quiere decir? ¿De qué te libera pertenecer a la espiritualidad de los pobres de Yahvé? ¿De qué te libera? Te libera como de cuatro cosas, todas serias, todas muy graves. Te libera de los lazos del demonio, porque el demonio es muy bueno para enlazar el ego. Pero si tu ego se ha vuelto pequeñito, si eres humilde es muy difícil que te atrape el demonio. Además, el demonio no puede sufrir la humildad porque él mismo llegó a su condición de desgracia por su soberbia. El demonio sabe bien cómo hablarle al soberbio para inspirar en él la venganza o la arrogancia, o la agresión o la codicia. Si lo miras bien, y esto lo enseñan varios santos, entre ellos Santo Tomás, la soberbia es madre de todos los pecados. Si tú miras, por ejemplo, un pecado de lujuria, digamos, es una manera de darse gusto, yo, yo. Si miras la codicia, es una manera de agrandar lo que ha logrado en la vida. Si tú miras la venganza o la envidia, es algo así como por qué va a surgir ese tengo que estar yo encima. Por eso la soberbia es la llave que abre el corazón a las pestilencias más asquerosas.

Por el contrario, la espiritualidad de los pobres, que es la espiritualidad de Joaquín y Ana, y que es la espiritualidad del hogar de Nazaret, donde nació María, es una espiritualidad que no le da oportunidad al demonio, tampoco le da oportunidad al mundo, porque ya dijimos que lo propio de estos pobres de Yahvé, estos pobres de Dios, es que no le creen a los poderes de este mundo, ni a la popularidad de este mundo, ni a los aplausos de este mundo, ni a las modas de este mundo. De manera que los lazos del mundo tampoco pueden atrapar al pobre. Por algo Jesús dirá después Bienaventurados los pobres. Eso va en la línea de esto que estamos diciendo. Luego tenemos el tema de la carne, que también es batalla de muchas maneras para muchas personas. Pero fíjate que ya hemos explicado la satisfacción de los distintos placeres de la carne, tanto los más físicos como los más emocionales, siempre es una caricia al yo. De manera que también quedas libre de eso.

¿Qué fue entonces lo que hizo Dios en todos esos largos siglos? ¿Qué fue lo que hizo Dios? Preparar un pueblo bien dispuesto, según la expresión del profeta Malaquías. ¿Y quién fue María? ¿Y por qué estoy haciendo yo toda esta explicación bíblica? María es el fruto de esa espiritualidad. Es decir, para que nazca María necesitamos un Joaquín y una Ana. Para que nazca María necesitamos matrimonios que vivan esta espiritualidad. Te lo voy a decir metafóricamente. María quiere volver a nacer, metafóricamente por supuesto. Es decir, está en el plan de Dios que haya muchas Marías, muchas, muchas Marías. Pero para eso necesitamos muchos Joaquines y muchas Anas. Necesitamos Joaquines y Anas, nombre que la tradición da a los papás de la Virgen por supuesto. Que vivan esta espiritualidad para que desde el primer momento de su existencia, la criatura que nazca encuentre el lenguaje de la humildad, de la confianza en Dios, de la obediencia a su voluntad. Eso es lo que necesitamos. Necesitamos que nazcan muchas más Marías, muchísimas. Necesitamos que en cada hogar nazca una María, y muchas.

En la Biblia también nos presenta el ejemplo de otras mujeres que son exactamente lo contrario de María y de esas otras mujeres, estamos viendo que se llena la tierra y se llenan los medios de comunicación y se llenan las redes sociales. Estamos viendo muchísimas. ¿Y cómo se llaman esas otras mujeres? Bueno, piensa por ejemplo, en una Jezabel. Aquella mujer practicante de la brujería de origen fenicio que se casó con un rey de Israel y que se puso en la tarea de acabar con el profeta Elías y acabar con cualquier culto a Yahvé. Acabar con todo. Cuidado con esas mujeres que quieren acabar con el culto. Son hijas de Jezabel, eso es lo que son. Y luego una gran parte del feminismo, por no decir todo, pero una gran parte del feminismo parecen discípulas de Jezabel, o de Dalila, o de Betsabé. A pesar de que Betsabé sufrió presión y fuerza del rey David. Pero en ninguna parte nos dicen que Betsabé fuera inocente, en ninguna parte. Y esa es otra predicación. Entonces Betsabés y Dalilas, la que traicionó a Sansón para que fuera dominado, y Jezabel que peleó contra el culto a Yahvé, de esas hay muchas. Entonces necesitamos que nazcan muchas Marías. Alguien podría decir pero lo mismo vale para los varones. Totalmente cierto. Pero es que la vida humana empieza en el vientre de las mujeres. Es que ahí es donde empieza la vida.

Necesitamos muchas Marías para que este mundo se renueve, necesitamos muchas Marías o si te fastidia la expresión muchas Marías. Necesitamos mucha presencia de María en muchas mujeres, muchas. Por supuesto, esas mujeres no se hacen solas. María tuvo un papá que se llama Joaquín y en fin, estas Marías provienen de esa espiritualidad. Entonces este es el día para pedir al Señor que haya muchos hogares de Nazaret, como el de Joaquín y Ana, muchos, muchos hogares que tengan realmente su centro en Dios, que enseñan desde el día número uno. Enseñen a los hijos a desconfiar de los poderes de este mundo, a ser independientes de los poderes del mundo. Porque hay muchos papás que creen que sus niños están siendo bien educados porque no ven que hagan cosas perversas. Pero como ya me decía hace muchos años un predicador, muchos niños no hacen cosas perversas porque todavía no han desarrollado suficientemente ni su cuerpo ni su inteligencia, pero apenas se les empieza a desarrollar la cabeza y se les empieza a desarrollar las fuerzas y se les empieza a desarrollar su capacidad de pecar, pecan y pecan feo. Eso nos ha pasado a muchos. Yo no me presento aquí como inocente.

La gran enseñanza que yo veo en esta hermosa fiesta es que miremos el esplendor de la Virgen, que es algo que a uno lo maravilla, a uno lo conmueve. Tenemos que ver el esplendor de María, pero tenemos que ver de dónde salió ese esplendor. Ese esplendor salió de toda esta historia que estoy contando. Ese esplendor salió de esos hogares y esos hogares no se improvisan. Esos hogares provienen de comunidades que viven esta espiritualidad, comunidades que conocen esta historia, comunidades que enseñan y familias que enseñan desde el día número uno de la existencia. Porque tal vez al nacimiento ya es un poco tarde. Desde la concepción empiezan a enseñar a los niños sobre estos temas para que encuentren su alegría en Dios, para que encuentren su realización en el Señor, sabiendo que tendrán que batallar toda la vida. Yo a veces pienso en mi propia existencia, no sé cuántos años me quiera dejar el Señor en esta tierra, los que Él quiera, pero pues claramente ya va recorrido un buen trecho. Entonces yo pienso en los niños y digo bueno, y esos niños les va a tocar toda la vida.

Por ejemplo en mis queridos amigos de familia espiritual, yo digo los niños de esta comunidad católica laical que busca santidad, oración, formación, evangelización, toda la vida tendrán que luchar absolutamente toda la vida. Esto no es preparar a los niños o a las niñas para que sean burbujas. No, tendrán que vivir con el corazón roto como María. Una espada te atravesará el corazón. Con el corazón roto por ver tanta miseria en el mundo, tanto pecado en el mundo y tanta impotencia en tantos lugares. Y en medio de ese dolor por el pecado del mundo, han de crecer en generosidad y han de crecer en santidad. Y de esos hogares han existido unos poquitos. Por supuesto, los más bellos son los de Nazaret, es decir, primero Joaquín y Ana, que tuvieron como hija a la Virgen y después José y María, que nos dieron al Rey. Y nos dieron al Rey y Salvador. Esos son los hogares. Pero bueno, a lo largo de los siglos también han aparecido otros hogares muy bellos. Acuérdese, la familia de apellido Martán se escribe Martín. Los papás de Santa Teresita de Jesús. Esa gente estaba viviendo esta espiritualidad.

Vivir esta espiritualidad entonces es muy complicado, porque yo me pongo a pensar, por ejemplo, en un muchacho que quiera casarse. Es un muchacho católico, es un muchacho que quiere casarse, él piensa que esa es su vocación y está perfectamente natural. No hay ningún problema. Ese muchacho que quiere casarse, pues se va a encontrar con un problema muy serio y es que necesita una Ana o alguien parecido a esa Ana como Santa Ana. Entonces necesitamos parejas santas, necesitamos hogares así, hogares cultivados en esta espiritualidad. Pero al mismo tiempo están las voces del mundo que quieren que los hogares tengan todos los lujos, que los niños tengan todos los estudios, con todos los idiomas, con todo el éxito, ¿cómo se puede vivir en esta tierra oyendo y oyendo eso? Teniendo unos hijos y diciendo no seguir ese camino. Eso es de santos, eso es de héroes. Pero hay gente que le apuesta a eso, hay gente que dice voy a seguir ese camino.

Esta es una fiesta preciosa. Es una fiesta llena de amor, llena de devoción. Pero también es una fiesta que nos pone a pensar ¿Dónde están las Marías hoy? o ¿Le vamos a entregar todo el territorio,vamos a entregárselo todo a las feministas para que ellas enseñen a las chicas, a las hijas de ustedes, les enseñen cómo tienen que mostrar su cuerpo, cómo tienen que gritar blasfemias, cómo tienen que pintarrajearse y ensuciar catedrales? ¿Les vamos a entregar el terreno a ellas? o ¿Vamos a luchar para que haya muchos hogares de Nazaret y para que haya muchas, pero muchísimas Marías? O lo digo con el otro lenguaje. Mucha presencia de María, en muchos, pero muchos hogares. Queda esa pregunta y queda ese compromiso y queda esa necesidad de oración. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM